Esto es lo que hay

Miguel Ángel Violán

Sandiamanía

Me hubiera gustado confesarme sandinista. Pero dados los tiempos que corren en Nicaragua hubiérase producido un desagradable equívoco. No soy fervoroso partidario del revolucionario Sandino sino de una deliciosa y apaciguante fruta llamada sandía…

Hace unos años ya confesé en este blog mi devoción por la naranja y el limón. Son cítricos que adoro. Podría añadir a este binomio los kiwis maduros y dulzones. Fruto de mis arrebatos cítricos una gentil ex alumna lectora de este blog llegó a enviarme una caja de naranjas de su propio huerto valenciano.

Vale la pena recordar que por entonces yo reivindicaba el sabor (no quizá el aspecto) de la naranja mallorquina, que tanto deleite me produjo durante mis doce años de residencia en la isla de la calma.

Pero este verano ha irrumpido en mi vida la sandía. Siempre me ha gustado pero quizá debido a las altas temperaturas valoro más que nunca su efecto hidratante, su pobreza calórica y su refulgente color rojo.

Me gusta la sandía dulzona, madura, que se me deshaga en la boca. Y en grandes cantidades. No puedo contentarme con minúsculas rodajas o diminutos tacos. Para mi la sandía ha de ser voluminosa, pletórica: la sandía total.

Es habitual que la consuma en forma de zumo en mis viajes a la República Dominicana. Pero algunos de las sandías que he consumido este verano en Barcelona son insuperables, pura ambrosía.

Los expertos apuntan que la sandía como fruta tiene 5.000 años de antigüedad y que nació en África, siendo uno de los alimentos que los faraones egipcios debían llevarse en sus viajes de ultratumba por su elevado contenido en agua.

(Sólo hablar de esto ya me saliva la boca pensando en mi próxima ración de sandía).

Una de mis preferencias consiste en tomar la sandía con hojas de menta. Tomada como caldo, constituye también un entrante exquisito. Y siempre recordaré a aquel director del hotel Riu Atlántico en Isla Canela, en Huelva, que amenizaba la diversión de los clientes en la piscina con bandejas de sandía procedentes del buffet del establecimiento antes de que madurasen más de la cuenta. Con qué indescriptible entusiasmo eran saboreadas por los cliente estas mágicas (y gratuitas) porciones de fruta. Cuánto hizo la genial fruta por los índices de satisfacción de la clientela…

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Miguel Ángel Violán

Miguel Ángel Violán, Barcelonés. Periodista y escritor. Formador de comunicadores con millares de ex alumnos repartidos por toda España y Latinoamérica. Es doctorando en oratoria y conferenciante.

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