Ya no estamos hablando de que piden a ETA que mate a guardias civiles, a policías nacionales o a militares, que eso se da por hecho. Tampoco que asesine a políticos, a periodistas o a jueces incómodos para el nacional-socialismo, o a ciudadanos que no pagan la extorsión, que también.
Ahora cuelgan con absoluta impunidad, a ver quien se lo impide, una pancarta en mitad de Algorta, Guecho, para pedir a ETA que asesine también a los ertzainas, o sea, a los policías de aquí, y para que lo entienda todo el mundo se pone en castellano, todo un detalle: ETA MATALOS. Y es que cuando se trata de dejar las cosas claras, nada mejor que expresarse en castellano.
Así pues, resulta muy edificante el ambiente lúdico de las fiestas de San Ignacio y es ejemplar la imagen de Guecho en todas las portadas. La pancarta se cuelga en una plaza que tiene desde hace años la placa con el nombre de un etarra, y esto en un municipio con numerosos vecinos asesinados por ETA, un municipio que ha visto innumerables tiros y bombas y del que han huido miles de vecinos por miedo. Para ellos no hay un solo recuerdo, faltaría más.
En esa misma plaza, la de San Nicolás, esta colocada la «txozna» de la comisión de fiestas del pueblo. Comisión a la que Marisa Arrúe, candidata del PP que ha obtenido los mismos concejales que el PNV, señala como responsable de que «los radicales se adueñen cada año de las fiestas de la localidad», con el permiso, claro está, de los alcaldes que ha tenido Guecho, todos del PNV. Esa zona le está vedada a Marisa, que lleva muchos años con escolta, que tiene prohibido acercarse durante las fiestas por su seguridad y que durante el resto del año sólo lo hace muy de vez en cuando y con mucho cuidado.
El caso es que la pancarta está colgada dos días y no pasa nada. Aquí ni el alcalde, ni el consejero de interior, ni el Lendakari se atreve con los camisas pardas. Los tres son del PNV, el alcalde en concreto es alcalde gracias al partido socialista.
Hace poco, en Estados Unidos, supe que a dos jóvenes les iban a caer seis meses de cárcel por pintar esvásticas y consignas racistas. Igual que aquí, que se llena el País Vasco de pintadas y pancartas de homenaje a asesinos, se pide directamente el asesinato de policías y nadie se atreve a quitarlas de las paredes y los jefes policiales dicen que «la pancarta se retirará en cuanto sea posible, buscando el momento en que menos tensiones pueda acarrear».
Me pregunto qué pensaran los amenazados, o sea los ertzainas, de sus jefes, de los responsables políticos de la Ertzainza. Deben tener la moral altísima, por eso muchos viven en Castro o en La Rioja. Y no me extraña, pues hace poco se encontró información detallada al comando Donosti para atentar contra ertzainas y lo ha confirmado el Gara: «ETA estima como imprescindible la desactivación de los cuerpos especiales de la Ertzaintza»; «El PNV ha de explicar por qué continúa utilizando la Ertzaintza como su brazo armado» y «¿Puede alguien pensar que podemos dar pasos para resolver el conflicto enviando a la Ertzaintza a la caza del ciudadano vasco como si fueran perros rabiosos?»
Mientras el delegado del Gobierno dice que el Gobierno apoya a la Ertzaintza, la Fiscalía ya avisa que no piensa actuar de oficio sino que esperará a que la propia Ertzainza lo denuncie y corrobore lo que hemos visto todos en las portadas. Lástima, con lo diligentes que han sido con la viñeta de El Jueves…
Y hablando de retirar pancartas, el peneuvista Xabier Aguirre nada más tomar posesión, gracias al PSE, como Diputado General de Álava, ha ordenando la retirada de las banderas de España que había en los despachos de la Diputación.
En medio de esta locura trasciende ahora que el Gobierno, durante la negociación que nunca existió, estaba dispuesto a pagar 1.500 euros al mes (300 millones de presupuesto) a etarras que dejaran las armas, con la posibilidad de que ETA se convierta en una fundación para poder recibir el dinero del Estado, al que habría que sumar las ayudas que se podrían pedir a la Unión Europea para crear empresas donde podrían ser colocados los ex miembros de la organización terrorista. Un chollo.
Una vez más me vienen a la cabeza el terror callejero, las pintadas y ataques a los judíos, los desfiles de antorchas y esvásticas y las demostraciones de fuerza de las SA de Hitler en la Alemania de los años treinta, cuando nadie, empezando por los que aún mandaban en el país, se atrevía con ellos y solo algunos se negaban a levantar el brazo a su paso o cerraban las cortinas para no verlos. Cuando Hitler llegó al poder lo primero que hizo fue acabar con la oposición que no se había atrevido a plantarle cara cuando aún estaba a tiempo de hacerlo. El resto de la historia es de sobra conocido.
En Guecho, en el País Vasco y en España quizá todavía estemos a tiempo, o quizá no.
