Las hienas y los santurrones

En los belenes catalanes acabarán poniendo a Messi en lugar del Niño Jesús, y su padre será Sant Josep Guardiola. Eso es lo que nos han vendido durante estos últimos años desde el incesante aparato de agitación y propaganda que es la prensa catalana (y la mitad de la española). A mí siempre me parecieron dos santurrones, un par de soberbios que se presentaban a sí mismos bajo el disfraz modoso de la humildad. Como emblemas del catalanismo, la doblez y el fingimiento eran sus armas. Tuvo que venir una pareja de hoscos y claros portugueses, uno de ellos un broncas, para que las hipócritas esfinges catalanas mostraran su rostro verdadero. El chico bueno, la pulguita mimadita, el que hace alineaciones y veta a compañeros, volvió a ser pillado escupiendo a sus rivales y esperándolos en un aparcamiento para insultarlos. Si le hubieran roto la cara, como a Cristiano en el campo del Levante, habría habido una nueva edición de la revuelta dels segadors. Para encubrirlo, ahora mandan a sus somatenes mediáticos de TV3 para pintar como hienas a quienes no le rinden pleitesía. En cuanto al fariseo mayor, hace unas semanas, cuando se supo que iba al Bayern, tuvo la desfachatez de presentarse, sepulcro blanqueado, como incapaz de negociar con un equipo con entrenador. ¡Y ya había firmado! Le faltaron sólo unos golpes de pecho. Falsos de toda falsedad, Molière los desnudó en su Tartufo cuando aún la literatura iluminaba el mundo y los hombres distinguían entre el bien y la mentira.

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