CARADURAS SIN FRONTERAS

Los ‘rojos-caviar’ que viven como duques y marquesas: así es el patrimonio de las musas de Sánchez

La casa de Galapagar no fue criticada por cara, sino por las descalificaciones de Pablo Iglesias e Irene Montero a los que tenían un chalet asi

Los 'rojos-caviar' que viven como duques y marquesas: así es el patrimonio de las musas de Sánchez
Rojos RS

Caraduras sin fronteras (Irene Montero abronca a Franganillo por preguntarle por el casoplón de Galapagar: «Pablo Iglesias y yo hacemos con nuestro dinero lo que nos da la gana»)

La hipocresía es la inconsistencia entre aquello que se defiende y aquello que se hace, entre aquello que se siente y aquello que se dice. (Estupor en la TVE ‘soviética’: Rosa María Mateo se carga la serie estrella ‘Cuéntame’)

Abajo los mantras, esa especialidad de Podemos. Se puede ser de izquierdas y rico, como obrero y de derechas, a pesar de los tópicos que pesan en contra de ambos prejuicios (¿Todavía no has visto la chirigota que arrasa en los Carnavales cachondeándose del casoplón de Iglesias?).

Pero es más difícil sostener ese ritmo de vida, caracterizado por altos ingresos, cuantiosos ahorros y un jugoso patrimonio si, a la vez, se hace responsable de las carencias ajenas a quienes tienen precisamente ese perfil, según esdiario.

Pablo Iglesias simboliza esa actitud, con su célebre mansión en Galapagar, inobjetable de no ser porque había presentado este tipo de propiedades como un símbolo de la casta y una explicación de cómo «los ricos» lo son a costa de «los pobres». (Rosa María Mateo hunde la audiencia de TVE mientras sus ‘7 magníficos’ cobran sueldos desorbitantes).

Pero hay ejemplos más sutiles, que probablemente sufren una íntima contradicción entre sus discursos y actitudes publicas y sus vidas privadas. La publicación de los bienes de los altos cargos del Gobierno de Pedro Sánchez, obligatoria por ley, saca a la luz algunos casos. Nada criticables, sin duda, pero a la vez difíciles de casar con algunos de los prejuicios que tal vez ellos mismos hayan extendido.

Por ejemplo, Luis García Montero, poeta, profesor, pareja de Almudena Grandes, excandidato de IU en la Comunidad de Madrid, director del Instituto Cervantes sin experiencia previa en gestión por decisión personal de Sánchez y, a ojos vista de la izquierda, «millonario».

Acumula, entre bienes y dinero, nada menos que 545.862 euros, muy lejos de los casi ocho millones de euros de la exembajadora española en Alemania, Victoria Morera Villuendas, pero muy por encima del obrero al que se dirige en muchos de sus artículos. Por ejemplo en éste de la web de Canal Sur:

«Está feo hablar en la mesa de dinero, o de política, o de sexo. Entre caballeros no se habla de… Después me di cuenta de que al poder le interesa pasar desapercibido, y suele esconderse en los temas sobre los que no parece educado hablar. Cuando te digan que no es de buen gusto hablar en familia sobre algo, piensa que allí está enmascarado el poder».

O estas declaraciones a El País cuando aspiró a presidir la Comunidad de Madrid:

«Hay una élite de 14.000 personas que acumula mucha riqueza, y se ha degradado al resto. Es una barbaridad el desprestigio al que unos y otros han conducido los impuestos en España (…). Hay que darle a los impuestos la dimensión de prestigio y solidaridad que tienen. Más que hablar mal de los impuestos hay que democratizarlos. Que sean progresivos. Que pague más el que más tiene».

Mientras el escritor dirime sus probables conflictos personales, ha de saber que no está solo. La gran musa televisiva del PSOE, Rosa María Mateo, supera incluso a su compañero de Administración, con 740.000 euros entre patrimonio y dinero contante. Y fue partícipe en una polémica sociedad patrimonial, que suelen usarse para ajustar los pagos a Hacienda.

Tampoco nada es criticable, aunque su RTVE informa con reiteración sobre políticas fiscales -o mensajes ideológicos- del Gobierno, sobre subidas de impuestos a las empresas que casan mal con la acumulación personal de haberes:

«Las grandes empresas pagaron un tipo efectivo del 7,88% en el Impuesto de Sociedades, si bien con notables diferencias dentro de las mismas, ya que aquellas con más de 5.000 trabajadores pagaron solo un tipo del 4,03%, por debajo de aquellas con entre 2.500 y 5.000 (8,66%), entre 1.000 y 2.500 (9,47%) entre 50 y 1.000 (16,39%) y entre 250 y 500 empleados (15,47%)», decía a bombo y platillo el ente público el pasado diciembre.

Claro que tampoco se trata de pasar al extremo contrario, con casos probablemente involuntarios que reflejan una fidelidad a las esencias progresistas de tener poco o, incluso, deber bastante, aunque con sus retribuciones puedan ir pagándolo.

Es el caso de Óscar López, hombre de confianza de Rubalcaba, caído a los infiernos políticos con Sánchez pero, también, rescatado por éste para dirigir una institución que quizá solo conocía como usuario.

La presidencia de Paradores seguramente le ha venido bien para superar un bache económico personal, típico en tantos políticos que, al dejar el cargo público, se encuentran sin un oficio fácil al que regresar.

Su pasivo de casi 400.000 euros y su patrimonio o ahorros de apenas 185.000 le colocaban, al lado de los anteriores, en una situación menos sólida. Pero quizá más progresista, al menos en la vieja terminología de Podemos.

Autor

Manuel Trujillo

Periodista apasionado por todo lo que le rodea es, informativamente, un todoterreno

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