La agonía de la derrota

A Pierre de Coubertin, padre del olimpismo moderno, se le atribuye una frase muy famosa, pero que no es suya: “Lo importante no es vencer, sino participar”.

En plenos juegos olímpicos y ante la enorme preocupación nacional por la ausencia de medallas -que no comparto en absoluto- nos llegan de Londres noticias esperanzadoras que corroboran que lo importante es participar.

Vean el pundonor de Hammadou Djibo Issaka, remero que aprendió a remar hace tres meses, cuando después de entrenarse como nadador su federación le ordenó pasarse al remo para asegurar su participación en la Olimpiada representando a Niger. Vale, en Niger no hay costa, ni hay lagos, ni hay clubs de remo y parece claro que Hammadou no sabe remar muy bien, pero no hay duda de que el chico lo ha dado todo.
Quizá Hammadou, a quien ya llaman el hipopótamo, se haya inspirado en su no muy lejano vecino guineano Eric Moussanbani, más conocido como la anguila, quien arriesgó mucho cuando poco después de aprender a nadar se plantó en la Olimpiada de Sydney, ya que en una piscina olímpica de 50 metros puedes pasar un mal rato si no nadas bien, y es que dudo que haya socorristas en una olimpiada, aunque supongo que llegado el caso alguien se tiraría a sacarle. Aún así, y aunque Moussanbani reconoció que al final estuvo a punto de agarrarse a las corcheras, el chico tiene su mérito. Aquí tienen a la anguila en acción y desarrollando todo su potencial.

Pero hay precedentes de pundonor deportivo más lejanos y aún más audaces, como el del legendario Eddy «the eagle» Edwards, esquiador frustrado que viendo como su carrera no le llevaba a ningún sitio, y a pesar de su miopía aguda y el consiguiente problema de empañamiento de sus gafas, decidió pasarse al salto de trampolín y tuvo el valor de tirarse por el trampolín de 90 metros en la Olimpiada de Calgary en 1988. Y eso sin tenerlas todas consigo: «¿Que si tenía miedo de saltar? claro que sí, siempre estaba la posibilidad, una gran posibilidad, de que mi siguiente salto fuera el último». Quizá the Eagle saltaba menos de la mitad de lo que saltaban sus rivales, pero no hay duda de que el público le adoraba. Lástima que no le dejaron volver a presentarse más.

Pero, hablando de valientes, les presento a Trevor «la tortuga» Misipeka. Trevor iba a representar en lanzamiento de peso a su país, American Samoa, en el Campeonato del Mundo de Atletismo de Edmonton, Canadá, pero cuando llegó allí, y a dos días de su debut, su federación le dijo que como le pedían una marca mínima que no tenía le habían apuntado a los 100 metros lisos, donde no pedían marca alguna. Dicho y hecho, con sus 133 kilos, Trevor corrió los cien metros. Con un par.

Y qué decir de Kwame Nkrumah-Acheampong, más conocido como the snow leopard, el leopardo de las nieves, otro deportista ambicioso y sin complejos, que sin duda es la estrella indiscutible del esquí de su país, Ghana. De hecho fue el encargado de llevar la bandera -y el único representante de Ghana- en la Olimpiada de Vancouver en 2010 y su atuendo de piel de leopardo le hacía inconfundible.

Aunque quizá los más conocidos entre los que no ganan nunca sean estos. Se trata nada menos que del equipo de bobsleigh de Jamaica, que inspiró una película y también ayudó a quitarse los complejos y abrió el camino a muchos otros atletas de todo el mundo como los que acaban de conocer.

Pues bien, todos estos tipos no ganaron medallas pero les aseguro que en su país no se montó la que se está montando aquí. Y es que somos diferentes. Quizá nos intervengan, quizá incluso nos conviertan en esclavos de los alemanes y quizá acabemos todos a régimen y fregándoles los suelos con la lengua y con mucha resignación, pero lo que los españoles no están dispuestos a soportar, Sr. Rajoy, es que no ganemos ninguna medalla. Con las cosas importantes no se juega y con la selección de fútbol ya se le apareció a usted la virgen. Se lo digo porque el que avisa no es traidor.

CONTRIBUYE CON PERIODISTA DIGITAL

QUEREMOS SEGUIR SIENDO UN MEDIO DE COMUNICACIÓN LIBRE

Buscamos personas comprometidas que nos apoyen

COLABORA
Autor

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Enrique Zubiaga

Soy un aviador vasco que he visto mucho mundo y por eso puedo decir alto y claro, y sin temor a equivocarme, que tenemos un país increíble y que como España en ningún sitio.

Lo más leído