Siempre que acudía a Coruña con mi difunto amigo Emilio Sol me fascinaba ver desde la estación del tren el rótulo de una cafetería vecina: «El Cacique».
En mi reciente viaje a Galicia, mientras esperaba el tren Coruña-Santiago, tuve la ocasión de entrar en «El Cacique». Tomé un bocadillo de tortilla de patatas. Fuera, caia la lluvia a borbotones.
Deseo cumplido. Conocí la cafetería. Nada especial. Excepto que la asocio a momentos bonitos. (Y llovía sin contemplaciones, al galaico modo).