El episcopado brasileño indignado con la grave realidad política del País

Los obispos de Brasil denuncian que «la corrupción amenaza a la democracia»

"La falta de ética se instaló y coninúa instalada en las instituciones"

Los obispos de Brasil denuncian que "la corrupción amenaza a la democracia"
Manifestación contra Temer

Sólo una reacción del pueblo, consciente y organizado, en el ejercicio de su ciudadanía, es capaz de purificar la política

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- Un día después de que el Congreso brasileño haya indultado nuevamente al Presidente de la República, Michel Temer, acusado de corrupción, con pruebas contundentes, el Consejo Permanente del Episcopado ha emitido una nota en la que muestra su «indignación con la grave realidad político-social vivida por el País».

La estrategia seguida por el gobierno es la de liberar recursos públicos en beneficio de aquellos congresistas que votan a favor del Presidente, lo que «es una afrenta a los brasileños».

Por eso, el escrito condena «la actuación de innumerables políticos que, traicionando la misión para la cual fueron elegidos, lanzan la actividad política en el descrédito«, lo que se traduce en menos inversiones en el campo social y que tiene como consecuencia el «drama de la pobreza de millones de personas».

En opinión de los prelados, se ha producido un grave «divorcio entre el mundo político y la sociedad brasileña», lo que hace que los ciudadanos hayan dejado de creer «en la fuerza transformadora y renovadora del voto».

Lo peor de todo, como se comprueba siguiendo la vida social brasileña y como recoge la propia nota, es que cada vez más se ha instalado un sentimiento de que el país necesita de «salvadores de la patria», con el consiguiente peligro de caer en «radicalismos y fundamentalismos que aumenta la crisis y el sufrimiento, especialmente de los más pobres, además de amenazar la democracia en el País».

Una vez más, como ya ha sido reclamado en otras notas previas, se pide con vehemencia una «reacción del pueblo, consciente y organizado», es necesario que la población sea «protagonista de los cambios que Brasil necesita». Sólo desde ahí va a ser posible «purificar la política, sacando de su medio a aquellos que siguen el camino de la corrupción y del desprecio por el bien común». Y para eso, es necesario manifestarse, siempre que «derechos y conquistas sean amenazados».

Al fin y al cabo, los obispos sólo se hacen eco de un sentimiento general de indignación, cada vez más presente, pero que por otro lado no está provocando reacciones contundentes entre la ciudadanía brasileña. Las grandes manifestaciones contra el gobierno de Dilma Rousseff, instigadas por los grupos de poder del país, que tenían como objetivo final acabar con los derechos sociales de los más pobres, se han ido difuminando y conduciendo al país a un callejón sin salida.

A pesar de eso, los obispos llaman al pueblo brasileño a «esperar contra toda esperanza». Es verdad que la esperanza es lo último que se pierde, sobre todo para un cristiano, pero hay momentos en que el futuro se ve cada vez más oscuro y lo único que nos queda es confiar en que «Dios no nos abandona».

Nota de la CNBB sobre el actual momento político

«Aprended a hacer el bien, buscad lo que es correcto, defended el derecho del oprimido» (Is 1,17)

La Conferencia Nacional de los Obispos de Brasil-CNBB, a través de su Consejo Permanente, reunido em Brasilia de 24 a 26 de octubre de 2017, manifiesta, una vez más aprensión e indignación con la grave realidad político-social vivida por el País, afectando tanto a la población como a las instituciones brasileñas.

Rechazamos la falta de ética, que hace décadas, se instaló y continúa instalada en instituciones públicas, empresas, grupos sociales y en la actuación de innumerables políticos que, traicionando la misión para la cual fueron elegidos, lanzan la actividad política en el descrédito. Las gangas en la liberación de enmiendas parlamentarias por el Gobierno es una afrenta a los brasileños. La retirada de indispensables recursos de la sanidad, de la educación, de los programas sociales consolidados, del Sistema Único de Asistencia Social (SUAS), del Programa de Cisternas en el Nordeste, ahonda el drama de la pobreza de millones de personas. El divorcio entre el mundo político y la sociedad brasileña es grave.

La apatía, el desencanto y el desinterés por la política, que vemos crecer día a día en medio de la población brasileña, inclusive en los movimientos sociales, tiene su raíz más profunda en prácticas políticas que comprometen la búsqueda del bien común, privilegiando intereses particulares. Tales prácticas hieren la política y la esperanza de los ciudadanos que parece que ya no creen en la fuerza transformadora y renovadora del voto. Es grave quitar la esperanza de un pueblo. Es urgente estar atentos, pues situaciones como ésta abren espacio a salvadores de la patria, radicalismos y fundamentalismos que aumenta la crisis y el sufrimiento, especialmente de los más pobres, además de amenazar la democracia en el País.

A pesar de todo, es preciso superar la tentación del desánimo. Sólo una reacción del pueblo, consciente y organizado, en el ejercicio de su ciudadanía, es capaz de purificar la política, sacando de su medio a aquellos que siguen el camino de la corrupción y del desprecio por el bien común.

Animamos a la población a ser protagonista de los cambios que Brasil necesita, manifestándose de forma pacífica, siempre que sus derechos y conquistas sean amenazados.

Llamados a «esperar contra toda esperanza» (Rm 4,18) y seguros de que Dios no nos abandona, contamos con la actuación de los políticos que honran su mandato, buscando el bien común.

Nuestra Señora Aparecida, Patrona de Brasil, anime y dé valentía a sus hijos e hijas en el compromiso de construir un País justo, solidario y fraterno.

Brasilia, 26 de octubre de 2017


Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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