Campanas de boda para el príncipe Harry y Chelsy Davy

Campanas de boda para el príncipe Harry y Chelsy Davy

Es increíble todo lo que una reverencia y una mirada educada pueden conseguir. Hasta hace nada, Chelsy Davy aún era vista como «la rubia compañera de juegos del príncipe Harry». Pero entonces, este sábado, la hija de 22 años de un organizador de safaris le robó la atención a los mismos novios en la primera boda de un nieto de Isabel II.

La reina de 82 años, a la que le fue presentada Chelsy por primera vez este fin de semana en la fiesta en el castillo de Windsor, quedó «encantada con la frescura natural» de la novia de su nieto favorito, trascendió.

Después de la boda del nieto mayor de la reina, Peter Phillips, con la canadiense Autumn Kelly, ambos de 30, los «astrólogos» de la corte preguntan ahora cuándo volverán a sonar campanas de boda en Windsor.

Hasta ahora la atención se centraba en el esperado compromiso del príncipe Guillermo, de 25 años, número dos en la línea de sucesión al trono, y Kate Middleton, de 26. «Ahora se especula con que Harry se le pueda adelantar a su hermano», comentó un experto.

A ello contribuyó de forma esencial la estancia de seis semanas del príncípe como oficial del Ejército en Afganistán. Tras su regreso y el cariñoso saludo de parte de su novia, Harry se decidió a presentarle a Chelsy a la reina, según trascendió de la corte.

Ya antes los columnistas de la prensa del corazón informaron de forma muy positiva sobre la novia de Harry. Dado que los Windsor no dejan casi nada librado al azar, esto puede ser un indicio de que la aceptación de Chelsy en las filas de la realeza está preparada.

Los expertos de la corte trabajan en mejorar su imagen: «Sólo porque es rubia y le gusta llevar vestidos escotados, la gente la vio como una idiota mimada», se quejaba indignado un representante de la casa real en el «Daily Mail», considerado «la voz del pueblo». «Pero eso es completamente equivocado».

Chelsy no es descuidada y dejada, sino popular. Ese es el motivo por el que vive en su lugar de estudios, Leeds, en un barrio decadente y lleno de junkies. «Hay que aceptar que Miss Davy vive allí por solidaridad con amigos de su patria. Es una chica obstinada y no se asusta ante los problemas».

Las dudas sobre la relación del príncipe fiestero y la joven oriunda de Zimbabwe parecen haberse desvanecido. Antes solía generar reservas el hecho de que el padre de Chelsy al parecer debe su fortuna entre otras cosas a sus excelentes relaciones con el régimen del dictador Robert Mugabe.

Más importante es, se dice ahora, que Harry «está completamente loco por ella». Además, Chelsy está en condiciones de poner límites al nieto más salvaje de la reina.

A ello se suma que la reina y su esposo, el príncipe Felipe, ya se hicieron a la idea de que sus nietos se casen con plebeyos. El hijo de la princesa Ana, Peter Phillips, inició esa senda al casarse con la hija de un empresario canadiense.

Incluso Kate Middleton, que como esposa de Guillermo algún día podría ser la esposa de un rey de Inglaterra, no es de sangre aristocrática. Los Middleton hicieron sus millones con envíos para fiestas infantiles.

Y tampoco la hija de la princesa Ana, Zara Phillips, una experta en equitación, le da valor a la sangre azul. Posiblemente se case con su novio desde hace varios años, el jugador de rugby Mike Tindall. Peter Phillips incluso pudo haber visto su pertenencia a la familia real al principio como un impedimento. Él y Autumn Kelly llevaban ya seis semanas saliendo en 2003, cuando ella vio a su chico por casualidad en un documental de la BBC detrás de su primo, el príncipe Guillermo.

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