+Sentía ganas de llorar al ver tanta esperanza: Papa
+ Despide Peña Nieto,y su esposa Angélica Rivera de Peña, al Papa Francisco en Cd. Juárez
+Texto íntegro. Homilía del Papa en misa binacional en Ciudad Juárez
+Mensaje íntegro del Papa, en su visita al penal de Juárez
+De visita en el Cereso 3, pidió a los presos ayudar a romper el círculo de la violencia y de la cultura de la exclusión
«Me he sentido acogido,recibido por el cariño, la fiesta, la esperanza de esta gran familia mexicana, gracias por abrirme las puertas de sus vidas, de su Nación», señaló Francisco en su mensaje de despedida
El Papa Francisco agradeció a “la gran familia mexicana” por haberlo acogido con cariño, fiesta y esperanza durante su visita pastoral a este país que inició el pasado viernes y concluye hoy.
En un breve mensaje al término de la misa que encabezó en el sitio llamado El Chamizal junto a la línea fronteriza entre México y Estados Unidos, el Pontífice pidió cuidar a los niños.
“Amémoslos. Esos chicos son profetas del mañana, son signo de un nuevo amanecer”.
Subrayó al recordar como muchas mujeres levantaban a sus hijos a su paso por los
caminos que recorrió en la Ciudad de México, Ecatepec, Tuxtla Gutiérrez, San Cristóbal de las Casas, Morelia y Ciudad Juárez, de donde saldrá de regreso a Roma en unos minutos.
Les aseguro que por ahí en algún momento sentía como ganas de llorar al ver tanta
esperanza”, reconoció el líder de la Iglesia católica, quien pidió que la virgen de Guadalupe siga caminando por estas tierras, pues México no se entiende sin ella y porque siga ayudando a los mexicanos a ser misioneros y testigos de misericordia y reconciliación.
“Muchas gracias por esta cálida hospitalidad mexicana”, insistió el Papa, quien citó el poema Hermandad del escritor Octavio Paz:
“Soy hombre: duro poco
Y es enorme la noche.
Pero miro hacia arriba:
Las estrellas escriben.
Sin entender comprendo:
También soy escritura
Y en este mismo instante
Alguien me deletrea”.
El Obispo de Roma dijo al respecto que tomando esas palabras se atrevía a sugerir que aquello que marca el camino es la presencia misteriosa de Dios en la carne de todas las personas, especialmente de los más pobres y necesitados de México.
“La noche nos puede parecer enorme, es muy oscura, pero estos días he podido constatar que existen muchas luces que anuncian esperanza. He podido ver en sus testimonios, en sus rostros, la presencia de Dios que sigue caminando en esta tierra guiándolos y sosteniéndolos en su esperanza.
«Me he sentido acogido, recibido por el cariño, la fiesta, la esperanza de esta gran familia mexicana, gracias por abrirme las puertas de sus vidas, de su Nación», señaló Francisco en su mensaje de despedida. Con información de | Julián Sánchez y Juan Omar Fierro, 17/02/2016 | 19:10 http://www.eluniversal.com.mx/articulo/nacion/sociedad/2016/02/17/sentia-ganas-de-llorar-al-ver-tanta-esperanza-papa
++EL papa Francisco se reunió, en el último día de su visita a México, con personas recluidas en el Centro de Readaptación Social (Cereso) número 3 de Ciudad Juárez. Ahí pidió a los presos ayudar a romper el círculo de la violencia y de la cultura de la exclusión.
Este es el texto íntegro de su mensaje:
“Queridos hermanos y hermanas, les agradezco su presencia.
“Estoy concluyendo mi visita a México y no quería irme sin venir a saludarlos, sin celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes.
“Agradezco de corazón las palabras de saludo que me han dirigido, en las que manifiestan tantas esperanzas y aspiraciones, como también tantos dolores, temores e interrogantes.
“En el viaje a África, en la ciudad de Bangui, pude abrir la primera puerta de la misericordia para el mundo entero. De este jubileo porque la primera puerta de la misericordia la abrió nuestro Padre Dios con su Hijo Jesús. Hoy, junto a ustedes y con ustedes, quiero reafirmar una vez más la confianza a la que Jesús nos impulsa: la misericordia que abraza a todos y en todos los rincones de la tierra. No hay espacio donde su misericordia no pueda llegar, no hay espacio ni persona a la que no pueda tocar.
“Celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes es recordar el camino urgente que debemos tomar para romper los círculos de la violencia y de la delincuencia. Ya tenemos varias décadas perdidas pensando y creyendo que todo se resuelve aislando, apartando, encarcelando, sacándonos los problemas de encima, creyendo que estas medidas solucionan verdaderamente los problemas. Nos hemos olvidado de concentrarnos en lo que realmente debe ser nuestra verdadera preocupación: la vida de las personas; sus vidas, las de sus familias, las de aquellos que también han sufrido a causa de este círculo de violencia.
“La misericordia divina nos recuerda que las cárceles son un síntoma de cómo estamos en la sociedad, son un síntoma en muchos casos de silencios, de omisiones que han provocado una cultura del descarte. Son un síntoma de una cultura que ha dejado de apostar por la vida; de una sociedad que poco a poco ha ido abandonando a sus hijos.
La misericordia nos recuerda que la reinserción no comienza acá en estas paredes; sino que comienza antes, comienza ‘afuera’, en las calles de la ciudad. La reinserción o rehabilitación ‒como le llamen‒ comienza creando un sistema que podríamos llamarlo de salud social, es decir, una sociedad que busque no enfermar contaminando las relaciones en el barrio, en las escuelas, en las plazas, en las calles, en los hogares, en todo el espectro social. Un sistema de salud social que procure generar una cultura que actúe y busque prevenir aquellas situaciones, aquellos caminos que terminan lastimando y deteriorando el tejido social.
“A veces pareciera que las cárceles se proponen incapacitar a las personas a seguir cometiendo delitos, más que promover los procesos de reinserción que permitan atender los problemas sociales, psicológicos y familiares que llevaron a una persona a una determinada actitud. El problema de la seguridad no se agota solamente encarcelando, sino que es un llamado a intervenir afrontando las causas estructurales y culturales de la inseguridad, que afectan a todo el entramado social.
“La preocupación de Jesús por atender a los hambrientos, a los sedientos, a los sin techo o a los presos era para expresar las entrañas de la misericordia del Padre, que se vuelve un imperativo moral para toda sociedad que desea tener las condiciones necesarias para una mejor convivencia. En la capacidad que tenga una sociedad de incluir a sus pobres, a sus enfermos o a sus presos está la posibilidad de que ellos puedan sanar sus heridas y ser constructores de una buena convivencia.
“La reinserción social comienza insertando a todos nuestros hijos en las escuelas, y a sus familias en trabajos dignos, generando espacios públicos de esparcimiento y recreación, habilitando instancias de participación ciudadana, servicios sanitarios, acceso a los servicios básicos, por nombrar solamente algunas medidas. Ahí empieza todo proceso de reinserción.
“Celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes es aprender a no quedar presos del pasado, del ayer. Es aprender a abrir la puerta al futuro, al mañana; es creer que las cosas pueden ser diferentes. Celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes es invitarlos a levantar la cabeza y a trabajar para ganar ese espacio de libertad anhelado.
“Celebrar el Jubileo de la Misericordia con ustedes es repetir esa frase que escuchamos recién tan bien dicha y con tanta fuerza: Cuando me dieron mi sentencia alguien me dijo: ‘no te preguntes por qué estás aquí, sino para qué’, y que este para qué nos lleve adelante, y este para qué nos haga ir saltando las vallas de ese engaño social que cree que la seguridad y el orden solamente se logra encarcelando.
“Sabemos que no se puede volver atrás, sabemos que lo realizado, realizado está; por eso he querido celebrar con ustedes el Jubileo de la Misericordia, para que quede en claro que eso no quiere decir que no haya una posibilidad de escribir una nueva historia, una nueva historia hacia delante, ‘para qué’.
“Ustedes sufren el dolor de la caída, y ojalá que todos nosotros suframos el dolor de las caídas escondidas y tapadas, sienten el arrepentimiento de sus actos y sé que, en tantos casos, entre grandes limitaciones, buscan rehacer esa vida desde la soledad. Han conocido la fuerza del dolor y del pecado, no se olviden que también tienen a su alcance la fuerza de la resurrección, la fuerza de la misericordia divina que hace nuevas todas las cosas. Ahora les puede tocar la parte más dura, más difícil, pero que posiblemente sea la que más fruto genere, luchen desde acá adentro por revertir las situaciones que generan más exclusión. Hablen con los suyos, cuenten su experiencia, ayuden a frenar el círculo de la violencia y la exclusión.
“Quien ha sufrido el dolor al máximo, y que podríamos decir ‘experimentó el infierno’, puede volverse un profeta en la sociedad. Trabajen para que esta sociedad que usa y tira a la gente no siga cobrándose víctimas.
“Al decirles estas cosas un recuerdo de Jesús: ‘el que esté sin pecado que tire la primera piedra’. Al decirles estas cosas no lo hago como quien da cátedra, con el dedo en alto; lo hago desde la experiencia de mis propias heridas, de errores y pecados que el Señor quiso perdonar y reeducar.
“Lo hago desde la conciencia de que sin su gracia y mi vigilancia podría volver a repetirlos. Hermanos, siempre me pregunto al entrar en una cárcel por qué ellos y no yo? Y es un misterio de la misericordia divina, pero esa misericordia divina hoy la estamos celebrando todos mirando hacia adelante en esperanza.
“Quisiera también alentar al personal que trabaja en este Centro u otros similares: a los dirigentes, a los agentes de la Policía Penitenciaria, a todos los que realizan cualquier tipo de asistencia en este Centro. Y agradezco el esfuerzo de los capellanes, las personas consagradas y los laicos que se dedican a mantener viva la esperanza del Evangelio de la Misericordia en este reclusorio; los pastores, todos aquellos que se acercan a darles la palabra de Dios.
“Todos ustedes, no se olviden, pueden ser signos de la entrañas del Padre. Nos necesitamos unos a otros, nos decía nuestra hermana recién recordando la carta a los Hebreos, siéntanse encarcelados con ellos.
“Antes de darles la bendición, me gustaría que oráramos en silencio todos juntos. Cada uno sabe lo que le va a decir al Señor, cada uno sabe de qué pedir perdón, pero también les pido a ustedes que en esta oración de silencio agrandemos el corazón para poder perdonar a la sociedad que no supo ayudarnos y que tantas veces nos empujó a los errores. Que cada uno pida a Dios, desde la intimidad del corazón, que nos ayude a creer en su misericordia. Oramos en silencio.
“Y abrimos nuestro corazón para recibir la bendición del Señor. Que el Señor los bendiga y los proteja, haga brillar su rostro sobre ustedes y les muestre su gracia, les descubra su rostro y les conceda paz. Amén.
“Y les pido que no se olviden de rezar por mí. Gracias.”
Dgp http://www.excelsior.com.mx/nacional/2016/02/17/1075753
++Texto íntegro. Homilía del Papa en misa binacional en Ciudad Juárez
La gloria de Dios es la vida del hombre, así lo decía San Ireneo en el siglo II, expresión que sigue resonando en el corazón de la Iglesia. La gloria del Padre es la vida de sus hijos. No hay gloria más grande para un padre que ver la realización de los suyos; no hay satisfacción mayor que verlos salir adelante, verlos crecer y desarrollarse. Así lo atestigua la primera lectura que escuchamos. Nínive, una gran ciudad que se estaba autodestruyendo, fruto de la opresión y la degradación, de la violencia y de la injusticia.
La gran capital tenía los días contados, ya que no era sostenible la violencia generada en sí misma. Ahí aparece el Señor moviendo el corazón de Jonás, ahí aparece el Padre invitando y enviando su mensajero. Jonás es convocado para recibir una misión. Ve, le dice, porque «dentro de cuarenta días, Nínive será destruida» (Jon 3,4). Ve, ayúdalos a comprender que con esa manera de tratarse, regularse, organizarse, lo único que están generando es muerte y destrucción, sufrimiento y opresión. Hazles ver que no hay vida para nadie, ni para el rey ni para el súbdito, ni para los campos ni para el ganado. Ve y anuncia que se han acostumbrado de tal manera a la degradación que han perdido la sensibilidad ante el dolor. Ve y diles que la injusticia se ha instalado en su mirada. Por eso va Jonás. Dios lo envía a evidenciar lo que estaba sucediendo, lo envía a despertar a un pueblo ebrio de sí mismo.
Y en este texto nos encontramos frente al misterio de la misericordia divina. La misericordia rechaza siempre la maldad, tomando muy en serio al ser humano. Apela siempre a la bondad de cada persona aunque esté dormida, anestesiada. Lejos de aniquilar, como muchas veces pretendemos o queremos hacerlo nosotros, la misericordia se acerca a toda situación para transformarla desde adentro. Ese es precisamente el misterio de la misericordia divina. Se acerca, invita a la conversión, invita al arrepentimiento; invita a ver el daño que a todos los niveles se está causando. La misericordia siempre entra en el mal para transformarlo.
Misterio de nuestro Padre Dios, envía a su Hijo que se metió en el mal, se hizo pecado para transformar el mal. Esa es su misericordia. El rey escuchó, los habitantes de la ciudad reaccionaron y se decretó el arrepentimiento. La misericordia de Dios entró en el corazón revelando y manifestando lo que será nuestra certeza y nuestra esperanza: siempre hay posibilidad de cambio, estamos a tiempo de reaccionar y transformar, modificar y cambiar, convertir lo que nos está destruyendo como pueblo, lo que nos está degradando como humanidad. La misericordia nos alienta a mirar el presente y confiar en lo sano y bueno que late en cada corazón. La misericordia de Dios es nuestro escudo y nuestra fortaleza.
Jonás ayudó a ver, ayudó a tomar conciencia. Acto seguido, su llamada encuentra hombres y mujeres capaces de arrepentirse, capaces de llorar. Llorar por la injusticia, llorar por la degradación, llorar por la opresión. Son las lágrimas las que pueden darle paso a la transformación, son las lágrimas las que pueden ablandar el corazón, son las lágrimas las que pueden purificar la mirada y ayudar a ver el círculo de pecado en que muchas veces se está sumergido. Son las lágrimas las que logran sensibilizar la mirada y la actitud endurecida y especialmente adormecida ante el sufrimiento ajeno. Son las lágrimas las que pueden generar una ruptura capaz de abrirnos a la conversión.
Así le pasó a Pedro, después de haber renegado de Jesús, lloró y las lágrimas le abrieron el corazón. Que esta palabra suene con fuerza hoy entre nosotros, esta palabra es la voz que grita en el desierto y nos invita a la conversión. En este Año de la Misericordia, y en este lugar, quiero con ustedes implorar la misericordia divina, quiero pedir con ustedes el don de las lágrimas, el don de la conversión.
Aquí en Ciudad Juárez, como en otras zonas fronterizas, se concentran miles de migrantes de Centroamérica y otros países, sin olvidar tantos mexicanos que también buscan pasar «al otro lado». Un paso, un camino cargado de terribles injusticias: esclavizados, secuestrados, extorsionados, muchos hermanos nuestros son fruto del negocio de tráfico humano, de la trata de personas.
No podemos negar la crisis humanitaria que en los últimos años ha significado la migración de miles de personas, ya sea por tren, por carretera e incluso a pie, atravesando cientos de kilómetros por montañas, desiertos, caminos inhóspitos. Esta tragedia humana que representa la migración forzada hoy en día es un fenómeno global. Esta crisis, que se puede medir en cifras, nosotros queremos medirla por nombres, por historias, por familias. Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado.
Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres. No sólo sufren la pobreza sino que además tienen que sufrir todas estas formas de violencia. Injusticia que se radicaliza en los jóvenes, ellos, «carne de cañón», son perseguidos y amenazados cuando tratan de salir de la espiral de violencia y del infierno de las drogas. ¡Y qué decir de tantas mujeres a quienes les han arrebatado injustamente la vida!
Pidámosle a nuestro Dios el don de la conversión, el don de las lágrimas, pidámosle tener el corazón abierto, como los ninivitas, a su llamado en el rostro sufriente de tantos hombres y mujeres.
¡No más muerte ni explotación! Siempre hay tiempo de cambiar, siempre hay una salida, siempre hay una oportunidad, siempre hay tiempo de implorar la misericordia del Padre.
Como sucedió en tiempo de Jonás, hoy también apostamos por la conversión; hay signos que se vuelven luz en el camino y anuncio de salvación. Sé del trabajo de tantas organizaciones de la sociedad civil a favor de los derechos de los migrantes. Sé también del trabajo comprometido de tantas hermanas religiosas, de religiosos y sacerdotes, de laicos que se la juegan en el acompañamiento y en la defensa de la vida. Asisten en primera línea arriesgando muchas veces la propia vida suya. Con sus vidas son profetas de la misericordia, son el corazón comprensivo y los pies acompañantes de la Iglesia que abre sus brazos y sostiene.
Es tiempo de conversión, es tiempo de salvación, es tiempo de misericordia. Por eso, digamos junto al sufrimiento de tantos rostros: «Por tu inmensa compasión y misericordia, Señor apiádate de nosotros… purifícanos de nuestros pecados y crea en nosotros un corazón puro, un espíritu nuevo» (cf. Sal 50/51,3.4.12). Y también deseo en este momento saludar desde aquí a nuestros queridos hermanos y hermanas que nos acompañan simultáneamente al otro lado de la frontera, en especial a aquellos que se han congregado en el estadio de la Universidad del Paso conocido como el Sun Bowl. Bajo la guía de su Obispo, Mons. Mark Seitz. Gracias a la ayuda de la tecnología podemos orar, cantar y celebrar juntos ese amor misericordioso que el Señor nos da y que ninguna frontera podrá impedirnos compartir, Gracias hermanos y hermanas, gracias hermanos y hermanas de El Paso por hacernos sentir una misma familia y una misma comunidad cristiana. http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2016/02/17/texto-integro-homilia-del-papa-en-misa-binacional-en-ciudad-juarez
DESPEDIDA EN EL AEROPUERTO DE CIUDAD JUÁREZ:
Dicen adiós a Francisco; vuelve a Roma
++ Despide Peña Nieto, y su esposa Angélica Rivera de Peña, al papa Francisco en Cd. Juárez
Ciudad Juárez, Chihuahua. Para el gobierno de México, realizar una ceremonia especial aquí ante el fin de la visita del papa Francisco tuvo como propósito »agradecer los mensajes de paz, reconciliación y esperanza que su visita ha dejado en los mexicanos».
Así, ya caída la noche concluyó en esta frontera, la visita del jefe del Estado Vaticano con un acto sin discursos en el aeropuerto internacional ‘Abraham González’. Y como llegó, también para esta ocasión asistieron a la ceremonia el presidente Enrique Peña Nieto, su esposa Angélica Rivera, integrantes del gabinete federal y unas cinco mil personas.
Esta vez la salida hacia Roma se da con música y bailables norteños y mariachi.
Peña Nieto y el papa Francisco se despidieron a unos metros del avión de una aerolínea mexicana, a las 19:11 horas, que llevará a la comitiva mexicana de regreso a Roma. La Presidencia destacó también que con el gesto de acompañar al pontífice en su último punto en México, el gobierno refrenda el compromiso del país con el respeto a los derechos humanos y a dialogar sobre acciones conjuntas »para la construcción de un mundo más humano, fraterno y justo».
En la tarima donde sólo fueron colocadas las banderas de México y de El Vaticano, ambos saludaron a sus respectivas comitivas y se escucharon los himnos de cada Estado. De acuerdo con la información de la Presidencia, después de seis días en México, Francisco, el jefe de la Iglesia Católica celebró cinco misas y recorrió 221 kilómetros a bordo de vehículos automotores.
Todas las noches durmió en la Ciudad de México, pero también estuvo en Ecatepec, San Cristóbal de las Casas y Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Morelia y Ciudad Juárez. También dio ocho discursos ante auditorios diferentes, que lo mismo incluyeron a la clase política que a reclusos, a jóvenes e integrantes del sector laboral, entre otros. Con información de Rosa Elvira Vargas, enviada mié, 17 feb 2016 20:14, reportera del periódico LA JORNADA, http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2016/02/17/despide-pena-nieto-al-papa-francisco-en-cd-juarez-8339.html