Hermosillo

Efrén Mayorga

RUTAS DE ALTERNANCIA, en municipios de Sonora

Hacer una análisis político, serio y documentados para su publicación y tener un desempeño laboral en la institucionalidad, no es cosa que se ve todos los días; en Latinoamérica no es cosa de decir mire enchíleme otra torta, créalo usted.

Compra de vestidos nuevos, trajes para hombres, casimires, zapatos nuevos, look modificado para atraer votantes son las principales negocios en boga entre los políicos sonorenses; apenas el sábado anterior una estilista nos comentaba la gran demanda que ha tenido entre las mujeres y los hombres que se dedican a la política para pedirle su opinión sobre que look les quedaría para verse mejor.

Ante la cercanía de los procesos preelectorales y en plenas precampañas políticas por aspirar a ser considerados como candidatos a las alcaldías de la entidad, Bulmaro Pacheco Moreno, ex senador de la república, ex diputado federal, ex dirigente estatal de un partido político, ex secretario de gobierno de un estado y actual director de un colegio para bachilleres, realiza un extraordinario ensayo sobre el tema.

Mismo que a continuación se presenta de manera integra, agradeciendo de antemano al autor y a termometroenlinea.com.mx, permitan su reproducción:

RUTAS DE ALTERNANCIA. Si se quiere hacer una evaluación acerca de los resultados de la alternancia en los gobiernos municipales, principalmente en relación a su eficacia o a los visibles avances o retrocesos de los municipios en sus niveles de desarrollo y en la solución de los problemas prácticos de la gente, revisemos con cuidado y de un sólo jalón las ocasiones en que en un municipio han votado por partidos distintos.

Nos daremos una idea acerca del fenómeno de la alternancia política y su verdadera influencia para que los municipios progresen, avancen o -en su caso- retrocedan.

De entrada diremos que la alternancia municipal ha servido y ha sido útil, en algunos casos revela progreso político y ampliación de las libertades porque fue resultado de un lento proceso de maduración política y social, pero en otros, no ha cumplido con las expectativas ni ha generado los beneficios que se pensaba de ella se obtendrían, porque el cambio se dio sólo “por el cambio mismo”, sin un verdadero sentido en prácticas e ideas, o de visión política.

No existe una constante en la llamada alternancia política en los municipios porque en muchos de ellos el cambio ha sido sólo de partido, pero no de gentes. En otras palabras, quienes insatisfechos con las decisiones de sus partidos se pasan a otro en la época electoral y ganan la elección, no representan una posibilidad de cambio real porque su ingreso a esos partidos se da en función de discordias y reyertas entre militantes de su organización política de origen, no de proyectos, entonces para los municipios han representado sólo más de lo mismo.

En esos municipios no se observa nada nuevo sino al contrario, se reproducen los vicios y muchos de sus problemas se agudizan y se conducen por el camino de la polarización política que en ocasiones tarda en asimilarse y mucho más en diluirse por la cultura política dominante. ¡Ay! los problemas de las venganzas y los cobros de facturas entre grupos y familias.

De los 72 municipios de la entidad, en 64 ha ocurrido ya la alternancia. En el 85% de los casos ésta se ha dado con personas que se salieron previamente de su partido de origen para registrarse en otro, a excepción claro de casos como Hermosillo, San Luis y Caborca, entre otros.

La alternancia tampoco resuelve de fondo otros problemas a los que están sujetos los municipios. “La democracia nos hace ciudadanos, pero no nos hace felices, se ha dicho.” Si bien representa el principio de la solución de muchos conflictos, entre otros el de las tensiones sociales, por el reacomodo de las fuerzas políticas que representan la diversidad, existen otros en los que poco o nada pueden hacer las autoridades municipales con independencia del partido al que pertenezcan, por ejemplo: la centralización de las decisiones de los gobiernos federal y estatales; los cacicazgos de los grupos de presión que tratan por todos los medios de influir en las decisiones más importantes de las autoridades.

Por ejemplo, las que tienen que ver con los nombramientos de los responsables de la seguridad pública, donde se advierte la intención manifiesta del hampa organizada por tener presencia para tratar de garantizar impunidad; entre otros. Otro conflicto es el de la reforma de la propiedad, originado por los cambios constitucionales en la materia que ha dado lugar al surgimiento de nuevos poderes de grupos de presión relacionados con la regulación y las tendencias del crecimiento de los fundos legales en los mismos municipios.

En Sonora, entre 1967 y el 2006, los municipios que más han experimentado la alternancia son San Luis Río Colorado, donde ha ganado otro partido distinto al PRI en 6 ocasiones, las últimas cinco en forma consecutiva. Le siguen Hermosillo con 5, Suaqui Grande con 5 y Cananea, Caborca, Agua Prieta, Bácum, Empalme y Etchojoa con 4. Hay cuando menos 12 casos donde se ha dado en tres ocasiones.

La alternancia en Sonora en lo municipal empezó hace 40 años (1967), cuando el PRI perdió por primera vez en siete municipios, entre ellos Hermosillo y Santa Ana. Al aparecer nuevos partidos políticos en el firmamento estatal se ampliaron las opciones para que los ciudadanos canalizaran sus inconformidades a través del voto y la alternancia se amplió a municipios grandes y con características específicas de desarrollo político a partir de 1979 cuando el PRI perdió por primera vez Cajeme.

No nos debemos confundir, en la alternancia política existen matices diversos muy propios de su expresión y desarrollo. Por ejemplo, un caso es cuando un partido gana con un militante distinto original y genuino y otro cuando la inconformidad se capitaliza por candidatos que ya lo fueron por otros partidos. Entonces el cambio que se esperaba no se da, “viejas soluciones a nuevos problemas”, todo queda a medias, no se observan nuevas aportaciones, y el desencanto ciudadano no tarda en aparecer encauzándose en la siguiente elección a través de otras fórmulas.

Es así como en algunos municipios se ha presentado el que voten en forma distinta por dos o tres partidos tratando los ciudadanos con desesperación de buscar otras alternativas y nuevas expectativas que no se cumplieron, lo mismo sucede cuando se agravan los problemas que originalmente se había pensado se solucionarían con el partido que ganó la elección anterior o, en su caso, por pésimos gobiernos.

En Benito Juárez por ejemplo, y a pesar de ser uno de los municipios de más reciente creación en Sonora, la gente ha votado en épocas distintas por el PRD primero (1997), por el PRI después (2000), por Fuerza ciudadana (2003) y finalmente por el PAN (2006); cuatro partidos en 10 años y Benito Juárez experimenta todavía atrasos notables en su desarrollo social y económico. ¿Material suficiente para la reflexión política o no?

En Huatabampo, en las últimas cuatro elecciones ha ganado el PRD (97), el PRI (2000), de nuevo el PRD (2003) y el PAN (2006). ¿La alternancia resolvió de fondo los problemas del municipio?, por el momento sólo el relativo al reacomodo de grupos políticos, pero no los ancestrales problemas del municipio. De hecho en Sonora, a través de los años, en el sur al municipio que mejor le ha ido con la alternancia es a Cajeme y en el norte a San Luis Río Colorado.

En Cajeme, Etchojoa, Empalme, Guaymas, Nacozari, Huatabampo y Bacoachi, la gente ha votado en distintas épocas por PRI, PAN y PRD. Sin embargo, a unos les ha ido mejor que a otros.
Con nuevos ingredientes y como muestra estatal, en Villa Pesqueira la votación se ha dado entre PRI-PAN y Convergencia. En Imuris, PRI-PAN y Verde Ecologista, en Altar y Fronteras, PRI-PAN-PAS y PT, por dar algunos ejemplos que muestran no necesariamente el desarrollo de determinadas opciones ideológicas o fuerzas políticas arraigadas en determinadas agrupaciones sociales del municipio, sino a fuerzas donde se refleja el conflicto político derivado de las disidencias en algunos partidos, principalmente en el PRI. Por eso la alternancia no guarda un modelo específico o una forma determinada sino que se da en función de los intereses de los grupos que hacen política en cada municipio y de coyunturas específicas de redistribución del poder local.

Profesión de fe partidista se ha dado en los municipios donde todavía no se presenta la alternancia: Álamos, Rosario, Arivechi, San Javier, Huásabas, Trincheras, Oquitoa y Tubutama.
Alternancia genuina con mayor identidad partidista y con una alta aproximación al voto duro opositor al PRI se ha dado sólo en Hermosillo, San Luis Río Colorado, Caborca, Bácum, Empalme, Suaqui Grande y Cananea. En el resto, el voto ha sido volátil y depende de la calidad de los candidatos y de las divisiones en los partidos en cada elección.

Por ello los partidos y sus dirigentes no deben hacerse bolas buscando culpables aquí y allá, trabajando con los mismos gastados y obsoletos modelos de siempre, tratando de luchar contra molinos de viento o ateniéndose sólo a la suerte. Con la alternancia política municipal observada en los últimos cuarenta años ha quedado claro que las libertades ciudadanas y en ocasiones los intereses creados han ganado la carrera a modelos obsoletos de organización, disciplina y activismo político, pero también a la simulación política. Ahora cualquiera puede ganar.

En otras palabras, nada para nadie en muchos municipios en tanto no se perfilen ofertas políticas consistentes y candidaturas atractivas para los electores, lo demás sólo representa sueños guajiros y ganas de seguir asustando con el petate del muerto. Autor Bulmaro Pacheco / [email protected]

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