
(PD/Agencias).- El cantante «pinchó»: llenó poco más de un tercio del estadio. Vale, pero sus incondicionales -sobre todo las mujeres- se llevaron a casa un regalo inesperado: el torso de Julio al descubierto.
Se había anunciado a bombo y platillo, pero aun así el llamamiento no cuajó. Julio Iglesias pinchó el jueves en Valladolid -única parada española de su gira Live- con un concierto que se preveía multitudinario pero que quedó en mucho menos: de las más de 20.000 localidades que se pusieron a la venta para escuchar al cantante en el estadio José Zorrilla sólo se vendieron 8.000.
Eso sí, al artista no le fallaron sus incondicionales y él supo agradecer las muestras de cariño con un recital generoso en el que no faltaron éxitos como La gota fría, El bacalao o Divorcio. Claro que lo mejor -sobre todo para las damas que beben los vientos por él- llegó al final. Julio dejó boquiabiertos a todos cuando, al son de Me va, me va, empezó a desnudarse sobre el escenario. Se despojó de la corbata, el chaleco y… sí, también de la camisa.
Los fans vallisoletanos deben agradecerle su actuación exclusiva a la intermediación de Alejandro Pesquera, dueño de la afamadísima bodega Pesquera y amigo íntimo de Julio. Él fue quien obró el «milagro».
