Esplá sale por la puerta grande de Las Ventas en su despedida de Madrid

Esplá sale por la puerta grande de Las Ventas en su despedida de Madrid

(PD).- Ni en sus mejores sueños hubiera imaginado Luis Francisco Esplá una despedida de Madrid como la que ayer tuvo la oportunidad de gozar. Salir a hombros de tu propio hijo, también torero, por la puerta grande de Las Ventas entre el clamor popular debe ser una experiencia religiosa, inimaginable e inenarrable. Llegó a la calle de Alcalá en volandas, con una paliza encima, desmadejado, casi desnudo, pero con una inmensa felicidad reflejada en su cara.

Como subraya Antonio Lorca en El País:

«Le tocó el toro de su vida, en la plaza de su vida y ante la afición que más lo ha querido y que lo tendrá ya para siempre en su recuerdo. Y Esplá se transfiguró en un consumado maestro, se entregó ante un toro artista, lo toreó con su peculiar estilo añejo, preñado de torería, templado y asentado, y provocó el éxtasis en los tendidos».

La lección consistió en un toreo con naturalidad, reposado, armonioso, con las plantas muy asentadas y ese regusto de lo añejo, respirando torería por todos los poros de su piel. Ese gusto y regusto inundó de inmediato los tendidos, que se entregaron con toda justicia. Preámbulo de tres muletazos junto a tablas.

Luego, en los tercios, el esplendor. Con la diestra, la primera serie fue profunda e intensa. La siguiente, bañada en ligazón. Y otra más con la sal de un pase del desprecio.

Si toreó bien con la derecha, con la izquierda, los naturales fueron puro almíbar. La primera serie, acompañando con la cintura la embestida, fue sensacional.

Y, como compendio de su tauromaquia, intercaló varios adornos en el toreo fundamental, como un luminoso cambio de mano, una crujiente trincherilla o un afarolado asombroso. En su línea, no quiso ser tacaño y envidó muy fuerte, como pocos matadores se atreven: estocada recibiendo.

El verduguillo amenazó el gran premio de las dos orejas, que fueron concedidas, tras dos golpes. El alicantino rubricó su despedida con honores al gran Beato, para el que pidió la beatificación al propio presidente, solicitando su vuelta al ruedo en el arrastre, que concedió el usía.

LA CORRIDA

Sebastián Castella ESTUVO muy valiente ante sus dos toros: primero con el peligroso y geniudo tercero, ante el que se plantó con arrestos en el centro del ruedo desafiando al viento reinante y después con el fiero sexto, al que se encaró con determinación y mérito en una faena de gran valor y aplomo ante un animal que no fue fácil.

Morante de la Puebla fue incomprendido por el público, que le despidió entre pitos después de no tener apenas opción con el quinto, un toro complicado que pegaba gañafones y hachazos y antes con el segundo, que dejaron crudo en el caballo después de haber cambiado el tercio del Presidente y que llegó muy entero a la muleta embistiendo con peligrosidad en medio del viento imperante.

Morante optó con buen criterio por abreviar, con este complicado ejemplar, lo que no fue entendido por el público, que le abroncó.

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