Kennedy se pasaba la mitad del tiempo pensando en mujeres y la otra mitad acostándose con ellas
Todo el mundo conoce el idilio entre la estrella de Hollywood y el presidente de EEUU pero la relación que mantuvieron durante una década nunca había sido contada al detalle. El escritor François Forestier les ha «descuartizado» en su libro.
El autor asegura que Marilyn y JFK fueron «dos malas vidas»:
«El romance entre JFK y Marilyn es una historia entre dos monstruos completos, de egoísmo, de locura, de poder y de dinero»
Analizados con lupa, estos dos mitos del siglo XX son «patéticos», dice el escritor y periodista de ‘Le Nouvel Observateur’.
Marilyn era una «manipuladora», «una prostituta», que se inventó la historia de «niña huerfanita con necesidad de afecto». En público es «deslumbrante y sexy», el resto del tiempo es Norma Jeane:
«Una chica que se desprecia, que no se lava, que se muere del terror ante la cámara y se atiborra de productos químicos»
John, aquejado del mal de Addison, de su eterno dolor de espalda y de enfermedades venéreas reiteradas, «también está cebado con medicamentos», un médico le inyecta «anfetaminas a grandes dosis», también toma cocaína y más adelante probará el LSD, según Forestier.
Es, además, un «eyaculador precoz»:
«Se pasaba la mitad del tiempo pensando en mujeres y la otra mitad acostándose con ellas»
Según el francés, Kennedy no tenía vocación de servicio público, lo único que le gustaba eran los juegos de poder, y llegó a la Casa Blanca gracias al dinero de su padre, Joe Kennedy.
TRÁGICO FINAL
En el libro se cuenta que ante la resistencia de la actriz a la orden de que no debía ponerse más en contacto con el inquilino de la Casa Blanca, Marilyn fue despedida por la 20th Century Fox, terminando así su carrera.
El libro comienza con la descripción del asesinato de JFK y concluye en 1962 con Marilyn muriendo de una sobredosis «sola, desnuda, sujetando el auricular, con pastillas al alcance de la mano y en una casa vacía».
Entre este trágico final y el primer encuentro de Marilyn y Kennedy sólo habían transcurrido ocho años. Él era un joven senador, ella, que ya era una de las mujeres más deseadas del mundo, le dio un papelito con su número de teléfono.
(Efe)
