Zapatero no está muertoak

Eso, y no otra cosa, es lo que ha venido a decir Mayor Oreja. Pero todas las plañideras de España se han echado al monte a verter ‘lágrimos’ como ríos, han rapado sus cabezas y se han azotado con racimos digitales las espaldas de plasma. La izquierda zapatera, que lo estaba esperando, porque así pueden volver a esgrimir su honor mancillado de señoritas con mechas calumniadas por la derechona. Y la derecha-centro-progresista-no-se-sabe-qué, porque las palabras de Mayor, diciendo lo que todo el mundo sospecha, la pone de nuevo sobre la pista de aquel partido que fue cuando se oponía al zapaterismo en algo más que la subida del IVA.

Inoportunidad y falta de pruebas son los reproches esenciales que se le han hecho a Oreja. Y es verdad. Jode oírlo ahora, en medio del desmoronamiento de tantas cosas. Es un señor un poco cenizo, un agorero que en pleno funeral de nuestro sueño de prosperidad truena para anunciarnos nuevas plagas. Es el Tío de los Saines de las leyendas infantiles con que nos asustaban para que nos dejáramos poner las inyecciones, el augur que acompañaba a los vencedores a su entrada en Roma con aquel “recuerda que eres mortal, recuerda que eres mortal”. En medio del desvarío de la crisis, agobiados por las deudas a los bancos que a los bancos se les perdonan, viene encima este Garrampón vasco a espetarnos un recordad, españoles, quién os gobierna, quién vive en la Moncloa, quien os ha mentido, os miente y os mentirá.

Y no estamos para trotes añadidos cuando Europa empieza a mostrar su verdad de cartón, su naturaleza de aire y jabón de la que todos saldrán corriendo cuando haya que sostener lo insostenible: esa moneda única de la que la España del gasto sin fin acabará por ser amablemente expulsada antes de que les hundamos otra vez el Titanic.

Vivamos la primavera, pues, y asistamos al espectáculo de estos dos próximos años. Hemos de ver prodigios. Sabemos que España está exhausta y rota, que nos van a dejar sin agua y nos machacarán a impuestos, y que millones de parados no volverán a encontrar nunca un trabajo decente. Pero Él maquina. Él no deja de intrigar consigo mismo nunca. ¿Hay alguien todavía en España que crea que no va a preparar algún golpe de efecto magistral, una de esas maniobras de niño malcriado y resentido que hacen estallar de gozo a este narciso enamorado de sí mismo, para volver a ganar las elecciones? Zapatero no ha hecho otra cosa en su vida más que concebir putadas beneficiosas para sí mismo y devastadoras para sus adversarios. Es implacable y carece de otro horizonte que no sea el poder. La mentira es su naturaleza.

Y se nos había olvidado. En nuestra desgracia económica, y entretenidos por esa Cataluña socialista que acaba de prohibir que a España se la llame nación, la ETA era un lejano rumor. Perseguidos, vulnerables y menos preparados que nunca (la LOGSE también ha acabado con ellos), los etarras son ya una excrecencia de la Historia. Sólo les faltaba enfrentarse a Francia para que sus días estén, ahora sí, “contados”. Pero si desaparecen solos no le servirán a nadie. La lucha es hoy, subterránea, callada, por su herencia. Son los cien mil votos que han de decidir el futuro de los vascos.

Si van al PNV, como refugio del voto abertzale, los nacionalistas volverían al poder para otro siglo. Sin embargo, si se produjera la misma reconversión que acabó con los terroristas de Terra Liure desembocando en la Esquerra, entonces, otra vez, siguiendo el modelo catalán, la ETA-Batasuna volvería a ser la llave de los gobiernos, la que los pondría y quitaría con sus alianzas, la raíz cuadrada de los nuevos tripartitos, acaso hasta en Madrid. Y para ello necesita tener dos aliados posibles y enfrentados: el PNV y… ¡el PSOE! Premio. El Régimen.

Eso es lo que ha dicho Oreja, sombrío padre prior que nos amonesta para que no olvidemos que estamos en Cuaresma y entre los garbanzos anda Zapatero: que son aliados potenciales, y que lo serán justamente cuando la lucha armada resulte inviable para siempre. Cuando, como Cataluña ha demostrado, gracias a ZP, la autodeterminación, aunque sea de mentirijicas, pueda organizarse pacíficamente con gobiernos socialistas en Madrid y Vitoria. Seguramente, hasta ganarán la Liga.

En fin, que pensando mal, y con Zapatero hay que pensar siempre mal, la actual política antiterrorista, la única que merece tal nombre, la que marcó el PP hasta que el propio Z se la cargó, no supone desmentido alguno a las intenciones secretas de Zapatero. Su diseño fue desde el principio ofrecer al nazionalismo vasco una salida a la catalana. De ahí el Estatut, del que ha vuelto a reiterar su constitucionalidad, las cesiones permanentes al victimismo catalán, y su reconversión general de España en una confederación de naciones y regiones al modo de la Unión Soviética. Y no me refiero al sistema económico, aunque a muchos ya les gustaría, sino a la articulación territorial de autonomías en escala: repúblicas, regiones, nacionalidades, etc.

Y, de paso, rematar otra vez al PP. Eso también se lo ha dicho Mayor a los suyos: que no den nunca a Zapatero por muerto. Que pongan, en fin, la oreja.

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