Vistos los últimos acontecimientos, tenemos billetes para el vapor a Dakar que sale mañana a la tres de la tarde desde Santurce. Luego cogeremos el rápido a Uagadugú, que tarda unos cuatro o cinco días, y cuando lleguemos nos iremos a cenar unas costillitas de chimpancé, que no están mal del todo, al clásico de toda la vida Mobutu. En Uagadugú la oferta gastronómica es muy limitada y el Mobutu es de lo mejorcito para darse un homenaje, dentro de lo que cabe. Qué le vamos hacer, todo no se puede tener.
La decisión de emigrar a Burkina Faso la hemos tomado porque necesitamos vivir en un país medio normal, tranquilo, democrático, con unas mínimas garantías de seguridad jurídica y con una fiscalidad clara, sin sorpresas y que podamos asumir.
En Burkina Faso los impuestos son más que razonables, pues por una parte no tiene un estado mastodóntico con cientos de miles de políticos y sus camarillas, burócratas, funcionarios y «asesores» elegidos a dedo, y por otra el dinero de los contribuyentes ni se roba ni se despilfarra. Por eso están aseguradas las pensiones, y la sanidad y la educación públicas son excelentes.
No hay adoctrinamiento político ni se fomenta la xenofóbia contra otras tribus en los medios de información públicos, ni en los colegios, ni en las universidades.
La justicia funciona muy bien y los delincuentes no sólo van a la cárcel sino que cumplen sus condenas y ninguno sale al día siguiente para reincidir, con lo que la seguridad en las calles y en los hogares es casi absoluta.

El idioma oficial es el francés, y aunque hay tribus que tienen sus propios dialectos, todas los ciudadanos lo hablan. Su uso oficial no es discutible. En las escuelas enseñan también el inglés como segunda lengua y las películas en el cine y en la tele son en versión original con subtítulos, el resultado es que la mayoría de la población habla inglés con fluidez. Qué envidia.
El que quiera hablar en su dialecto local lo puede hacer sin ningún problema donde y cuando quiera. También lo puede aprender y enseñar, pues hay subvenciones públicas para ello. Pero lo que no puede hacer es tratar de imponérselo a nadie, ni mucho menos utilizarlo como arma para enfrentar o separar a su tribu del resto y dividir el país. Igual que en Francia, el idioma oficial es uno, y punto.
La separación de poderes se lleva a rajatabla en Burkina y, desde luego, no se conocen casos de injerencias del poder ejecutivo en el judicial.
La libertad de expresión y de manifestación es absoluta pero no hay abusos por parte de la población, que se comporta de un modo completamente cívico cuando siente el deseo de salir a la calle a manifestarse. Tanto es así que la policía antidisturbios fue disuelta hace años porque sus servicios no hacían ninguna falta.
La libertad de prensa es total, como lo es la imparcialidad de los medios de comunicación públicos, que en absoluto dependen del gobierno de turno ni permitirían que éste se inmiscuyese en la información que dan a los ciudadanos como servicio público que son.
La lucha contra la corrupción -que en Burkina como es bien sabido es ya prácticamente inexistente- también es muy eficaz. Son extremadamente raros los casos de políticos corruptos o de empresarios que pretenden comprar favores. Los pocos casos que ha habido se han saldado con duras condenas y con la devolución de todo el dinero obtenido ilegalmente.
Lógicamente muchísima gente de países cercanos quiere emigrar a Burkina. Como son muchos más de los que el país puede acoger sin producir una tensión social y económica inasumible, hay unas cuotas según las necesidades del país y una selección rigurosa de los emigrantes que se admiten según sus méritos. Al resto no se les permite la entrada y si entran ilegalmente son expulsados de inmediato. Nadie con antecedentes penales puede entrar y los que son acogidos se tienen que adaptar a las costumbres, usos y tradiciones de Burkina, y no al revés. No se les permite hacer proselitismo de su religion ni se tolera el trato discriminatorio a las mujeres. En Burkina las mujeres tienen los mismo derechos que los hombres y en ningún caso van tapadas con velos, sea cual sea su religión. El maltrato de las mujeres tanto por los Burkineses como por los inmigrantes, ya sea por motivos religiosos u otros, es castigado con duras penas de cárcel y con la expulsión del país en el caso de los inmigrantes, que también son expulsados de inmediato si cometen algún delito.
El resultado de todo lo anterior es que Burkina manda un mensaje muy claro a los posibles inmigrantes y el «efecto llamada» a la inmigración ilegal se ha reducido drásticamente.
En fin, que mientras Burkina nos parece un oasis de libertad y un remanso de paz, aquí, es triste decirlo, vemos el futuro más que negro y ya vamos teniendo una edad como para evitar las emociones fuertes.
Así que brindaremos por ustedes desde el Mobutu y si pasan por Uagadugú ya saben dónde estamos. Les deseamos buena suerte y mucho ánimo, les van a hacer falta.
