EL HOMBRE Y LA FE

Pedro Villarejo, el hermano ‘santo’ del comisario Pepe Villarejo

Pedro Villarejo, el hermano 'santo' del comisario Pepe Villarejo
El sacerdote carmelita Pedro Villarejo y su hermano el policía Pepe Villarejo. EP

Es sacerdote y representa, frente a las sombras del ex policía encarcelado desde hace ya año y medio, la luz intelectual (Con nombre propio).

Fue bloguero de Periodista Digital (La Luz Mentida).

Se llama Pedro y es un referente en Teresa de Ávila y Juan de la Cruz (Pedro Villarejo: «Lo peor que puede pasarle a la Iglesia es depender del Estado. Quien paga, pasa la factura»).

Como subraya Javier Castro-Villacañas en ‘El Mundo’, este 12 de abril de 2019, Pedro es la otra cara de un apellido, que desde hace muchos meses se identifica en España con la conspiración, el chantaje, la chapuza, la manipulación y la avaricia.

Pedro Villarejo Pérez, es sacerdote carmelita y hermano mayor de ese vituperado Pepe Villarejo que vive amargado entre la celda, el patio y el comedor de la cárcel de Estremera (‘La comilona del Rianxo’: momentos gore en el festín de la ministra con Villarejo).

Pedro, el cura, nació en Montoro (Córdoba) en 1946. Pepe, el poli, vino al mundo en El Carpio en 1951, a 17 kilómetros de distancia.

Ángeles Pérez Cerezo, la madre de ambos y de la chica y el otro varón que conforman la familia ‘Villarejo’, era una mujer espléndida, enérgica y vital. Ejerció como matrona ambas localidades.

A Pepe y Pedro les separan cinco años de vida y un abismo personal e intelectual (El ex vicedircom de Sánchez que pasó a Villarejo lo de los ‘azotes’ a Mariló, mantiene relación con Moncloa).

El polí es un tipo que se creía intocable; un personaje cuesta abajo, abrasado por la ambición y sin escrúpulos (Villarejo amenaza desde prisión con revelar con detalles el ‘turismo sexual’ de jueces y fiscales en Colombia).

El cura es uno de los mayores expertos españoles en mística religiosa. Sus obras y estudios sobre Teresa de Ávila y Juan de la Cruz son una referencia obligada para cualquiera que quiera investigar sobre ambos santos.

El Villarejo carmelita estudió teología en Granada y se ordenó sacerdote en 1974 cuando acababa de cumplir 27 años. Es licenciado en Ciencias Eclesiásticas por la Facultad de Teología de esta ciudad y ha desempeñado su labor pastoral en Córdoba, Granada, Sevilla, Ávila y Argentina, país donde residió varios años.

Fue durante muchos años párroco de la iglesia de San José de Estepona. En la actualidad es el párroco de la Iglesia Virgen Madre de Nueva Andalucía, también en Málaga, pero en esta ocasión en Puerto Banús, Marbella.

En todos los lugares donde ha ejercido su labor eclesial, el padre Villarejo ha dejado un grato recuerdo. Tanto es así que nadie alza una mala palabra contra él. Todo lo contrario.

Pedro es un clérigo de oratoria brillante y escritura arrebatadora, culto y humano hasta decir basta.

Cualquiera que se acerque a los textos escritos por el hermano Villarejo descubrirá en ellos, además de a un especialista en cada una de las materias de las que trata, a un gran escritor: un poeta tanto en la forma como en el estilo de su lenguaje.

Y él lo evoca así, en uno de sus textos, al afirmar que esta querencia poética le surgió durante su etapa de seminarista en Granada:

«Junto al pájaro solitario de San Juan de la Cruz que, en árboles escondidos, canta de noche junto a la Alhambra».

De aquella época es su primer libro, recién cumplidos los 27 años, El hombre y el silencio… todavía, luego vendrían Mensaje de medianoche, Teresa y Juan de la Cruz: oraciones disimuladas, García Lorca en Buenos Aires.

Una resurrección anterior a la muerte, publicado en 1986 durante su estancia en Argentina (una excelsa investigación sobre la estancia del poeta granadino en la capital porteña que duró de octubre de 1933 a marzo de 1934, pero que va más allá de esta circunstancia y se atreve a indagar sobre la religiosidad del poeta, su poesía, teatro, homosexualidad y las circunstancias trágicas de su asesinato).

De su etapa argentina, concretamente de 1991, también es la biografía literaria que escribió sobre San Juan de la Cruz, Que voy devuelo, donde insiste en una de sus tesis principales sobre el misticismo:

«Para entender lo espiritual hay que acercarse a lo más terreno».

«San Juan de la Cruz y Santa Teresa han configurado mi vida».

A su regreso a España no para de investigar y de esta insistente actividad nace la publicación de sus siguientes obras: Luz de fragua, Dios mediante, Después de las campanas, La hora deseada (Últimos días de Santa Teresa) y Orar con los poetas y el libro de poemas Derechos de sombra.

En el año 2007 consigue el reconocimiento literario al ganar el Premio Ateneo de Valladolid, con una novela histórica sobre la figura de Fray Bartolomé de Carranza, un destacado dominico y teólogo español del siglo XVI.

La novela titulada La luz mentida. Memoria y cárcel del Arzobispo Carranzanarra el proceso contra Bartolomé de Carranza (1503-1576), quien fue encarcelado por la Inquisición, acusado de herejía y finalmente absuelto, tras lo cual falleció en Roma.

El sacerdote Villarejo no habla de su hermano, ni comenta nada sobre las acusaciones de gravísimos delitos que existen contra el excomisario.

Pedro, que es un ‘santo’,  sólo quiere hablar de sus libros, de sus investigaciones, de los  grandes místicos españoles, como San Juan de la Cruz o Santa Teresa de Ávila, y de Dios.

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