El enemigo no es el Estatuto manchego, señores regantes, es Zapatero

El próximo miércoles tendrá lugar una manifestación en Murcia, con gentes venidas de todo el Sureste, contra la reforma del Estatuto de Castilla-La Mancha que pretende acabar con el Trasvase Tajo-Segura. De ser así, no habrá agua ni para beber, más de cien mil hectáreas se desertizarán y se perderán miles de millones de euros y cientos de miles de puestos de trabajo.

El artículo que sigue ha sido publicado hoy en «La Opinión de Murcia»

Siguen pareciendo aparceros que van a rendirle cuentas al señorito. A rogarle migajas, fanegas y celemines. A pedirle justicia porque el agricultor de al lado, tan pobre como ellos, les está robando la oliva. Y no quieren enterarse de que es el señorito, Zapatero, quien ha dado la orden de que les roben las olivas, las hortalizas, el agua. De que es el señorito, Zapatero, quien divide y enfrenta para asegurarse así la sumisión feudal de unos contra otros.

Todavía recuerdo cuando los regantes, al mando de Del Amor, acudieron a entrevistarse con De la Vega y Narbona, que volvieron a engañarlos, una vez más, con palabricas y promesas. Luego creyeron, o quisieron creer, que la maestra de Conocimiento del Medio, la señora Espinosa, esa personalidad, les traería las aguas como un diluvio de esperanza.

Pero lo único que ha venido es el estudio del Trasvase del Ródano a Cataluña (ese sí es bueno, ese no va contra “la nueva cultura del agua”) y la propuesta de cargarse el del Tajo. Toda la política del agua de ZP ha consistido, hasta hoy, en contentar a Cataluña (no olvidemos el bochorno del Trasvase a Barcelona), derogar el Trasvase del Ebro, trabajar contra el del Tajo y subir las tarifas del agua hasta niveles estratosféricos para murcianos y otras especies eliminables.

¿Hay alguien que crea, aparte de Del Amor y su Cuadrilla de Inocentes, que Barreda se habría atrevido a algo sin el conocimiento y el permiso de Zapatero? Si hasta las enmiendas del Grupo Socialista en el Congreso son más dañinas contra el Trasvase que las propias propuestas manchegas, ¿a quién pueden quedarle dudas sobre el autor en un partido en el que nada se mueve sin que lo autorice ZP? Ninguna de estas cosas hubieran sucedido sin él, sin su nefasta gobernación.

La derogación del Ebro no era sino la inauguración de un Estado confederal que los nuevos estatutos, impulsados por Zapatero, iban a traer a España con las consecuencias trágicas que ya estamos recogiendo: la inexistencia de una nación capaz de luchar unida contra su hundimiento económico. El Estatuto de Cataluña es la obra magna de esta política para la disgregación definitiva de España, pero no la única: en el de Aragón se establecieron disparatadas reservas de agua; en el de Andalucía se consagraba la soberanía sobre el Guadalquivir, contra la Constitución y con el apoyo lamentable del Partido Popular; en el de la Comunidad Valenciana se determinaba todo lo contrario; Extremadura presentaba un recurso ante el Tribunal Constitucional, controlado ya por ZP, contra el Estatuto andaluz de su mismo partido, y promovía una rebelión interna contra los privilegios catalanes que ellos mismos acababan de aprobar. Y sobre toda esta estupidez, José Luis I, el Cizaña, reinaba como un monarca feudal, enfrentando a sus duques y marqueses, pero permitiéndoles esquilmar a sus súbditos y hacerse despachos nuevos para mantenerlos contentos.

Ahí fue donde Barreda creyó encontrar su bandera para un nuevo ‘nazionalismo mantxego’, que hay que tener cojones, y garantizarse así su perpetuación a la ‘bona maniera’. Si el agua le había dado un espléndido resultado a Marcelino, el presidente aragonés que había hecho de peón de Maragall, a ellos podría servirles para aglutinar una nueva ‘nacionalidad’ en una región dispersa y ajena a cualquier otro sentimiento que no fuera el español. Y, de paso, legitimar un nuevo trasvase hacia el Guadiana que les permitiera montar en la provincia de Ciudad Real, al amparo del AVE, una inmensa Seseña, una repoblación con madrileños que engordara las arcas regionales y los bolsillos de los avispados. Eso era lo que Zapatero había propiciado en otros sitios y no podría negarles a ellos.

Lo envolvieron en ecologismo y narbonismo, pusiéronle lazo de cambio climático (cuando es justo lo contrario) y derechos ‘nazionales’, y le llamaron Estatuto de Castilla-La Mancha. Pero las gentes del Sureste cometeremos un grave error si caemos en la trampa zapatera de las luchas entre comunidades, entre españoles, que este guerracivilista ha convertido en motor de sus políticas territoriales. Los manchegos no han hecho sino intentar lo mismo que otros ya consiguieron. ¿Por qué han de ser los catalanes más que nadie? ¿Por qué pueden los aragoneses fijar reservas de agua como si fuera suya y ellos no? Los responsables no son los barredos -que también-, sino el Estado, que ha hecho dejación absoluta de sus responsabilidades. Es decir, el No Estado de Zapatero. Los estatalistas del socialismo ‘expañol’ han eliminado la presencia del Estado en aquellas cuestiones en que resulta imprescindible, y lo han dejado sólo para joder a la gente, dar el dinero a sus amigos de los bancos y las caixas, y no dejarla fumar o pensar como quiera. Marvelous.

No es el proyecto de Estatuto manchego, pues, el enemigo de la supervivencia –de eso hablamos, de sobrevivir- del Sureste español. Es y ha sido siempre Zapatero. Su infame Gobierno. Que nadie grite el próximo miércoles contra las gentes de Castilla-La Mancha, las cuales nada de esto habrían intentado sin Zapatero como aval. No nos dejemos ganar por las rencillas que el Impostor Sonriente ha traído a España para que se devore a sí misma otra vez. Si ZP hubiera ordenado la devolución del texto manchego desde el primer día, no nos enontraríamos aquí. Si no existieran antrecedentes de nuevas soberanías sobre el agua que van directamente contra España, contra la Nación, a nadie en la Mancha se le habría ocurrido la desvergüenza de intentar eliminar un trasvase para construir otro. Hay que dejar de hablar de solidaridad, porque el agua es de todos, como la energía o el trigo. Hay que volver a hablar de España y de los españoles.

Y echar a Zapatero y que este desdichado partido socialista que se le ha sometido con servilismo indecente no regrese al Gobierno hasta haberse regenerado y limpiado de sus adherencias totalitarias. Esta manifestación debió hacerse en 2004 y en la Moncloa. Y en la Zarzuela, si es que allí queda alguien aún.

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