(EFE).- El delantero camerunés del Barcelona, Samuel Eto’o, se considera una persona «disciplinada» a la que le molesta mucho que otros no lo sean, al tiempo que se esfuerza siempre «para estar a disposición del grupo», según indica en una entrevista que publica la revista francesa «France Football».
El delantero repasa su forma de afrontar los encuentros y afirma que «un entrenamiento es como un partido» para él, algo que aprendió en la academia de Douala, donde dio sus primeros pasos antes de llegar al Real Madrid en 1996.
Para el atacante, el trabajo en el entrenamiento es lo más importante, por delante del talento.
«Incluso Ronaldinho no intenta nada en un partido si no lo ha logrado mil veces antes en los entrenamientos. Y eso que es un genio. La única diferencia es que en un partido lo hace ante 80.000 espectadores».
Eto’o destaca la buena relación que tiene con el brasileño, con el que se entiende perfectamente en el campo y con quien asegura tener una complicidad en el campo.
«Pasamos mucho tiempo juntos en el entrenamiento. Sabe que, cuando muevo la cabeza hacia un lado, me va a dar el balón ahí y cuando va hacia el interior, yo me muevo de una determinada forma (…) Es curioso, porque a menudo hacemos lo mismo y casi siempre funciona».
El delantero camerunés comenta que tiene «la suerte de que el Barça busca permanentemente espacios y posee los medios de hacerse con los jugadores capaces de crearlos, que les gusta hacerlo y que les gusta aprovecharlos». «Eso da un fútbol hermoso», afirma el jugador, quien asegura que «el conocimiento del compañero permite la creación».
Eto’o indica que en el Barcelona es donde mejor ha triunfado hasta el momento, pero que «en el Manchester United o en el Arsenal» hubiera podido «divertirse» de la misma forma. El delantero señala que su principal punto fuerte es «saber permanecer en su puesto» de atacante.
«No siento ganas de organizar el juego como Xavi o Deco o de driblar como Ronaldinho».
Antes de llegar a Europa, Eto’o se sentía «como un jugador brasileño que intentaba siempre el gesto increíble», pero en el Viejo Continente «evacuó todo gesto superfluo».