Esta carta la escribí hace un par de meses y fue publicada en Periodista Digital:
El puño y la Rosa
Malos tiempos en el partido del puño y la rosa. Parece que el puño puede arrancar a la Rosa. ¿Y por qué? Pues porque corren tiempos de pragmatismo y de relativismo: todo vale y, heredado directamente del nacionalismo,
el fin justifica los medios.
Esa es la foto del futuro. La del pasado es la de la coherencia, la honradez y los principios. Ya no se lleva que la Rosa hable fuerte y claro para que lo entienda todo el mundo.
Cuando el lenguaje que se estila es del Gran Hermano de Orwell: “La guerra es paz, la libertad es esclavitud, la ignorancia es fuerza”, la Rosa se rebela, y claro, molesta. Hay que arrancarla.
Ahora nos dicen que Otegui es un hombre de paz, que la justicia debe ser flexible, que las víctimas no deben opinar… Y a los que no nos gusta ese lenguaje nos dicen que no queremos la paz. Lo que no queremos es la serpiente enroscada en la rosa, como vimos hace poco en el Gara, preferimos la foto del pasado: Rosa abrazando a Pilar en Azkoitia*.
Rosa, no estás sola.
* Pilar Elías es concejal del PP en Azkoitia. El asesino de su marido ha puesto una cristalería debajo de su casa. La foto de Pilar y Rosa fue calificada por Zapatero como «foto del pasado» y la de la socialista Gemma Zabaleta con la abogada de Batasuna Jone Goiricelaya como la «foto del futuro».
Hace poco han estado en Estrasburgo la Asociación de Víctimas del terrorismo, el Foro Ermua y la Fundación para la Libertad, representados por gente como Francisco J. Alcaraz, cuyo hermano y dos sobrinas de tres años fueron asesinados en Zaragoza por orden de Josu Ternera, o Mikel Buesa cuyo hermano Fernando y su escolta murieron tras la explosión de un coche bomba en Vitoria, o gente que lleva muchos años con escolta como Iñaki Ezkerra, Teo Uriarte o Nicolás Redondo. Todos ellos acudieron a pedir ayuda al Parlamento Europeo para evitar dar a ETA y sus secuaces ese regalo que han recibido del Gobierno y con el que siempre han soñado: la internacionalización del “conflicto”.
Los socialistas no les recibieron, con la notable excepción de Rosa Díez. Rosa es una de las pocas socialistas que se ha atrevido a discrepar abiertamente con Rodríguez Zapatero sobre el llamado “proceso de paz”, también lo han hecho la concejal socialista de Guecho, Gotzone Mora, y el ex concejal de Lejona y ex miembro de la ejecutiva del PSE, Antonio Aguirre. Este último convocó una rueda de prensa para reclamar al secretario de organización del PSOE, Pepiño Blanco, la devolución de la parte proporcional de su cuota de afiliado correspondiente a los gastos de la reunión de Pachi López con Arnaldo Otegui.
No hace falta decir cómo ha respondido el partido a estas “provocaciones”. Si Redondo fue purgado y sustituido por Pachi López y hoy es un militante de base, a Gotzone y Antonio se les considera traidores, han sido expedientados y están pendientes de su expulsión del partido.
Rosa fue apartada de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia e Interior, encargada de los asuntos de terrorismo. Se ve que era muy incómoda para el «proceso de paz» , pues entre los mayores éxitos de esta comisión están la aprobación de la Orden de Busca y Captura, y la Definición Común de los delitos de Terrorismo, así como recomendación de que se armonicen las legislaciones europeas para que los delitos de terrorismo no prescriban en los Estados de la Unión.
Su futuro político en el partido es más bien negro. Aunque lo más probable, y para evitar escándalos y publicidad negativa, es que le espere una muerte política dulce: simplemente no contar con ella para próximas elecciones.
Pero mientras tanto, Rosa sigue hablando alto y claro:
«…he comprendido Presidente que si nosotros callamos, los que defienden la ignominia y la rendición desde las filas de nuestro propio partido siguen avanzando. Por eso he decidido enviarte esta carta. Presidente, durante treinta años de nuestra vida, ante cada muerto, ante cada viuda, ante cada madre, nos hemos prometido memoria, dignidad y justicia. Presidente, vamos a cumplir nuestra palabra. No vamos a estar callados. No vamos a permitir, sin hacer oír nuestra voz, que se construya un escenario en el que nuestros propios compañeros traicionen lo más sagrado. No nos han matado para esto. No nos han perseguido para esto. Tenemos hijos, Presidente. Durante toda su infancia hemos tenido que quitarles, día a día, el miedo. No vamos a permitir que en ellos se repita nuestra historia. Por eso, Presidente, no nos vamos a callar… Soy militante del PSOE. Pero me declaro insumisa ante la política que mi partido lleva a cabo en relación con lo que ha pasado a denominarse «proceso de paz». Apelo a mi libertad de conciencia. Soy socialista; no seré cómplice. El silencio lo es.
Presidente, hay cosas que sólo tú puedes hacer. O evitar que se hagan. Creo que ha llegado el tiempo de decírtelo.
Un abrazo. Rosa Díez.»
Si le he entendido bien, a Rosa no le ha gustado nada ver en el Gara a la serpiente trepando por la rosa… Ni el silencio avergonzado de su partido.
A mi tampoco, Rosa, a mi tampoco.
