Mi hija adolescente me pasa, perpleja e indignada, una nueva revista juvenil, de moda y otras modernidades. Papel couché, buenas fotos, edición cuidada y cara y anunciantes de postín. ¡Ah, sí!: también rompedora, de lenguaje escandaloso y metiéndose con todo el mundo.
—Una revista de mierda—, concluye la chica, contagiada de su estilo, tras haberla calificado antes de facha y delincuente.
Juzguen ustedes. “Tirado y jodido” es el título de un reportaje sobre gente marginada en Berlín. Entre ella, un español que “disfruta explorando nuevas vías, como emborracharse en bares de mierda y hacer el vago todo el puto día”. Más descriptivo, imposible. O no, porque para la revista “las medias marrones son peor que tener el VIH y unirte al Ku Klux Klan a la vez” o “vestirse de rosa es casi tan cojonudo como pelearse, pero si consigues combinar ambos conceptos harás que el Ying y el Yang parezcan unos maricones a tu lado”.
Para que no quepan dudas sobre el propósito del magacín, una doble página explica cómo sobrevivir ilegalmente en Estados Unidos. Ya saben: obtener papeles falsos —“como seas muy escrupuloso lo tienes jodido”—, buscar gente que te sirva de tapadera, trabajar dando palizas, conseguir una pistola de 9 mm. por 300 euros, engañar a la policía y otras menudencias.
En otro reportaje realizado en Toronto con grupos de música punk, el vocalista del grupo Career Suicide explica que los gitanos “son unos lunáticos tarados que viven en el bosque y que, básicamente, son menospreciados por el resto de la población”.
Por cierto, si usted es un heterosexual que no sabe cómo montárselo, no se preocupe, porque la publicación le aporta una guía para ligar. En ella se explica, por ejemplo, que las negras y mulatas “mienten por los codos y son unas lapas” o que las asiáticas recién llegadas “no son tan difíciles de hacer caer…así que follarse a un perdedor como tú tampoco es un gran desastre”.
Lo peor de este bodrio no es su lamentable ideología ni que esté plagado de faltas ortográficas, sino que ha llegado aquí tras triunfar antes en otros 14 países. O sea, que puede que nos lo merezcamos.
Y, encima, nos preguntamos porqué nuestros hijos salen como salen y de dónde sacan las ideas que tienen.
