Los boxeadores sonados (ETA y ZP)

Se han ido abrazados a las cuerdas a la espera de que uno de los dos desfallezca y salve a su adversario. Todas las reacciones de los medios adictos pretenden ocultar el hecho esencial: que ninguno de los púgiles cree en la victoria, en el K.O. definitivo del otro. Y quizás ni siquiera lo busque.

En el caso de la ETA, porque sabe que el Estado (o sea, los españoles, todos los que pagamos más impuestos para sufragar a dos de las regiones más ricas de España) ya les ha dado cuanto se podía dar. No queda más que la independencia. Y ni siquiera una Nación inacabada en un Estado fallido comandado por un irresponsable mendaz, como España, puede suicidarse sin consecuencias ante el público en general.

Por su parte, por la del púgil Régimen ZP, aunque va ganando claramente a los puntos y tiene arrinconado al contrario, necesita desesperadamente que su enemigo arroje los guantes antes de un final para el que ya no le queda tiempo.

Por eso negocian, han negociado y negociarán. Están en juego no sólo el presente, sino el futuro de ambos. El Nuevo Orden que reinará en el Gimnasio de España. Los tripartitos que siguen siendo el proyecto del social-zapaterismo para la exclusión de media España de la naciente Península Asimétrica y Foral.

Hoy bailan ambos en las cuerdas. Se mueven al unísono amenazando con seda el hígado contrario. Se bisbisean y se eguiguran, se oteguizan y se rubalcaban. Saben que dependen del otro. Unos quieren volver magullados pero gudaris a las fiestas con chistu, a los prados abertzales con vaquitas e idiazábal, a las navarras reunificadas. El Otro, los Psotros, sueñan con levantar el brazo del acuerdo, del fin del combate bajo los focos y los aplausos. Eso es todo: danzan, golpean, vuelven a su rincón y esperan nerviosos. Sólo les quedan meses.

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