Qué bonitas estaban hoy las playas del Maresme. Vistas desde la ventanilla de mi vagón en tren rumbo a Vilassar de Mar y Mataró se me antojaba como un Caribe local. Un privilegio de la naturaleza a cuatro pasos de Barcelona.
Estamos ya a finales de mayo y ha hecho un sol de órdago. Qué bonito ver ya los cuerpos tostados al sol en este rincón del Mediterráneo donde me ha tocado en suerte vivir.