En toda película, libro, discurso o videoclip suele haber al menos un momento memorable. Unos segundos plenos de sentido. De grata evocación.
Es el caso de la microescena del andamio. En el videoclip «Adéu, Barcelona». Minuto 2, segundo 16 y siguientes.
(Inserción dedicada con afecto al fiel lector Luis Romero)