Cómo recibir al 2010 sin darse un trastazo

Sin esperanza, con convencimiento, como nos enseñó el poeta. Sin esperanza, porque el año promete ser la cansina reiteración de lo que fue el 2009, un goteo de parados y corderos que asisten indiferentes, inermes, extrañamente abotargados, al despliegue de infinita impostura con que se nos dirige a la ruina. Sin esperanza ante el reino de las mentiras con que el Régimen (del Rey abajo, todos, del Rey arriba, el Rey), sus fantoches, sus instituciones cooptadas y pastoreadas, sus sindicatos de nomenklatura y tripa, sus partidos truhanizados, sostienen la estructura corroída de una Constitución que nació para la concordia y la igualdad y que traicionan cada día que el sol sale.

Y cuando llueve, también. Incluso entre la nieve brilla majestuosa la sonrisa de daga blanda de José Luis Rodríguez Zapatero viendo su obra culminada: el rencor, el sectarismo, las dos Españas en plenitud otra vez. Hasta los muertos parecen querer que no los encuentren para no ser usados como arma arrojadiza.

Por lo demás, de España empieza a no quedar ya más que el odio, esa fuerza de la historia que el ‘nousocialisme’ ha sabido inculcar entre hombres y mujeres, fumadores y no fumadores, taurinos y antitaurinos, españoles y separatistas, manchegos y murcianos, católicos y enemigos del crucifijo, abortistas y antiabortistas, ‘progres’ y ‘fachas’, guayominos y hermannicos, cineastas y cineados, artistas de la ‘zeja’ e internautas, belenistas y antibelenistas… casi no hay aspecto de la vida expañola donde no haya sembrado la cizaña le Grand Emmerdeur. Je le dis en français, que c’est plus comme ça. Aunque para este caso la traducción que prefiero es la literal, la más literal, o sea, el Gran Enmierdador, que así “todo está mucho más claro”. Ustedes me sabrán perdonar.

Impasible, como si no pasara nada, el Gobierno sigue entregado a la ingente (cada vez menos) tarea de deshacer España, con el ingenioso pretexto de cumplir unas leyes que él mismo hizo con ese fin: disolvernos en nacioncitas de Jesmar. Cuando todo el mundo sabe que este desvarío y la ruptura del mercado son factores esenciales de nuestro hundimiento, los socialistas reparten lo que fue una nación como se parte en Caravaca el ‘alfajol’: con alegría de Navidad, digo, de Solsticio.

El pasado martes, por no ir muy lejos, firmaba Chaves la entrega de la Renfe a Cataluña en todo lo que tiene que ver con cercanías y con las comunicaciones entre ciudades catalanas. Sin déficit, por supuesto, limpia como una patena, como nos dijeron que iban a dejar el ‘Estatut’ dels collons. Mientras aquí tenemos que pagar hasta para que haya trenes a Lorca y Águilas, seguimos sin un solo kilómetro de línea electrificada y los pepiños del Adif no paran de anunciar las grandes mejoras para dentro de un lustro, a los nacionalistas catalanes les trocean la Renfe de todos y les dan su parte, para que, antes de que el expolio pueda resultar declarado inconstitucional, sean de facto el verdadero Estado que Zapatero les prometió.

Ya no tenemos ni unidad ferroviaria y Rajoy ni rechista, no vaya a ganar algún voto entre los catalanes que siguen añorando a Vidal-Quadras y a una oposición digna de tal nombre. A partir de ahora, los trenes serán todos catalanes, y en catalán, claro, salvo los que vengan del “estranger”, Francia y España, tierras de Toros. Ya tienen su Hacienda y su Agencia Tributaria, con casi todos los impuestos cedidos; su policía y sus guardias de tráfico; su política exterior y de cooperación internacional (cuando les secuestran a los cooperantes, entonces pagamos los españoles, eso sí); su reconocimiento como nación en pie de igualdad con España –eso es la bilateralidad, lo importante es eso y no que diga o no nación- para negociar e imponer a las comunidades de baja estofa todo lo que a Cataluña convenga; y hasta sus votaciones de independencia para asustar a los barcelonistas imbéciles de las Españas con quitarles el Barça.

De mentirijicas, claro, para qué van a querer la independencia si nunca nos sacaron más la sangre que ahora, cuando ya todos los impuestos sobre lo que nos venden no repercuten más que en su provecho. Dirá esta izquierda apesebrada que a los demás se nos ha dado lo mismo. Buena política fiscal, ‘redistributiva’, la de esta Zurda que devuelve a los ricos lo que es de los ricos y a los pobres lo que es de los pobres. El Evangelio según San Zopenco.

Tendremos que reírnos. Aunque no hay que descartar que prohíban la risa, los chistes, siempre tan incorrectos. Sólo nos queda el descojone con la última de Aído, que quiere acabar con los váteres ‘de género’, o viendo a ZP, tribuno de sainete, arrastrar por Europa y el Mundo y el Planeta el orgullo español, lo único que nos alimentó durante siglos. Paciencia y resistir. Hacernos italianos, aprender a sobrevivir sin Gobierno, sin esperanza, con convencimiento. Sabiendo que le queden los años que le queden, hoy es ya uno menos.

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