De celebrarse hoy elecciones generales, Rodríguez Zapatero volvería a ganarlas. Es lo que auguran todas las encuestas y esos análisis especializados como el que efectúa mensualmente el experto José Luis Sanchis.
No hay indicios de que de aquí a marzo cambien mucho las cosas. El Partido Popular no ha sabido noquear políticamente al presidente del Gobierno en los momentos en que parecía contra las cuerdas —matrimonio gay, estatuto de Cataluña, reforma educativa,…— y su adversario ha hecho virtud hasta de la ruptura del alto el fuego de ETA, tras la que se ha producido un aluvión de detenciones de terroristas.
Va a ser difícil, pues, meterle el cuerno a un Gobierno a cuyo favor sopla hasta la economía, que ha aguantado con números espléndidos toda la legislatura, aguardando para su desaceleración a que pasen las elecciones. En el propio PP, en privado, hay quienes reconocen que las cosas son así y que Mariano Rajoy no ha mantenido una estrategia política coherente y, sobre todo, constante para desalojar a ZP de La Moncloa.
Esa situación ha coadyuvado, incluso, a la dimisión de Josep Piqué, persona de grandes cualidades, pero no con la de saber eternizarse en el papel de oposición. No es que su marcha haya hecho llorar a nadie en el PP, donde creen que con Daniel Sirera obtendrán en Cataluña mucho mejores resultados que con el dimisionario, pero supone un síntoma más.
Es este escenario, precisamente, el que propicia la insólita tranquilidad en un PSPV-PSOE acostumbrado a querellas internas por menos motivo que por el varapalo electoral de Joan Ignasi Pla. La hipótesis es que Zapatero volverá a ganar las generales y que su tirón hará recuperar al socialismo valenciano unos cinco puntos, como mínimo, dejándole lo suficientemente cerca del PP como para afrontar con garantías el reto autonómico de 2011. Por eso, las gentes de Joan Lerma, Ciprià Ciscar y demás familias mantienen pacíficamente enfundadas de momento sus pistolas.
Al optimismo socialista coadyuvan los resultados de las elecciones autonómicas de Galicia, Cataluña y Baleares, no porque haya ganado en voto directo, que no ha sido así, sino por haber alcanzado nuevas cotas de poder autonómico y municipal. “Con Pérez Touriño en vez de Fraga en Galicia —me comenta un dirigente del PSOE, Zapatero obtendrá allí más votos que en 2004”.
Probablemente sea cierto. Al igual que el dinero llama al dinero, que dice el aforismo popular, el poder genera poder. O, dicho de otro modo, desgasta más estar en la oposición que en el Gobierno. Por eso, para conservarlo, Rodríguez Zapatero, después de su anterior deriva izquierdista y radical, ha comenzado a modificar algunos mensajes políticos que le permitan reconquistar el espacio de centro.
El primero, la recuperación del nombre de España. ¿Se han dado cuenta de que ZP ha utilizado en los últimos tres meses más veces la palabra España que durante los tres años anteriores? El hombre, que lo que antes quería era “cambiar el Estado para adaptarlo a las necesidades de los ciudadanos”, se muestra ahora “orgulloso de la cohesión de España”. Gajes de la política, actividad que permite más tropos y licencias retóricas que el diccionario de la RAE.
Pero hay más: freno a la ley de memoria histórica, marcha atrás de decisiones impopulares como la del vino, propuestas populistas como el pago en metálico por nuevos nacimientos y nombramiento de ministros con rostro mediático, como Bernat Soria. Esos hechos, y la convicción de que el PP es incapaz de obtener pactos políticos que le lleven a La Moncloa, justificarían el que Zapatero desfrunza el ceño y abandone el rictus hepático de los últimos tiempos.
A él no le ocurre como a Romano Prodi, que se levanta cada día sin saber si seguirá en el poder en Italia, según cuál sea el humor de los diputados de su inestable coalición. Por eso mismo, si Europa continúa su rumbo hacia la derecha y David Cameron consigue desalojar a Gordon Brown de Downing Street, Rodríguez Zapatero puede convertirse en el único referente de la izquierda europea, en ese líder carismático en quien se reflejen todos aquellos que aspiren al poder.
