Adiós, sindicatos (el gran simulacro)

Las gloriosas organizaciones sindicales de esta hora de España, dirigidas con mano firme por Tojo y Méndez, e ideológicamente alimentadas por las productoras audiovisuales catalinas y chiquilicuatres del entorno de Buenafuente (catalanes son el guionista y los intérpretes de los vídeos neozafios de la UGT, y por eso el malvado jefecillo que aparece tiene siempre un forzadamente vulgar acento del sur, imágínense qué hubieran dicho si una productora ‘española’ le hubiera puesto acento catalán a una patochada semejante…) han puesto sus fuerzas al servicio de dos conquistas esenciales y ya próximas:

1º Hundir al movimiento histórico de representación y defensa de los asalariados, que ya no levantará cabeza ni se recuperará del fracaso de esta huelga general, ni, sobre todo, del descrédito de unos sindicatos que todo el mundo identifica como lo que son y han sido: parte esencial del régimen zapaterista contra el que ahora fingen levantarse en lo que no será más que un inmenso simulacro. Las huelgas generales se hacen para derrocar gobiernos o no se hacen.

2º Salvar así a Zapatero, reafirmar su cínico cambio de política, ayudar al sostenimiento del más redomado hipócrita que vio nuestra democracia, esa anguila palaciega que ha hecho de los principios y las ideas una pista deslizante para su ascenso y solaz.

Este fiasco de los suyos, de esos sindicatos serviles a los que alimentó y le sirvieron de tumbona y empalizada contra las verdaderas reivindicaciones de la España que trabaja, o trabajaba, ha de resultar paradójicamente su principal refuerzo. Si nadie se opone a su voladura del Estado de Bienestar –del que durante seis años hizo emblema y señuelo, decorado y farsa-, si nadie sale a la calle, y nadie lo hará, para sumarse a la huelga general más justa y justificada de los últimos 35 años, entonces es que el Presidente cuenta con la aquiescencia de los españoles para expoliarlos después de haberlos arruinado.

Y así se publicitará. Tojo y Méndez habrán conseguido que el rechazo hacia lo que ellos significan, a su sostén incondicional y sicario de la sarta de mentiras que Z ha endilgado a España en estos años, se convierta en el arma principal con la que ese mismo Z acabará con cuanto les dio sentido. Tojo y Méndez se habrán inmolado, en dramática escena final de la opereta, para culminar su vasallaje al señor contra el que dicen rebelarse. Luego los mantendrá como a los títeres de la farsa, embalsamados, subvencionados y a sus pies para seguir conteniendo lo que hubiera debido ser un estallido social sin precedentes.

Además de, como es lógico, las pocas y minoritarias radios y televisiones opuestas a ZP y a la grey sindical (de la que hay que salvar a los sindicatos decentes, como USO, y a las organizaciones profesionales que han de ser el futuro), en todo el resto de medios, en el enorme complejo mediático del zapaterismo se repetirán hasta la saciedad las escenas y los datos del descalabro de los liberados.

Lo harán, ya digo, las televisiones y radios públicas controladas por el PSOE, y sobre todo los grupos de los progres millonarios que lo apoyan, el unánime consorcio nazionalista de los medios catalanes y vascos, y hasta las televisiones basura, interesadísimas en que los nuevos ídolos de los trabajadores ya no sean Nicolás Redondo y el gran Marcelino Camacho, dos hombres ejemplares, sino Belén Esteban, J.J. Vázquez, Cantizano, Jordi González y Carmen Lomana.

Será, pues, todo ese conglomerado capitalista-estalinista que ha constituido la división blindada del zapaterismo, el que se lanzará a devorar los restos de los cadáveres sindicales, el que llevará hasta la Moncloa en su pico los fragmentos de la derrota para que el Líder ‘Zupremo’ los incluya en su colección de purgados.

Allí el fantasma de la Izquierda Unida que lo avaló con su silencio y apoyo durante tantos años, y en la que ya no creen ni los suyos; allí, estos sindicatos que lo ensalzaron como defensor de los derechos sociales; allí, los homosexuales, a los que engañó con el matrimonio mientras endurecía el acceso real de las parejas de hecho, gays y heterosexuales, a las prestaciones y beneficios de la seguridad social, de lo que hablaremos en próxima entrega; allí, los nazionalistas, a los que azuzó contra España e ilusionó con la independencia, para luego refugiarse en el Tribunal Constitucional y echarles la culpa a los pardillos del Pepé; allí, la vieja guardia socialdemócrata, lacaya también, resumida en el brazo incorrupto de Alfonso Guerra alzándoe en Rodiezmo tras haber votado la reforma laboral; allí, en fin, el cadáver de España, esquilmada para reflotar bancos y cajas que debieron hundirse junto a las sanguijuelas que los sangraron.

Zapatero, siempre cobarde con los fuertes, es en cambio una trituradora que ha demolido a cuantos le han servido para satisfacción de su único objetivo: perdurar. Ha hecho lo mismo que Fidel Castro: reconocer que su sistema no sirve. No sirve el comunismo, que no sirvió nunca, y que hoy es ya sólo el espectro, la huella del crimen.

Pero tampoco sirve ya la socialdemocracia, y eso es todo lo que nos pasa. El sarcasmo consiste en que haya venido a revelar y administrar tan incómoda verdad uno de los mayores mentirosos de nuestra historia. Y que se subleven contra esa verdad, ya inocultable, quienes fueron sus cómplices en el engaño.

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