No cubren su rostro, pero sí los hombres, y en caso de divorcio ellas mantienen la mayoría de las posesiones

Los secretos sexuales de las mujeres tuareg que puede tener tantos amantes como deseen

Su cultura sorprendería e incluso escandalizaría a muchos ciudadanos occidentales

Los secretos sexuales de las mujeres tuareg que puede tener tantos amantes como deseen
Un grupo de tuaregs saluda a Benedicto XVI AP

Un reportaje publicado por el medio británico 'Daily Mail' revela las curiosas costumbres de este pueblo

La cultura de los tuaregs sorprendería e incluso escandalizaría a muchos ciudadanos occidentales.

Un reportaje publicado por el medio británico Daily Mail revela las curiosas costumbres de este pueblo, habitante del desierto del Sáhara y cubierto por el misterio.

Sus mujeres pueden tener numerosos amantes fuera del matrimonio, a pesar de que su religión es el islam y esa práctica no es aceptada en el resto del mundo musulmán.

No es la única costumbre que puede chocar por su particularidad. En la cultura tuareg, son los hombres y no las mujeres quienes cubren su rostro. Cuando la fotógrafa Henrietta Butler se interesó por esta tradición y preguntó a miembros del pueblo del desierto por la misma, la respuesta que recibió fue que «las mujeres son hermosas y nos gusta ver sus caras».

OTRAS CURIOSIDADES

Aunque las curiosidades no quedan ahí. Antes del matriomonio, por ejemplo, las mujeres tienen libertad para tener tantos amantes como deseen.

Pero hay normas de protocolo que no pueden romper. «Los tuaregs son completamente discretos. Todo se hace con el máximo cuidado y respeto», explica Butler.

Los hombres tuaregs que quieren matener relaciones con una mujer se acercan hasta su tienda y si son aceptados pasan la noche con ella. La familia, que suele habitar en el mismo recinto, pretende ignorar lo que sucede. Si al día siguiente el amante cambia, no hay problema. Pero siempre debe marcharse antes del amanecer.

Para cortejar a las mujeres, los hombres suelen invertir parte de su tiempo escribiendo poesía. Las mujeres también lo hacen, enseñadas por su madres y capaces, por tanto, de «elogiar a sus compañeros» mediante las palabras, como señala Butler. Además, las mujeres no pierden nada de su poder después del matrimonio, sino que mantienen unos altos niveles de autonomía.

En caso de divorcio, las mujeres conservan a los hijos, pero también los animales y otras muchas posesiones. Los hombre normalmente se ven obligados a volver a la casa materna. Las separadas pueden celebrar, por iniciativa de su familia, una fiesta para anunciar que están disponibles de nuevo.

Sin embargo, los riesgos de que los tuaregs abracen el islamismo radical persisten. La situación en África contribuye a este cambio. Los tuaregs del suroeste de Libia combaten la amenaza de Estado Islámico.

Los de Malí, Níger y el norte de Nigeria la de grupos como Boko Haram. Sin embargo, Butler mantiene la esperanza de que la cultura de este pueblo no mute para siempre. En parte, por el orgullo con el que defienden sus tradiciones: «Tal vez consideran las otras culturas un poco estúpidas y me atrevería a decir que primitivas».

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