«Síndrome de Ermua»

El Ayuntamiento de Ermua ha aprobado una moción para pedir al Foro Ermua que cambie de nombre.

En un país cada vez más dividido la gente se va decantando y el alcalde Carlos Totorika, que era de los pocos que quedaban por hacerlo, se ha decantado también. Yo no se de donde habrá sacado las 3.477 firmas de los 17.000 habitantes de Ermua que avalan su petición, aunque me puedo imaginar quienes son muchos de los firmantes. El caso es que Totorika, repitiendo el mantra gubernamental de que quienes no quieren la paz (todos los que se discrepan del proceso) utilizan el nombre de su pueblo para crispar, pide que el Foro deje de usar el nombre de Ermua «para criminalizar el diálogo y la pluralidad que caracteriza a este pueblo».

El también socialista José Antonio Pastor, ha acusado al Foro Ermua de utilizar su nombre para «intereses bastardos» que «poco tienen que ver con la defensa de la libertad ni con los intereses que ampararon aquel movimiento» y «de manera totalmente abusiva para acusar de ser cómplice del terrorismo a todo aquel que defiende el diálogo y la pluralidad». Al parecer, ahora se llama diálogo y pluralidad a la bajada de pantalones ante el ETA y el nacionalismo obligatorio.

En 1973 hubo un atraco con rehenes en Estocolmo. En el momento de la liberación un periodista fotografió a una de las rehenes besando a uno de los captores. El síndrome de Estocolmo es una especie de agradecimiento a los secuestradores, como si el hecho de haber dejado sanos y salvos y haber tenido gestos de compasión hacia los rehenes fuera de agradecer y cualquier acto humano, que no humanitario, de los captores es recibido con gratitud y alivio cuando el secuestrado se identifica con las actitudes, comportamientos o modos de pensar de sus captores como si fueran suyos, hasta el punto de que continúa el agradecimiento y el aprecio una vez finalizado el secuestro.

No se si a los estocolmotarras les gusta que se utilice lo del síndrome de Estocolmo o preferirían que nadie asociara su bellísima ciudad con un fenómeno tan poco atractivo.

En el país Vasco llevamos cuarenta años secuestrados por una banda terrorista y por un nacionalismo opresivo que la apoya cada vez con menos disimulo y que pretende controlar obsesivamente cada uno de los actos de la atribulada existencia de los vascos, con patadas en los huevos si hace falta.

A raíz de la, ¿tregua?, de ETA (en cien días sólo ha habido tres muertos) muchos socialistas parecen haberse rendido a esta opresión, cuando no se han sumado a ella directamente con entusiasmo. Es como si Zapatero, Totorika y compañía hubieran decidido besar a sus captores. Un beso colectivo que va desde el achuchón de Gemma Zabaleta (y de Pilar Bardém) a Jone Goiricelaya hasta la escena del sofá de Patxi López con el hombre de paz Arnaldo Otegui, o la del Fiscal General con la izquierda abertzale o la del mismo Zapatero con toda la tropa batasuna y con De Juana Chaos que, no lo olvidemos, está a favor del proceso de paz.

Ha dicho Jon Juaristi que si a los de Ermua no les gusta el nombre del Foro Ermua, que cambien el nombre al pueblo. Lo suscribo y añado que deberían hacerse mirar el síndrome de Estocolmo que sufren. Aunque quizá sería mejor cambiar el nombre por el de síndrome de Ermua, no sea que en Estocolmo se ofendan por relacionarles con tanta infamia como estamos viendo por estos pagos, donde cada vez hay más rehenes dispuestos a dar un beso, de tornillo, a los que les hacen la vida imposible pero de momento no les matan, aunque tampoco les dejan vivir.

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Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

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