Rufo González Pérez

¿No hay más instancias que el Papa en la diócesis de Cádiz-Ceuta? (y III)

"También los obispos pueden romper la comunión en el Espíritu de Jesús"

¿No hay más instancias que el Papa en la diócesis de Cádiz-Ceuta? (y III)
Rufo González

Cuando algún cura (de los pocos que se atreven a hacerlo) le reprocha algún dispendio de este tipo, siempre contesta diciendo: `Yo soy el obispo´

(Rufo González, sacerdote).- Teóricamente nadie duda que el concepto clave para entender la Iglesia y su renovación es el concepto de comunión. La Iglesia es fruto de la “convocatoria” de Dios que nos constituye en “linaje escogido, sacerdocio regio, nación santa, pueblo de adquisición…” (1Pe 2, 9-10).

Lo triste es que el clericalismo reinante durante siglos ha eliminado del pueblo cristiano la conciencia de su sacerdocio real (LG 10, 11), de su infalibilidad “sostenida y excitada por el Espíritu de verdad” a través del sentido de la fe, de su creatividad y libertad de pueblo profético y carismático, de su vocación universal a la santidad (LG 12). Desde la fe en la actividad y la libertad del Espíritu y del Pueblo cristiano, hay que entender los servicios o ministerios que el mismo Cristo ha suscitado y podrá seguir suscitando en la Iglesia.

La autoridad y el pueblo tienen que obedecer al Espíritu de Jesús

La autoridad tiene una condición servicial en un ámbito de igualdad básica: “no os dejéis llamar `maestros´, ni `jefes´, ni `padres´, porque uno solo es vuestro Padre, y todos vosotros sois hermanos” (Mt 23, 8-11); “entre vosotros el más grande sea como el menor, y el que manda como el que sirve” (Lc 22,26). Deberán no ser «pastores que tiranizan a los que se les han confiado” (1 Pe 5, 3).

Tanto la autoridad como el pueblo deben obedecer al Espíritu, que habita en todos y sopla donde quiere (Jn 3, 8; 1Cor 12, 11). El Vaticano II reconoce que “la Iglesia sabe muy bien que no siempre a lo largo de su prolongada historia fueron todos sus miembros, clérigos o laicos, fieles al Espíritu de Dios” (GS 43). El mismo Vaticano II reconocen teóricamente la capacidad activa de las comunidades: “Es propio de todo el Pueblo de Dios, pero principalmente de los pastores y de los teólogos, auscultar, discernir e interpretar, con la ayuda del Espíritu Santo, las múltiples voces de nuestro tiempo y valorarlas a la luz de la palabra divina, a fin de que la Verdad revelada pueda ser mejor percibida, mejor entendida y expresada en forma más adecuada” (GS 44). No es fácil articular el sentir del pueblo con el trabajo de los pastores y la labor reflexiva de teólogos. Pero las tres instancias son necesarias. En el mutuo respeto y escucha va creciendo el Pueblo cristiano en la comunión del Espíritu.

Pluralismo, libertad, y corresponsabilidad

Tareas claras, pero problemáticas, de la pastoral de la Iglesia. Aquí radica la gran desazón que vivimos desde hace años en la Iglesia. En la práctica el obispo en la diócesis y el párroco en la parroquia siguen actuando al margen de la comunidad.

Casi todo lo deciden ellos. Rige el “despotismo ilustrado”: “todo para el pueblo pero sin el pueblo”. El Papa actual señala la teoría del camino de la Iglesia: “El camino de la Iglesia es este: reunirse, unirse, escucharse, discutir, rezar y decidir. Es la llamada sinodalidad de la Iglesia, en la que se expresa la comunión de la Iglesia. ¿Y quién hace la comunión? ¡Es el Espíritu el protagonista!. ¿Qué nos pide el Señor? Docilidad al Espíritu… No tener miedo, cuando vemos que es el Espíritu quien nos llama” (Homilía en Santa Marta sobre He 15,7-21 -28 abril 2016-).

En su viaje reciente a Colombia: “Es un imperativo superar el clericalismo que infantiliza a los laicos y empobrece la identidad de los ministros ordenados”. “Un párroco sin Consejo pastoral corre el riesgo de llevar la parroquia adelante con un estilo clerical, y debemos extirpar el clericalismo de la Iglesia. El clericalismo hace mal, no deja crecer a la parroquia, no deja crecer a los laicos. El clericalismo confunde la figura del párroco, porque no se sabe si es un cura, un sacerdote o un patrón de empresa” (Visita a la Parroquia romana de Santo Tomás Apóstol 16-2-2014).

No hay pasos efectivos que resuelvan el clericalismo

Recuerda la actitud popular al enfrentarse los dirigentes religiosos con Jesús: “Según iba diciendo esto se abochornaban sus adversarios, mientras toda la gente se alegraba de tantas magníficas cosas como hacía” (Lc 13,17). “La alegría de la multitud muestra la rebelión de la conciencia popular contra el dominio de los dirigentes” (Comentario a este versículo en el NT, de J. Mateo – A. Schökel). En la Iglesia hay una conciencia popular contraria a ciertas decisiones y actuaciones de los dirigentes. Por su inercia la autoridad eclesiástica corre el peligro de devaluarse cada vez más porque no resuelve con decisiones valientes los conflictos que paralizan la Iglesia. ¿Cuándo tocará reformar comunitariamente el Código? ¿Lo van a reformar sólo los clérigos? Cinco años del Papa y legalmente seguimos igual.

La Delegación del Clero, primordial instancia para rehacer la comunión

Hay que partir del supuesto de que el obispo forma parte del presbiterio: es su cabeza. Si él se autoexcluye de la comunión presbiteral, se eleva por encima y tiene a los demás como inferiores y no se siente obligado a hacer comunión con ellos en el Espíritu de Jesús, está fuera de la Iglesia. El que tenga la plenitud del sacerdocio ministerial -como dice la teología del episcopado- no le aísla, sino al contrario le vincula más a la comunión eclesial. Él solo no hace la comunión. La comunión es de la comunidad, y en todas direcciones. Es una clara ruptura de la comunión de parte del obispo el hecho denunciado por los sacerdotes de Cádiz-Ceuta:

“Cuando algún cura (de los pocos que se atreven a hacerlo) le reprocha algún dispendio de este tipo, siempre contesta diciendo: `Yo soy el obispo´”.

En España existen estos tres modelos:

1) Vicarios territoriales con un grupo de especialistas en categoría de «técnicos». Planificar y realizar la pastoral se complementa con revitalizar y acompañar espiritualmente.

2) Equipo de sacerdotes “delegados” del Clero -no del Obispo-. Propuestos por arciprestazgos, conjuntamente desarrollan el contenido de la Delegación del Clero. Se supone la comunión en el Espíritu con el Obispo que preside el presbiterio, y sin el cual no hay presbiterio en el Espíritu.

3) Un solo Delegado, normalmente propuesto por el Clero

Lógicamente, aceptado por el Obispo. El propio Delegado elige a su equipo de colaboradores. Este es el modelo más común. En el Congreso de Espiritualidad Sacerdotal (11-15 de septiembre de 1989), en una comunicación sobre «El acompañamiento espiritual» se describe esta figura así:

“El `delegado del clero´ -no del Obispo-, debería ser una figura similar al `Director Espiritual de la Comunidad del Seminario´, al que se le encarga la `Comunidad del Presbiterio´: toda una tarea de formación y asistencia del clero, potenciando y animando encuentros periódicos, seriamente programados como espacio de oración, formación y encuentro de hermandad; atento a las `fechas celebrativas´ en la vida del Presbiterio y de los presbíteros, que son motivos de compartir historias concretas de salvación» (Espiritualidad Sacerdotal. EDICE .Madrid 1989. Pág. 547).

Parece conveniente que no sea servicio de autoridad para que sea aceptado con libertad por la gran mayoría. Conviene que sea miembro nato del Consejo Presbiteral para que su voz pueda oírse fácilmente en ese ámbito. Su servicio debe ser por un tiempo determinado: tres, cuatro o cinco años.

También el obispo, cabeza del presbiterio, debe ser cuidado

Puede no ser el más listo, ni el más culto, ni el más santo, ni el más humano… Su humildad debería brillar para poder hacerse “todo para todos” (1Cor 9, 19. 22). Lo que san Juan Pablo II dice de los sacerdotes vale con mayor razón para el obispo:

“En el trato con los hombres y en la vida de cada día, el sacerdote debe acrecentar y profundizar aquella sensibilidad humana que le permite comprender las necesidades y acoger los ruegos, intuir las preguntas no expresadas, compartir las esperanzas y expectativas, las alegrías y los trabajos de la vida ordinaria; ser capaz de encontrar a todos y dialogar con todos” (Pastores dabo vobis 72).

Este cultivo humano incluye estos aspectos necesarios para obispos y presbíteros: economía y trabajo; integración en la Iglesia diocesana; facilitar la formación de equipos; salud, descanso y vacaciones; amistad; atención a los jubilados; acoplamiento e integración de los más jóvenes; conexión con los que dejaron el ministerio (Pablo VI a los obispos: “no perderéis jamás de vista a los sacerdotes que han abandonado la casa de Dios, que es su verdadera casa, sea cual sea el éxito de su dolorosa aventura, porque ellos siguen siendo por siempre hijos vuestros” (Sac. Caelib. 95).

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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