Hoy, 1 de Mayo, hago balance deportivo de mi mes de abril y compruebo que he alcanzado mi óptimo: estas últimas cuatro semanas 8 sesiones de yoga de 75 minutos y 10 sesiones de natación estilo crawl de 500 metros, acompañadas siempre de cinco minutos de estiramientos previos y posteriores (40 minutos por sesión).
En otra palabras: he dedicado (75×8 + 40×10) del orden de 1000 minutos (16 horas y media) a práctica deportiva (a pesar de una intensa rinitis alérgica causada por la primavera). No está nada mal. Creo incluso que es mi óptimo deportivo. Más natación me perjudicaría la piel a causa del cloro. Más yoga puedo hacerlo yo mismo a ratos perdidos en el pasillo contiguo a mi estudio escuchando bellas grabaciones de música de relax que descubro en YouTube.
Lo único que no resuelvo es comer menos: me sobran 5 kilos y éstos se rebelan ante la idea de irse. Quieren quedarse conmigo. Y vivo rodeado de viandas, excelente cocina en casa y últimamente abducido por los pastelitos muffins de la cafetería del Ateneo barcelonés.
(La felicidad nunca puede ser completa; es uno de los requisitos como tal).