Las reacciones ante los desastres
Existen pocos estudios que tengan por objeto registrar los procesos de adaptación de los meses o los años posteriores al desastre.
Salud mental para victimas de desastres – Manual para trabajadores (Pan American Health Organization (PAHO) / Organización Panamericana de la Salud (OPS), 1999, 90 p.), Capítulo 3. Etapas del desarrollo de la conducta del damnificado, es un magnifico trabajo, convertido en Manual por Raquel Cohen.
Tratar de comprender a los damnificados, es decir, su sufrimiento, por lo que han pasado y los problemas a los que se enfrentarán en el futuro cercano, es una experiencia humana única, desafiante y que invita a la reflexión.
Las reacciones humanas frente a una catástrofe tal como evolucionan con el transcurso del tiempo, pueden analizarse conforme a las siguientes fases de transición: • Fase de la amenaza. • Fase del impacto. • Fase de recuperación. • Fase de corto plazo. • Fase de largo plazo.
En la siguiente sección, las reacciones humanas documentadas durante estas fases se organizan y se describen según su tipo: biológicas, psicológicas/emocionales, interpersonales y socioculturales. Estos informes no son exhaustivos, puesto que los efectos del desastre interactúan con el conjunto de esfuerzos de adaptación de que disponen los seres humanos para enfrentar las circunstancias desconocidas e incontrolables. Son muy escasas las crónicas documentadas acerca de las respuestas de los damnificados y la conducta de adaptación en la etapa de las últimas consecuencias, tanto en la literatura como en los relatos anecdóticos.
Ante los recientes acontecimientos ocurridos en los estados de Tabasco y Chiapas, sólo se transcriben las tres últimas etapas:
Fase de Recuperación. Perspectiva biológica. Con el tiempo, los damnificados manifiestan reacciones somáticas. Además, los profesionales médicos que atienden a las víctimas informan que aumentan las quejas psicosomáticas, hay más interferencia con las funciones biológicas comunes y una exacerbación aguda de los padecimientos somáticos crónicos. Se informa de aflicciones ardiovasculares, y las enfermedades controladas como hipertensión y diabetes, precisan un reajuste de medicamentos.
Perspectiva psicológica/emocional. Cuando los damnificados regresan por primera vez a su vecindario y comprenden las consecuencias del impacto del desastre, presentan una variedad de reacciones psicológicas/emocionales. Al comenzar a evaluar lo que se requerirá para reconstruir sus vidas, las reacciones observadas abarcan la gama entera de manifestaciones conocidas como luto, duelo, desesperación y “elaboración” de las pérdidas, que los profesionales de salud mental conocen tan bien.
Para muchos damnificados, la vida se convierte en una serie de días dolorosos, mientras lidian con la tarea de lograr la resolución y la resignación. Manejan las emociones personales y las relaciones interpersonales, mientras se ocupan de manera simultánea de los quehaceres cotidianos. A veces, los damnificados viven momentos de intensa impotencia.
Se manifiestan distintos grados de vulnerabilidad que tienden a despojar a las personas de sus defensas adaptativas y de resolución acostumbradas. Algunas veces fallan sus mecanismos psicológicos habituales, lo que les causa problemas para cumplir con las múltiples necesidades que exigen decisiones que tienen que tomar para reconstruir sus vidas.
A veces estas conductas interfieren intensamente con la tarea de tratar con el personal de reconstrucción. Estos trabajadores, quienes tienen que limpiar después que la devastación ha destruido las estructuras de calles y casas, necesitan interactuar con los ciudadanos. Deben utilizar equipo para limpiar los caminos, remolcar árboles desarraigados, reparar tuberías de agua y reconectar cables eléctricos. Para ello, los trabajadores se entrometerán en “los espacios vitales” de los damnificados. Se han documentado reacciones emocionales y violentas que son resultado de los malos entendidos entre damnificados y trabajadores de reconstrucción.
Además tienen que tomarse decisiones e iniciarse las negociaciones con plomeros, arquitectos, bancos y demás instituciones, cuya asistencia es necesaria para devolver el hogar a la normalidad. Estas tareas requieren que la víctima sea capaz de pensar con claridad para resolver problemas y se encuentre en un estado de estabilidad emocional.
No obstante, es posible que estas dos características estén afectadas en momentos tan cruciales.
En esta etapa es fácil lastimar los sentimientos de los damnificados y que entren en conflicto por tener que pedir ayuda. En consecuencia, éstos tienen que suprimir la humillación y el orgullo. La conciencia de haber perdido una sensación familiar de seguridad e independencia, sin saber si alguna vez la recuperarán, aumenta el dolor amargo de esos momentos.
Perspectiva interpersonal. Durante la fase de recuperación, surge una mezcla de pautas de conducta en las relaciones interpersonales, algunas de ellas de carácter paradójico. Por ejemplo, algunos damnificados que prefirieron estar en grupo al principio de la etapa posterior al desastre, cambiarán su conducta y se aislarán, reaccionando con una independencia rígida. Estos individuos tendrán dificultades para intercambiar tareas y recursos y compartir los bienes materiales provistos por el equipo de rescate.
También en esta fase parece difícil que las personas mantengan relaciones continuas y confiables. Estas se enojan con facilidad, se sienten heridas y discriminadas si no reciben su ración justa de recursos de “socorro”, culpan a otros por su destino o se sienten culpables y se vuelven ambiciosos. En zonas donde los recursos son particularmente escasos, parte de la población asume el papel de “víctima” cuando se acumula la frustración, acompañado de exigencias basadas en los derechos, impotencia aprendida, expectativas con respecto a la ayuda y reacciones depresivas.
La intrusión creciente de los eventos que se suceden después del desastre, combinada con las consiguientes pérdidas sufridas, hacen que el individuo se sienta fracasado al negociar con los demás. La persona puede creer que ahora hay “pruebas” de que depende de otros, en lugar de ser fuerte, competente y estar en control. Estas reacciones empiezan a alterar y a distorsionar las relaciones entre el individuo y el sistema de apoyo, y algunos damnificados evitan participar con otros como método para recuperar el control. Con el tiempo, casi todas las personas dejan de menospreciarse y reaparecen sus rasgos de personalidad y aptitudes sociales típicos.
Perspectiva sociocultural. Durante esta fase, surgen en la comunidad grupos e individuos que realizan esfuerzos activos, que ayudan a revitalizar la estructura social de la comunidad y a que los organismos sociales afectados vayan funcionando poco a poco con mayor eficacia. Se recupera un sentido de competencia y predomina la continuación de las funciones para ayudar a los damnificados, a medida que los trabajadores de socorro externos terminan sus funciones en la comunidad.
La actividad religiosa organizada continúa en muchos grupos de la comunidad, a veces con una celebración más entusiasta de los rituales restablecidos y reactivados, como Acción de Gracias por la vida o rezos por los muertos.
Fases a corto y largo plazo. En la fase a corto plazo se observa una reducción del caudal de auxilio a la comunidad. Ésta había culminado justo después de la fase del impacto, con sus actos heroicos, altruistas y benévolos de generosidad dirigida hacia la comunidad misma y al mundo exterior. De modo ocasional, esta efusión de objetos y contribuciones agrega otra dificultad, cuando los funcionarios tratan de ser justos y correctos al elegir a quienes recibirán la ayuda humanitaria.
La documentación de los eventos y reacciones que aparecen en este periodo es escasa en la bibliografía y se describen pocas observaciones en informes. Poco a poco el personal de los organismos de asistencia y de socorro deja la zona afectada, por lo que quedan pocos observadores que documenten las reacciones humanas. Existen pocos estudios que tengan por objeto registrar los procesos de adaptación de los meses o los años posteriores al desastre.
Sin embargo, se sabe por narraciones anecdóticas y artículos de periódico, que casi todos los damnificados reconstruyen sus vidas y que se erigen nuevas construcciones en la comunidad.
Los niveles de readaptación de las personas varían conforme a los recursos de que disponen los damnificados. Algunos grupos siguen manifestando ansiedad crónica y depresión, en especial los ancianos. Una elevada proporción de damnificados parece resolver las situaciones de crisis mediante pautas individuales de adaptación y resignación a las vivencias y pérdidas.
No se sabe cuán extensas son las “cicatrices” de la experiencia del desastre que todavía llevan muchos damnificados. Algunos autores han documentado reacciones psicofisiológicas ante estímulos que son una “señal” del trauma, como el sonido de la lluvia en el techo, los avisos de tomados en los medios de información o el retumbar de un tren que suena como terremoto.
Los damnificados parecen utilizar de manera más intensa y constante sus sistemas de apoyo durante mucho tiempo. Muchos meses después del desastre, siguen teniendo necesidad de “ventilar”, de que los demás reconozcan el carácter traumático del evento, y de recibir la aceptación de una conducta que todavía sienten ajena a ellos mismos.
A medida que la comunidad empieza a ver el trauma producido por el desastre en su debida perspectiva, emergen las historias aclaratorias. El desastre se convierte en un hito que une a los individuos y les permite compartir un sentido de la historia que es única de los damnificados.
Existen pocas investigaciones documentadas en la bibliografía y a título de anécdotas de vivencias acerca de las respuestas de los damnificados y de la conducta de adaptación en la fase de las últimas consecuencias. En la mayor parte de los desastres documentados, una gran proporción de la población regresa a sus actividades aunque sus vecindarios sigan estando en vías de reorganización. Con información y texto de Salud mental para victimas de desastres – Manual para trabajadores (Pan American Health Organization (PAHO) / Organización Panamericana de la Salud (OPS), 1999, 90 p.), Capítulo 3. Etapas del desarrollo de la conducta del damnificado, Etapas del desarrollo de las reacciones ante los desastres. Autora Raquel Cohen