"Cuando la Laudato Sí salió, durante dos años, la utilizamos casi como libro de texto en todos los centros"

Monseñor Oliver: «Ojalá el Sínodo cree más deseo de servir, de estar, de evangelizar»

Un vicariato de 82.000 km cuadrados, 8 parroquias, 6 sacerdotes, 2 religiosos y 23 religiosas

Monseñor Oliver: "Ojalá el Sínodo cree más deseo de servir, de estar, de evangelizar"
Juan Oliver, obispo del Vicariato de Requena

Algunos de ellos hablan de la presencia de la Eucaristía, y dicen, ¿nosotros lo que hacemos, ¿qué es? ¿Es una presencia limitada, parcial, mediana de Jesucristo, o es una celebración verdadera?

(Luis Miguel Modino, corresponsal en Brasil).- La presencia de la vida religiosa en la Amazonía siempre ha tenido un papel destacado. De hecho, algunas diócesis y vicariatos les fueron confiados a algunas órdenes y congregaciones. En la Amazonía peruana se encuentra el Vicariato de Requena, confiado a los franciscanos. Su obispo desde 2004 es Juan Oliver Climent, nacido en Carcaixent, Valencia.

Desde 1975, en que se ordenó sacerdote, trabajó en la región valenciana, dedicado a la formación de postulantes, novicios y profesos temporales. Junto con eso, fue ministro provincial, momento en que fue elegido obispo.

En un vicariato de 82.000 km cuadrados, son seis sacerdotes, cinco de ellos franciscanos españoles, de la Provincia de la Inmaculada. Hay dos religiosos de La Salle y 23 religiosas distribuidas en siete comunidades. Dividido en ocho parroquias, tres de ellas no tienen sacerdotes, algunas desde hace ya bastantes años, siendo atendidas desde los lugares más cercanos.

Todo eso hace que el papel de los laicos sea «más importante y más llamativo», según Monseñor Oliver, quien llega a afirmar que «muchas cosas de la Iglesia las llevan ellos». El momento más importante del año es la Asamblea Vicarial, único momento de encuentro en todo el año, en el que se organiza el trabajo pastoral en las parroquias.

De cara al Sínodo, el obispo franciscano espera «que se pueda encontrar algo, y que nos ayude también a revitalizar todo, que cree más esperanza, más deseo de servir, de estar, de evangelizar».

¿Cómo se organiza la Iglesia en una realidad tan especial como esa, cuál es el papel de los laicos en una Iglesia donde prácticamente no hay sacerdotes?

Yo diría que en las poblaciones más grandes, el papel de los laicos es más importante y más llamativo, notas como muchas cosas de la Iglesia las llevan ellos, por ejemplo el asunto de la educación, la catequesis, las obras de tipo social, Cáritas. En Requena, que es la ciudad más grande, que es capital de provincia y da nombre al Vicariato, son 33.000 habitantes, que para aquí es una población grande, pues nuestra zona es la parte baja de la selva. Nosotros limitamos con Brasil, el Vicariato de San José, Iquitos y Yurimaguas.

Difícil es decir cómo nos organizamos, pero hay un acontecimiento, que es común para casi todos los vicariatos, y que para nosotros es el único momento al año donde podemos reunirnos todos, sacerdotes, religiosos, religiosas, y muchas veces también los laicos, que es lo que llamamos la Asamblea Vicarial, que lo realizamos a principios del año escolar, a principios del mes de marzo.

En esos días tratamos de organizar la vida de las parroquias, pero luego cada parroquia tiene su propia autonomía, como es lógico, siendo tan distantes y con tan pocas posibilidades de comunicación entre nosotros, porque prácticamente, nosotros, al cabo del año, no nos vemos más, no tenemos más momentos de encuentro, no podemos tenerlos.

En esa realidad, ¿cómo se lleva a cabo la celebración de los sacramentos?

Cada parroquia tiene a su cargo entre treinta y noventa caseríos. Hemos tenido, y todavía tenemos, un número importante de animadores, ellos son los que celebran la liturgia de la Palabra los domingos, con bastante regularidad y los que preparan para los sacramentos.

Normalmente, cuando son las fiestas patronales, es cuando ellos nos avisan para ir, si tienen preparado algún grupo para preparar los sacramentos. Pero en los caseríos, fuera de esas ocasiones, Eucaristía no hay. En otros pueblos un poco más grandes puede haber dos o tres veces al año, pero poco más.

¿Cómo viven ellos esa falta de celebración eucarística, lo ven como algo normal, piden que haya presencia sacerdotal, cómo lo viven?

Ellos piden, más que nada los que son capitales de distrito, que suelen ser poblaciones como de mil habitantes. No sé si he dicho que en total, el vicariato mucha población no tiene, no llegamos a ciento sesenta mil habitantes, pero es una población muy dispersa. Hay alrededor de cuatrocientos caseríos, lo que hace inabarcable el ir, pues la única vía de comunicación que tenemos son los ríos. Yo creo que ellos querrían tener sacerdotes permanentes o que fuéramos más frecuente, pero creo que también comprenden que no damos para más.

Una de las discusiones de cara al Sínodo para la Amazonía, no sólo en Perú, es el tema de la celebración eucarística. De hecho se está hablando de nuevos ministerios, que nadie sabe muy bien cómo se van a concretar. ¿Podría ser una solución para poder celebrar la Eucaristía en esos caseríos?

Como dices, no sabemos lo que será, cómo se planteará, pero digamos que como un entrenamiento para lo que pueda ser, es el asunto de los animadores, que nosotros tenemos, que es una experiencia de cuarenta años o más.

Algunos de ellos hablan de la presencia de la Eucaristía, y dicen, ¿nosotros lo que hacemos, qué es? ¿Es una presencia limitada, parcial, mediana de Jesucristo, o es una celebración verdadera? Ellos lo plantean porque ellos lo entienden, por más que en los caseríos, a todos lo que celebran se le llama misa y Eucaristía. Como si pareciese que les da igual una cosa que la otra. Yo creo que los que son más formados, sí que entienden bien que la Eucaristía es muy importante para una vida de comunidad.

Ahora cómo serán los nuevos ministerios, qué es lo que se podrá comenzar a partir del Sínodo, ojalá que se encontrara algo que permitiera que tuviéramos una presencia más permanente. En todos los caseríos es imposible, porque tampoco encontramos gente, ni que esté preparada, ni que se quiera preparar, porque también es esta la realidad, pero ojalá que se pueda encontrar algo, y que nos ayude también a revitalizar todo, que cree más esperanza, más deseo de servir, de estar, de evangelizar, es lo que todos deseamos.

Juntamente con esos nuevos caminos para la Iglesia, el Sínodo también tiene como objetivo nuevos caminos para la ecología integral, ¿cuáles son los desafíos que en ese campo de la ecología presenta la Amazonía peruana y el Vicariato de Requena?

Nosotros en el Vicariato de Requena, no tenemos casi presencia de empresas que tienen un impacto tan fuerte. Bueno, la madera prácticamente se terminó, todavía hay quienes talan madera, pero cada vez menos. Yo he conocido épocas en que el tráfico de las lanchas era diario y abundante, ahora es mucho menos, bien porque se ha acabado o porque, como algunos dicen, tampoco es un negocio tan rentable.

Sólo tenemos un lugar donde hay perforación petrolífera, que en los últimos tres o cuatro años se paralizó, no llegó a ponerse en marcha, pero ahí está, y siempre nos dicen que cuando el mercado esté más rentable lo abrirán de nuevo. Ellos hicieron un estudio de campo, me consta que lo han hecho varias veces, estudiando los impactos en la población y demás, pero lo que va a pasar no lo sé. Más problemas de este tipo, no tenemos, pero sí que pensamos que una vez que abran esos pozos, comenzaremos a tener problemas, lo que siempre ha ocurrido.

En la parte de Loreto y de Requena, en los años setenta, hubo un gran estudio de perforaciones, de búsqueda de pozos de petróleo, y eso atrajo a muchísima gente, y eso fue un impacto social y humano muy fuerte en esta parte, que cambió muchas formas de vivir y creó muchas costumbres nuevas en la vida de la gente.

Una vez que esto se ponga en marcha, naturalmente que cambiará la vida de las comunidades más cercanas, con una población bastante grande. No sé si el hecho de que estos pozos estén situados en una Reserva Nacional, que es muy importante aquí, que es la reserva Pacaya Samiria, obligará a tener mejores condiciones para las extracciones y el tratamiento de los residuos.

¿Cómo es la composición social en el Vicariato, hay pueblos indígenas, migrantes de otras regiones de Perú?

Nosotros pueblos indígenas tenemos sólo en la parte norte, ya limitando con San José y con Brasil tenemos el pueblo Matsés, que es una población bastante pequeña, en un distrito que se llama Yaquerana, que no sé si llegarán a mil personas.

Luego tenemos otra zona, que está cercana a Pucallpa, donde hay un pueblo que se llaman shipibos, tenemos unas 14 o 16 comunidades en el río Pisquis.

Son poblaciones muy empobrecidas, tienen su lengua, tienen sus costumbres, su forma de vestir. Hay también descendientes del pueblo cocama y en otros ríos están los remos y los mayorunas.

De cara al Sínodo, desde una perspectiva panamazónica, ¿hasta qué punto cree que puede cambiar de hecho el modo de evangelizar y de relacionarse con la Casa Común?

Creo que nos ayudará a afianzar el trabajo que vamos realizando y tal vez creará mayor sensibilidad en la gente, pero en la medida en que nos vayamos implicando en todo este proceso. Es algo que nosotros hacemos desde siempre, hemos tenido proyectos de reforestación, campañas de tipo agrícola.

También en el tema de la educación, cuando la Laudato Sí salió, durante dos años, la utilizamos casi como libro de texto en todos los centros nuestros, en Requena, en la educación religiosa.

Creo que lo venimos trabajando desde siempre, también en las reuniones de animadores, es un tema que siempre nos aparece, lo social, lo político, la vida de los pueblos, la defensa de sus derechos. Pero indudablemente que el Sínodo, como tal, puede aportar para todos mayor vigor, mayor esperanza, más hacer un trabajo en común. Creo que sí que nos puede ayudar mucho.

Autor

José Manuel Vidal

Periodista y teólogo, es conocido por su labor de información sobre la Iglesia Católica. Dirige Religión Digital.

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