Aterrador el comentario de un anciano tamaulipeco: ”Con ellos (el crimen organizado) se acabaron los robos, tenemos tranquilidad”.
Esta es la edición de fin de semana de la columna, “Café Político”, que publica a diario desde hace más de 25 año mi amigo Don José Fonseca, correspondiente- 4 de enero- al primer fin de semana de 2009.
Café Político es un espacio cibernético en el que se convoca respetuosamente a la reflexión y que busca ofrecer una visión imparcial sobre el acontecer político, económico y social de México.
En texto muestra un descriptivo análisis de la realidad política y social del México actual, mismo que de seguro será de gran utilidad a las reflexiones que usted como persona interesada en el acontecer nacional realiza cotidianamente.
Demos espacio pues al tema, mismo que puede ser consultado en http://www.cafepolitico.com/
“Los retos, sin duda, constituyen los dos grandes problemas que se arrastran desde 2008: la inseguridad pública y los efectos de la crisis económica global.
La inseguridad pública, desafortunadamente, encuentra a la República, a los mexicanos y a sus gobiernos, poco dispuestos a tomar las medidas amargas, desagradables que exige el combate al crimen organizado.
El crimen organizado empieza a extender su control a muchas otras actividades ilegales, como el comercio informal y el contrabando; pero también empieza a garantizarla una relativa seguridad a la población, mediante la violenta eliminación de delincuentes comunes y secuestradores.
No se trata de discutir, como algunos proponen, una eventual e inútil legalización de las drogas, sino de enfrentar con energía y decisión a la paulatina suplantación que realiza el crimen organizado en muchas comunidades y regiones de las tareas fundamentales del Estado: garantizar la seguridad de las vidas y bienes de los ciudadanos.
Aterrador el comentario de un anciano tamaulipeco publicado por la revista Nexos:
… Con ellos, (el crimen organizado) se acabaron los robos, tenemos tranquilidad».
La amenaza no es sólo a la seguridad nacional, sino a la integridad misma del Estado.
Los políticos, los partidos, los funcionarios y hasta muchos medios de comunicación se resisten a ver esta realidad.
De continuar esta lenta y sistemática suplantación del Estado Mexicano, ya no habrá necesidad de «blindar a las campañas y a los candidatos de la perversa influencia del dinero sucio», porque necesariamente los candidatos estarán sujetos en muchas comunidades y regiones de la República a la influencia y presiones de las bandas criminales que ejercen el control.
Y, entonces, como el califa Boabdil, los mexicanos lloraremos como mujeres lo que no supimos defender como hombres.
El país se hundiría en un pozo tan profundo que salir de él requeriría más de una generación.
ECONOMÍA
Todos los especialistas en asuntos económicos y financieros auguran que 2009 será un año de grandes dificultades, las cuales pueden tener graves consecuencias sociales y políticas para los gobiernos y para los pueblos.
Como se ha dicho muchas veces en este cibernético espacio, cada grupo social y político de la República tiene su agenda.
Alguien tiene que coordinar y unificar todas esas agendas para que sean una sola: la agenda de la Nación.
Eso exigirá liderazgo. Y en las actuales circunstancias y en el México que vivimos, sólo el Presidente de la República puede asumirlo.
Todos los grupos sociales, empresariales y políticos tienen que ser convencidos que en esa unidad de agendas está en juego su propia supervivencia.
Ni los más ambiciosos de poder pueden aspirar a gobernar sobre las ruinas que dejarían una crisis económica enfrentada en medio de la discordia y los mezquinos pleitos del interés personal o de grupo.
Para asumir el liderazgo el Presidente Calderón requiere de olvidarse del cortoplacismo político electoral. Demostrar con hechos que está dispuesto a correr todos los riesgos políticos que sean necesarios, para conseguir que la crisis económica global sean los menos para la sociedad mexicana.
Después de todo, una devastación económica y social sellaría la imagen y el destino de su sexenio. Sería un suicidio político.
Pero también es necesario que todos los grupos de la sociedad estén dispuestos a impedir que la nación se deshaga social, económica y políticamente.
A menos que quieran correr el riesgo de que la sociedad decida que se vayan todos.
Y si la crisis causa más daños de lo tolerable para la sociedad, se abriría a la puerta para el surgimiento no del autoritarismo, como simples alegan algunos extraviados, sino para al entronizamiento de un hombre providencial, con toda su carga dictatorial.
Entonces la transición democrática pasaría al arcón de los recuerdos».
Hasta aquí el texto de Don José Fonseca; Cualquier comentario u opinión será bien recibido en [email protected]; así mismo, escuche diariamente su comentario dentro del programa de López Dóriga en Radio Fórmula. Con información y texto de la columna Con el Café (Edición de Fin de Semana) Por José Fonseca: http://www.cafepolitico.com/