Zahaira Santa Cruz Arvizu parece bailar y actuar con naturalidad cuando está en el escenario, pero confiesa que siempre le da mucho miedo y llega con una gran presión para enfrentarse al público en cada obra.
“Clara”, personaje principal de El Cascanueces la proyectó en el medio artístico regional como una destacada bailarina, “Salomé”, la estrella de la obra del mismo nombre puede consagrarla porque le exige al máximo de su capacidad.
Esta universitaria egresada de la Licenciatura en Artes, opción Danza, sabe que todavía tiene mucho camino que recorrer en el plano profesional, pero no le preocupa porque está viviendo como lo había soñado desde que era una niña inquieta.
“Desde la primera vez que entré al salón de clases en el Centro de las Artes me pareció chistoso porque me di cuenta de que esto es lo que iba a hacer toda mi vida”.
“Muchos sueñan con querer cantar, bailar, hacer teatro y afortunadamente yo lo puedo hacer”, dijo Zahaira, de 25 años, cuyos rasgos alargados de su rostro, ojos verdes y mirada reflexiva dejan ver su inspiración.
Primer Acto. Desde los cinco años, Zahaira comenzó a pintar en acuarelas, actividad que inició por influencia de su madre María Arvizu, ese fue el primer momento en el que sintió el gusto por el arte, después se interesaría por el ballet.
Su acercamiento formal con la danza lo experimentó a los 11 años de edad, cuando fue inscrita en la Academia Pedagógica de Danza, Graciela Ortega, donde pasó siete años.
Entre sus fuentes de inspiración mencionó “El lago de los cisnes” que escribió el compositor ruso Piotr Ilich Tchaikovsky y sin duda es el ballet más conocido en el mundo.
Idolatra a Anna Pavlovna, una famosa bailarina de ballet rusa de inicios del siglo XX que cambió para siempre el ideal de las bailarinas por su complexión delgada de apariencia delicada, similar a la de Zahaira.
En la academia de danza trabajó hasta poder integrarse al grupo Tempora Mutantur, en cual realizaban interpretaciones mixtas de ballet y danza contemporánea.
“Cuando estaba en preparatoria llego la hora de decidir qué es lo que iba a estudiar, aún yo no me decidía entre danza o teatro, encontré la opción de la Licenciatura en Bellas Artes en la Universidad de Sonora y fue bien curioso porque mi papá, Gustavo Santacruz, me ayudó”.
“Me consiguió el programa de estudios de la carrera con todas las materias y me dijo ‘a ti te gusta mucho la danza’, y entonces por fin me decidí”, recordó.
Una vez inscrita y en el inicio del semestre en verano de 2000 le tocó presenciar una presentación del bailarín Manuel Ballesteros, su actuación la impresionó y comprobó que había tomado la decisión correcta. Meses después, en 2001, Ballesteros la invitó a participar en su primera producción Arriba el Norte, en la que interpretó a una vaquerita.
Segundo Acto. La clave para mi es la constancia y la disciplina, dentro de lo que hago eso me pone alegre y me da satisfacciones para ser feliz”.
“Una vez la maestra Adriana Castaños me dijo que en la danza el éxito se logra con un 90 por cierto de talacha y un 10 por ciento de talento, y es cierto”, exclamó Zahaira emocionada.
Poco a poco su esfuerzo le abrió las puertas, en 2003 Castaños la invitó a integrarse a su compañía Producciones La Lágrima para que conociera a detalle todo lo relacionado con la puesta en escena y preparación de una obra. Un año más tarde debutaría en la compañía con Los Títeres de Cachiporra, en la que interpretó el papel de “Rosita”.
Tercer Acto. En diciembre de 2004 inició la primera temporada de El Cascanueces, donde obtuvo la oportunidad de interpretar a “Clara”, en el momento en el que ya daba señales de madurez, pero llegaba también con temores.
“¡Aaay! se sienten muchos nervios, siempre hay mucha adrenalina y claro me da miedo cada vez que entro al escenario pero quiero hacerlo bien quiero que el público lo disfrute”. Y agrega, “El día que yo ya no disfrute lo que hago me voy a despedir de esto”, reflexionó Zahaira.
“Clara” representa un detalle especial en su carrera como bailarina y artista, no sólo porque se trata del primer papel principal que la bañó con la luz de los reflectores y la atención de los espectadores, sino porque una buena parte del público que asiste a verla cada mes de diciembre son niños.
Ver las caras de los pequeños y sentir el silencio que guardan cuando le doy vida a “Clara” es un aliciente extra porque intento contagiarlos con la misma emoción que yo sentía por el teatro y la danza cuando era una niña.
Cuarto Acto. Ahora, interpretando a Salomé se ha dado cuenta que tiene que trabajar mucho en acondicionamiento físico y actuación porque se trata de un personaje demandante, que puede colocarte a las puertas de la consagración o estancarte.
“Salomé es otro tipo de trama, es un trabajo muy fuerte hay mucho cansancio y requiere mucho estudio del personaje, pero me encanta quiero dejar todo mi cuerpo, mi alma y mente para hacerlo”.
“Una nunca deja de aprender, para mi es muy divertido porque sentir presión es parte del proceso y lo disfruto”, reconoció Zahaira.
Fuera del escenario, esta joven tiene varios planes, uno de ellos es reforzar su formación académica estudiando un posgrado en Bellas Artes en el extranjero, quizá en Londres o Canadá, aún no lo decide y tampoco descarta a futuro crear su propia compañía productora de obras. (Con información de la dirección de comunicación social de la Universidad de Sonora. www.uson.mx)