De un día para otro «The New York Times» ha metido en un lío a McCain mezclando sexo, política y negocios que amenazan su sueño americano. El candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos tuvo un lío de faldas en 1999 con Vicki Iseman, una mujer 31 años más joven que él, socia del bufete de abogados ‘Alcalde&Fay’y ahora, además de sus sábanas, todo el mundo lo sabe.
Ese bufete cuenta con una plantilla de 35 personas que representan en el Congreso los intereses de una serie de empresas. Entre sus clientes hay varias empresas de telecomunicaciones y televisión -dos sectores muy dependientes de las regulaciones establecidas por el Gobierno- y compañías que han presentado diferentes propuestas para combatir el efecto invernadero -otra cuestión extremadamente controvertida en EEUU-.
McCain ha negado todas las acusaciones, y las ha presentado como «una campaña de calumnias». Pero, tras la noticia, el jueves llegaba la de ‘The Washington Post’. Según ese diario, uno de los responsables de la frustrada campaña presidencial de McCain en 2000, John Weaver, se reunió hace ocho años con Iseman en la estación de tren de Washington para decirle que se mantuviera alejada del senador, que en aquel momento estaba enzarzado en una feroz lucha con George W. Bush por la nominación republicana.
Weaver confirmó que se reunió con Iseman, pero negó que hubieran mantenido esa conversación. Por de pronto, el escándalo ha tenido un efecto favorable en McCain. Porque no hay mejor cosa para unir a los republicanos que un artículo en ‘The New York Times’, un diario al que una parte de la opinión pública de EEUU podría colocar a la izquierda del cubano Gramma. El mito de la ‘prensa de izquierdas’ (liberal media) es uno de los resortes más eficaces para movilizar el voto conservador de EEUU.
