El dilema socialista: entre Gotzone y Oñate.

A Gotzone Mora, socialista, vasca, española, en un país más decente ya se le habrían dedicado calles, y en las ciudades se la recibiría como entraban los héroes en Roma. Pero no vivimos en un país decente, sino en la España de Zapatero.

Aquí no sólo tiene que vivir escoltada y haber abandonado su tierra después de diez años de amenazas de muerte y acoso diario –es profesora de una Universidad del País Vasco abiertamente en manos del mundo ‘abertzota’-, sino que ha tenido que sufrir algo mucho más grave, si posible fuera: el insulto, la insidia, la calumnia. A uno le pueden quitar la vida, pero estos totalitarios, estos nazis rojos y sus ‘interlocutores’ desleídos lo que han querido quitarle es el honor, la fama de una trayectoria impecable al servicio de las ideas que siempre mantuvo: el socialismo democrático en una España de iguales. Los unos, los etarras y los nazionalistas en general, acusándola de ‘españolista’ para justificar así el crimen buscado. Los otros, sus compañeros de partido, vertiendo sobre ella el aceite hirviente de la muerte civil, la atribución infamante de haberse pasado al “enemigo” (atentos, el PP, no Batasuna…), para preparar la purga que le aguarda. El pasado jueves volvimos a tener aquí, en esta Murcia tan lejana en apariencia del “conflicto”, una nueva muestra de hasta dónde ha sido capaz de llegar el zapaterismo para descalificar a quienes se han opuesto a su indigna y fracasada negociación con el terror.

A Gotzone le zumbieron el pasado jueves en la 7, la televisión autonómica, en el programa de Carlos Dávila, unas cuantas zetavaquillas toreás, a las que se merendó en marmitako de rabo de aparatchik, nuevo plato de la cocina de la dignidad. El caso es que el debate juntó al número tres del PSRM-PSOE, Oñate; un abogado, también militante socialista, que no hacía más que decir que cómo podíamos pensar mal de Zapatero, Señor, Señor; un periodista bilbaíno, Ruiz de Vergara, de posiciones tibias y próximas al PSE de Patxi López –de los que siguen sosteniendo la necesidad de una negociación política-; un guardia civil espectacular nadando y guardando la ropa, no en vano ha llegado a líder sindical; Andrés Ayala, diputado del PP, que replicó lo que le dejaron; y, sobre todo, inmensa, clara, apabullante, sola, esta pequeña mujer con más huevos que el caballo de Espartero.

En fin, casi todos contra ella, porque su mera presencia, sus palabras respetuosas pero llenas de razón, son una prueba de cargo permanente contra un presidente del Gobierno que lo traicionó todo, incluso lo que no se puede traicionar, a las víctimas, para buscar su premio Nobel, su leyenda, su entrada en la galería de los inmortales. Y que sólo ha conseguido entrar en la historia universal de la infamia y de la estupidez.

El momento culminante, y es lo que me ha llevado a escribir estas líneas, tuvo lugar cuando Oñate, el valiente, el audaz jefecillo del PSRM-PSOE que lo único que ha hecho en su vida de aparatchik, de miembro de la nomenclatura, ha sido calentar sillas y vivir del cuento, se atrevió con su media sonrisa de legón cazurro a insinuar que Gotzone era una vendida al PP. ¡Gotzone Mora, que sufrió cárcel y ha estado siempre en la vanguardia del socialismo más humano posible, que lleva diez años esquivando la muerte y que, ante la soledad a que sus ‘compañeros’ la condenaban por oponerse al pacto con la ETA, ha accedido a un trabajo en la Comunidad Valenciana donde Camps la acogió con la justicia y el abrazo que los suyos le negaban! Para descansar, para poder tomar un café relativamente tranquila, para dar un paseo o respirar sin temor. Para ser y sentirse española sin que la maten por ello. En otros tiempos, a este Oñate le habría citado a primera sangre. Aunque no, los duelos son entre caballeros.

Quizás esta anécdota resuma con precisión lo que han sido los últimos años del Partido Socialista, tras la resistible ascensión de Rodríguez hasta ZP: que se han visto entre Gotzone y Oñate. Entre el socialismo fiel a los principios, a la verdad, a la no equiparación de los medios y los fines, a la igualdad, a la soberanía de una nación para todos que es condición previa; y el socialismo de los que prefirieron venderse al nuevo embaucador que venía a ofrecerles el calorcico de los cargos, las prebendas y los coches oficiales, aun a costa de abjurar y renegar de cuanto habían sostenido hasta entonces: la derrota de ETA o el Trasvase del Ebro, por ejemplo.

Para desdicha de España, el socialismo eligió alfombrar a ZP, esa vergüenza que defienden con las sonrisicas de los sectarios aplicados. Los que prefirieron ser leales a las ideas y no a los jefes, son hoy los perdedores, vilipendiados y víctimas de los insidiosos miembros del aparato que arrojan sobre ellos la basura propia: la de la traición. Si Zapatero vuelve a ganar, los Redondo, Pagazaurtundúa y Gotzone Mora ya saben que les espera la purga. El mundo es de los pepiños y los oñates de todos los partidos. Y ésa es la verdadera elección moral que todos hemos de hacer alguna vez: la de decidir entre gotzones y oñates.

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