Los datos del comercio exterior confirman un fracaso estructural que el relato oficial intenta tapar.
España compra fuera mucho más de lo que vende, y el agujero no deja de crecer. Según los datos oficiales de Datacomex, el déficit comercial acumulado pasa de 31.021 millones en 2024 a 45.799 millones en 2025, un salto del 47,6% en solo un año.
Las exportaciones apenas crecen un 0,8%, mientras que las importaciones aumentan un 4,9%.
El resultado es evidente: la economía española pierde músculo productivo y depende cada vez más del exterior. Mes tras mes se repite el patrón. En enero, marzo, junio, agosto o septiembre el déficit se dispara, con aumentos de hasta dos y tres dígitos en algunos meses.
Incluso cuando las exportaciones suben puntualmente, las importaciones lo hacen mucho más. Esto no es coyuntural. Es estructural. Compramos fuera lo que ya no producimos dentro.
Mientras se presume de crecimiento, la balanza comercial muestra una realidad incómoda: España se desindustrializa, pierde competitividad y financia su consumo con déficit exterior. Un país que no exporta más de lo que importa no se fortalece. Se empobrece.
Y cuando ese déficit se cronifica, el problema deja de ser comercial para convertirse en económico y estratégico. Menos producción nacional, más dependencia exterior y más vulnerabilidad ante cualquier shock internacional.
Ese es el balance real. Y esto, una vez más, pasa por que SI, EL GOBIERNO LO PERMITE.