Las entidades de crédito españolas son de las mejor gestionadas del mundo. No lo digo yo, que carezco de cualificación para ello, sino los directivos de la banca extranjera, que por eso no han podido levantar cabeza en España.
Algunos aspectos serán criticables, claro, como saber qué han hecho con esos cuantiosos beneficios que doblaban cada tres o cuatro años, además de pagar a Ángel Corcóstegui al despedirle del BSCH 106 millones de euros, récord mundial de la especialidad.
Pero ahora nuestros bancos y cajas andan a la búsqueda de pasivo con el que incrementar sus depósitos. La táctica utilizada por algunos directores de sucursales es sembrar dudas sobre la competencia: “Si tienes el dinero en tal sitio, sácalo ya”, “cuando esos te ofrecen tanto, desconfía de ellos”, etcétera, etcétera.
Es la manera más tonta de querer recuperar la confianza a la que son acreedores. Como aquél que escupía al cielo creyendo que así lo ensuciaría, no saben que sus salivazos siempre acabarán por caerles encima.
