Ocurrió en Murcia

Ahora que los privilegios catalanes han obligado a Z a abrir la caja (vacía), y que la mayoría de los sindicatos acaban de pactar con Valcárcel, quizás sea el momento de hacer balance de lo sucedido en Murcia durante los últimos dos meses. Y lo ocurrido tiene mucho que ver con tácticas de todos conocidas: la izquierda aprovechó unos recortes salariales mucho menores que los de Zapatero en mayo, para lanzarse a una campaña de agit-prop que resquebrajara el fortísimo apoyo electoral que las últimas encuestas daban al presidente murciano.

Por resumir, y para que se hagan una idea, a los docentes se les bajaban 1.000 euros anuales frente a los 2.500 de media que lo había hecho ZP, a lo que se unía, para todos los funcionarios, la revocación de los acuerdos por los que habían pasado a trabajar 35 horas en vez de las 37 y media establecidas en la función pública. En cuanto al sector sanitario, los recortes afectaban a las guardias y permanencias de manera sustancial, aunque viniendo a dejar la situación en la media española. Pero sin duda una de las claves es que se reducían los liberados sindicales de 330 a 150.

No hay duda de que los recortes suponían pérdida de derechos adquiridos y disminuciones salariales que, sobre todo, representaban un segundo ‘palo’ en los cuerpos ya apaleados por ZP de los empleados públicos. Y ante la ocasión, los sindicatos amigos se lanzaron al cuello del PP regional, movilizaron a toda la Ziquierda y a muchas otras gentes, funcionarios y familias, ya hartos de que siempre les tocara a ellos, mientras, en paralelo, por ejemplo, Sus Señorías diputados y senadores se garantizan privilegios inacabables.

La confluencia de injusticia y demagogia, de hastío de los trabajadores públicos y de excelsa caradura de una izquierda que nada había hecho cuando los recortes zapateriles, o que acaba de firmar un bajada histórica de lo que cobraremos de pensión, si alguna vez cobramos algo, terminaron por convertir en imparable el movimiento contra las medidas de un Valcárcel que en el decreto y antes del decreto había cometido graves errores.

En primer lugar, el que hasta el último momento el PP había seguido gobernando de la mano de los sindicatos y procediendo a subidas, homologaciones, promociones internas, aumentos de plantilla y subvenciones sindicales que han terminado por resultar insostenibles. Si la Administración del PP se ha caracterizado por algo ha sido precisamente porque su insistencia en la concertación ha llevado a que en la Comunidad, en aras de una muy equivocada idea de la paz social, no se pusiera una coma sin que lo autorizara el comisario sindical de turno. Y ya se sabe lo que ocurre donde mandan los sindicatos.

Y en segundo, que los peor tratados han sido los docentes, los más numerosos, maestros de primaria y profesores de instituto y de escuelas de arte, teatro, conservatorios, idiomas, dejando fuera de los recortes salariales a los profesores universitarios (los intocables de la India, pero al revés) y a los funcionarios de la administración general, a los que sólo se les anulaban recientísimas subidas. Y el personal, sobre todo docente, se cabreó. Y la Ziquierda olió el cabreo.

Añadamos que el dominio de las redes sociales y la capacidad de comunicación del conglomerado PSOE-IU-Sindicatos frente al PP, cuya capacidad para el agit-prop no pasa del nivel sonajero, anularon la repercusión de las tímidas y más que tardías justificaciones que desde el Gobierno regional se dieron para medidas tan impopulares, las cuales tenían su origen en la asfixia a que Zapatero ha venido sometiendo a la Región de Murcia durante su desgobierno, eliminando casi por completo las inversiones (salvo en las dañinas e inútiles desaladoras, que ni siquiera funcionan al completo siete años después), y negando la revisión del censo a la hora de la financiación en una comunidad que ha aumentado en casi un ¡50%! su población en la última década, y que se ha dejado en la sanidad, la educación y los servicios para esa inmensa masa migratoria lo que no tenía y no le financiaron.

Y aun así, hablamos de la cuarta comunidad menos endeudada de España, con un total de 2.000 millones de euros, mientras sólo la Cataluña social-nacionalista de Pujol-Maragall-Montilla ha superado ya los 40.000 millones de euros. Veinte veces más, con una población sólo cinco veces mayor, y con prácticamente las mismas competencias.

Pues, como acabamos de ver, a Mas no se le ha negado nada, aunque ahora finjan, mientras a Murcia se la ha conducido a la quiebra de facto. Es muy injusto que una comunidad con una deuda pequeña, acusada de despilfarro por la propaganda socialista (¡los socialistas acusando de despilfarro!), pero bastante austera y hasta cartuja en comparación con otras, vaya a pasar como la primera en la quiebra en cadena que nos espera gracias al ZePorro.

La diferente respuesta contra unas medidas y otras ha resultado en estas semanas, obviamente, bochornosa. Se trajeron hasta autobuses desde las regiones vecinas, como confesaron algunos manchegos a un periodista de La Verdad en la última manifestación. Pocas veces se ha dado un tal espectáculo de cinismo y desvergüenza como el de ver a los políticos del PSOE marchando a la protesta contra unos recortes salariales menores que los que ellos habían aplicado pocos meses antes.

En las marchas y concentraciones se llegó a comparar a Valcárcel con Hitler y Pinochet, representándolo con bigote nazi y llamándolo incompetente, corrupto, dilapidador, etc. Lo más divertido es que hasta por dos veces, en apariciones televisivas, Zapatero mostró su apoyo al presidente murciano, aplaudiendo su política (con la sana intención de usarlo como batiente contra el resto de presidentes, hasta que le llegó Mas), mientras su partido y sus sindicatos en Murcia improvisaban explicaciones en el mejor estilo del gran Antonio Ozores, con quien tanto reímos.

La campaña de difamación fue, así, paralela a las manifestaciones: Valcárcel es un corrupto al que le mandaron un fiscal anticorrupción especialmente dedicado que no ha conseguido nada en cinco años, mientras su ‘sobrino’ (hijo de un primo de su mujer, no familiar directo), Pedro Alberto Cruz, consejero de Cultura y Turismo, era el pequeño Calígula caprichoso que dilapidaba bajo la sombra del ‘tío’, mantra archirrepetido por los movimientos sociales de oposición desde prácticamente su toma de posesión cuatro años atrás. Los ‘derroches’ han conseguido que Murcia aparezca hasta en el New York Times como ciudad emergente en cuestiones de arte y cultura contemporáneos y hoy cuenta con un cartel internacional impensable hace unos años. Otra cosa es la opinión que nos merezca el arte contemporáneo, que en mi caso es directamente escatológica.

Lo que es un despilfarro en sí mismo es que existan Consejerías de Cultura, Ministerio, etc. un modelo de la izquierda al que la izquierda se opone, curiosamente, sólo cuando no es ella la que se gasta el dinero en arte contemporáneo. Lo que se ponía en cuestión no era, por tanto, el gasto en Cultura, sino cómo horadar el soporte electoral con que contaba hasta esos días el PP. Y, en ese contexto, Pedro Alberto Cruz era la pieza a cazar (me refiero políticamente, no establezco la menor responsabilidad directa, con los acontecimientos posteriores), pero buscando un efecto y una pieza mucho más grande:Valcárcel.
Cruz era una fisura que la propaganda y la maledicencia fueron aumentando durante años hasta abrir un boquete en la solidez del presidente regional.

Y así fue cómo la tensión fue subiendo a cada manifestación. Desde la primera, en que se había agredido a un visecretario del PP, a un senador y a la hija del propio Valcárcel, pasando por la insistencia en arrojar huevos contra la fachada de su casa particular (en la que viven otras 24 familias), o persiguiendo a los consejeros del Gobierno allí donde se presentaran. Hasta la performancia final, el salvaje atentado contra Cruz, al que al grito de ‘sobrinísimo, hijo de puta’ estuvieron, simplemente, a punto de facturarlo.

Quisieron mover el árbol, pero no previeron que las heces nos alcanzarían a todos. Aquí nunca nos llegan las nueces. No puedo asegurarlo, pero mi convicción es que fueron borrokos de fuera, llamados por la extrema izquierda local, los ejecutores del atentado. ‘E se non è vero, è ben trovato’, porque fue lo primero que pensó todo el mundo, sobre todo los que se alegraron. Cuando a alguien lo señalan constantemente como facha, extrema derecha, etc., no es que se le quiera matar, pero se le pone aun inconscientemente en la diana de los descerebrados.

La respuesta de los sindicatos y la izquierda, entre golpes de pecho, ha sido que lo que le ha ocurrido a Cruz no tiene nada que ver con el acoso y difamación que se vieron fuertemente incrementados en el último mes. Y que el PP se ha lanzado, carroñero, a acusar a la oposición de cierta responsabilidad ambiental en el atentado, para sacar rédito político, del que al parecer están muy necesitados, pues las últimas encuestas sólo les atribuían el 62,2% de expectativas de voto. Juzguen ustedes.

Sólo hay que imaginar lo que hubiera ocurrido en España si un consejero socialista hubiera sido atacado en un contexto de manifestaciones de la derecha, reventamiento de actos socialistas, agresiones a socialistas, lanzamiento de huevos a socialistas, difamaciones sobre socialistas y hasta agresiones a la hija de un presidente socialista. Espeluzna.

Afortunadamente, la mayoría de los sindicatos han firmado ya un arreglo que deja las cosas en empate. Otros tres, los llamados de clase, debe ser alta, UGT, CC.OO, Ste., parece que quieren alargar las movilizaciones a ser posible hasta mayo, no sabemos si incluyendo la jornada de reflexión de las elecciones.

Ahora falta saber si Zapatero permite o no el endeudamiento de la Comunidad, según lo que le impongan los señoritos catalanes que mandan en España desde hace 150 años. Si no hay endeudamiento, toda esta guerra y paz habrá sido un anticipo ligero de lo que vendrá, porque no serán recortes, sino que no se podrán abonar las nóminas. Y si hay endeudamiento, peor, porque al final las facturas hay que pagarlas o te embargan.

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