España da un paso adelante en la vigilancia del tráfico con una nueva generación de radares móviles montados sobre remolques con ruedas, diseñados para desplazarse fácilmente y controlar la velocidad de los vehículos en múltiples carriles simultáneamente.
Estos dispositivos utilizan pulsos de luz láser para medir con precisión la velocidad hasta a 75 metros de distancia, lo que les permite realizar un seguimiento dinámico y muy eficaz en tramos críticos de carretera.
El Servei Català de Trànsit (SCT) ya ha invertido más de dos millones de euros para desplegar estas unidades, que combinan tecnología avanzada con movilidad y resistencia.
A día de hoy, cuatro unidades operan en Cataluña y han logrado reducir la siniestralidad entre un 65% y un 80% en las zonas donde se han instalado, datos que apuntan a un impacto directo en la seguridad vial.
Estos radares no requieren conexión eléctrica externa porque funcionan con baterías que pueden alimentar el equipo durante cerca de una semana. Además, cuentan con conexión Wi-Fi para transmitir los datos y gestionar las sanciones en tiempo real, sin necesidad de presencia física de agentes de tráfico. Su diseño robusto incluye una carcasa a prueba de vandalismo para protegerlos ante posibles ataques.
Aunque España ha optado por instalarlos sobre plataformas móviles y visibles al margen de la carretera —a diferencia del modelo francés que los camufla en vehículos—, comparten el mismo principio: flexibilidad para adaptarse a diferentes escenarios y máxima eficiencia en el control del tráfico. Francia lleva usando esta tecnología desde 2013 con resultados positivos, especialmente en carreteras secundarias y zonas con tráfico complicado. En España, la idea es comenzar por puntos conflictivos temporales para luego ampliar su uso a más vías.
Estas máquinas funcionan como auténticos «multadores» automáticos gracias a su capacidad para captar matrículas mediante tecnología infrarroja, incluso cuando están en movimiento o estacionados. Pueden cubrir varios carriles a la vez, lo que multiplica su eficacia frente a radares estáticos tradicionales o los más pequeños como el Veloláser, que son más difíciles de detectar pero cubren menos espacio.
En términos prácticos, estos radares remolque ofrecen:
- Movilidad total para cambiar rápidamente su ubicación según necesidades.
- Control simultáneo de múltiples carriles.
- Envío instantáneo y automatizado de multas mediante conexión a internet.
- Autonomía energética con baterías recargables.
- Carcasa resistente frente a vandalismo.
- Alcance máximo aproximado de 75 metros con tecnología láser.
- Capacidad para operar sin señalización previa, aumentando el efecto disuasorio.
La implementación de estos radares representa un avance tecnológico importante que puede modificar el panorama del control vial en España. Su efectividad ya probada en Cataluña invita a pensar que podrían integrarse próximamente en otras comunidades autónomas e incluso bajo la gestión directa de la Dirección General de Tráfico (DGT).
La combinación entre innovación tecnológica —con láser e internet— y movilidad sobre ruedas sitúa a estos dispositivos como una herramienta estratégica para reducir accidentes y fomentar una conducción más prudente. La clave estará en su uso inteligente y en cómo los conductores perciban esta nueva forma de vigilancia.
A día de hoy, 8 de septiembre de 2025, esta tecnología marca un nuevo capítulo en la seguridad vial española, demostrando cómo la inversión en innovación puede transformar las carreteras y proteger vidas sin necesidad de agentes visibles o costosos despliegues humanos.
El futuro del control del tráfico pasa por radares más inteligentes, flexibles y conectados; estos «radares carro» ya están aquí para quedarse.
