A Contracorriente

Enrique Arias Vega

Cada vez más tontos

Ignoro con qué criterios exactos está hecho el informe PISA sobre la educación de nuestros jóvenes. Tampoco me perturba en exceso que no se diferencie lo que pasa en algunas de nuestras comunidades autónomas. Me basta y me sobra con lo que he leído para tener desde entonces los pelos como escarpias.

No sólo estamos entre los más indoctos del mundo sino que, a diferencia de otros países que siempre lo han sido, nosotros vamos hacia menos. Es decir, que somos más tontos o más indocumentados que hace seis años.

Por eso, me ha estremecido la argumentación “positiva”, como todas las suyas, del presidente Rodríguez Zapatero. Resulta que tal situación se deriva de la mala enseñanza recibida durante el franquismo. ¡Toma ya!

Nuestro presidente no tiene ni siquiera la disculpa de haberse formado en aquellos años, con lo que según su propia lógica sería disculpable semejante dislate. El informe PISA habla de “ahora” y no compara nuestro retroceso con la situación hace cincuenta años, sino hace seis.

Hace medio siglo, y lo digo con el conocimiento de causa que proporciona la edad, cuando un adolescente español iba a Francia a aprender el idioma, daba sopa con honda a sus pariguales franceses, desde matemáticas a historia y desde comprensión lectora a biología. Lo mismo les pasaba a los primeros españolitos que fueron a obtener un master a Estados Unidos. Tengo un amigo mayor que yo que, cuando se ausentaba el profesor por alguna razón justificable, era él el encargado de dar la lección del día a sus condiscípulos en Princeton.

Ya ven qué tiempos.

Quiero añadir a esto un apunte, tan sólo. Y es el liderazgo en el ranking lector de los adolescentes finlandeses y coreanos, precisamente aquéllos con lenguas sin parentelas próximas en las que apoyarse. Es más, el coreano es un idioma artificial, como el esperanto, más complicado, incluso, dada su grafía inventada y sin equivalencia conocida.

En cambio, ya ven, nosotros, con cinco lenguas oficiales, a falta de una, nos expresamos peor que los demás en cada una de ellas. O sea, que no sólo no resultamos más políglotas, que sería lo lógico, sino que, como diría Ortega y Gasset, podemos ser analfabetos en varios idiomas.

Pues qué bien.

Algún día les prometo entrar en el tema tabú de la floración de lenguas patrias, que hemos acordado en considerar como una riqueza colectiva, ya que eso es lo políticamente correcto. Vistos los resultados y la utilización de los idiomas para separarnos unos de otros, en vez de para comunicarnos mejor, habría que repensárselo.

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Autor

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

Enrique Arias Vega

Periodista y economista bilbaíno, diplomado en la Universidad de Stanford (USA), lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundode Nueva York.

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