Según el Gobierno de Pedro Sánchez, la economía española va como un cohete. Y es que se agarran a los números del crecimiento macroeconómico para sacar pecho por una gran gestión. Lo que no dicen es que es un crecimiento artificial, impulsado por el aumento de la deuda pública y no por un crecimiento industrial del país.
Como suele ser habitual en las crisis económicas, todo redunda en la etapa complicada que atraviesa España: los extremos están en auge.
Desde 2018 han surgido 1,7 millones de nuevos pobres y 35.000 nuevos millonarios, un cambio que ilustra una sociedad cada vez más dividida entre quienes acumulan riqueza y quienes apenas logran llegar a fin de mes, de acuerdo a las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) que recoge THE OBJECTIVE,
Dos Españas económicas que crecen a la vez
Este contraste no es solo una cuestión de cifras. En la práctica, refleja un país donde el aumento del patrimonio de algunos coexiste con un incremento de la vulnerabilidad social. Así, el debate sobre la desigualdad resurge con fuerza en la esfera pública, centrado en temas como la vivienda, los salarios y el coste de la vida.
La paradoja es evidente: mientras una parte de la población accede a mayores niveles de riqueza, otra se queda estancada o desciende hacia la pobreza. Este fenómeno se sintetiza con un dato que no se puede pasar por alto: desde 2018, el número de personas en los extremos económicos —tanto los adinerados como los humildes— ha aumentado a doble dígito.
| Indicador | Evolución desde 2018 |
|---|---|
| Personas en pobreza | +1,7 millones |
| Millonarios | +35.000 |
| Extremos de la distribución | Crecimiento de dos dígitos |
La lectura política es clara, pero también lo es la económica: cuando la riqueza se concentra en las capas más altas y la precariedad se afianza entre las más bajas, el sistema pierde cohesión y se amplía la brecha entre ingresos, ahorros y patrimonio.
La vivienda y el patrimonio explican buena parte del fenómeno
Una parte esencial del debate sobre los millonarios en España radica en cómo se define la riqueza. El cuestionamiento acerca de si incluir o no la vivienda habitual cambia significativamente el panorama patrimonial, ya que en este país el sector inmobiliario tiene más peso que en otros lugares. En este sentido, la percepción de prosperidad puede coexistir con una realidad menos favorable para aquellos hogares que no tienen acceso a activos financieros o bienes inmuebles.
El núcleo del problema radica en que el crecimiento patrimonial no avanza al mismo ritmo que los ingresos. Mientras algunos activos se revalorizan, muchos hogares siguen atrapados por salarios limitados y por el aumento constante de los gastos básicos. Esto da lugar a una brecha que no solo se manifiesta en los ingresos mensuales, sino también en las posibilidades de ahorro, inversión o resistencia ante crisis económicas.
El Gobierno insiste en educación, empleo y fiscalidad
Pedro Sánchez ha enfatizado que mejorar la educación, fomentar el empleo y ajustar la fiscalidad son claves para combatir la desigualdad. Esta perspectiva coincide con una idea recurrente en el debate económico actual: sin mejoras sostenidas en productividad, salarios y redistribución equitativa, las diferencias entre quienes ganan mucho y quienes apenas sobreviven tienden a perpetuarse o incluso ampliarse.
Sin embargo, hay matices cuando se contrastan diferentes análisis sobre desigualdad en España. Un estudio del Instituto de Estudios Fiscales revela que ciertos indicadores relacionados con ingresos y desigualdad han mostrado avances entre 2017 y 2023, incluyendo una disminución del índice de Gini y una caída en la ratio S90/S10. Esto sugiere que hay aspectos positivos como un cierre progresivo de algunas brechas salariales; no obstante, esto no elimina las disparidades patrimoniales ni el incremento de pobreza.
Lo que queda fuera de la estadística
El verdadero desafío radica en cómo coexisten estas realidades divergentes. Una parte del país avanza económicamente mientras otra queda rezagada respecto al acceso a vivienda digna, empleo estable y capacidad para ahorrar. Así surge un panorama donde los datos pueden mostrar mejoras para ciertos sectores; sin embargo, la percepción generalizada sobre desigualdad continúa deteriorándose.
Desde un enfoque económico claro: el crecimiento no está alcanzando a todos los hogares por igual. La imagen reflejada durante estos años evidencia una clase media cada vez más presionada junto a un aumento visible de pobreza y una élite patrimonial más marcada. Este escenario explica por qué el debate sobre desigualdad regresa al centro del interés público.
