Putas

No sé qué sería más razonable para nuestra salud moral y estética: si limpiar las calles de putas o de administradores de cajas de ahorro. Lo que acabo de escribir es demagogia, lo sé, pero se trata de demagogia en defensa propia. Y de las putas, que no tienen la culpa de que la vida apriete. No hay duda de que las putas son más visibles que los sinvergüenzas con aifón y tableta. Pero las tabletas peligrosas ya no son las de costo, sino las de ápel o sámsung. Sigo con la demagogia. Tampoco entiendo el escándalo de una sociedad que abandona a sus hijos delante de unas televisiones llenas de putas, y de cosas mucho más execrables, pero persigue al proletariado de las putas, las de la calle, las putas de frontera, las putas sin cama. En Francia, el socialismo feminazi también quiere acabar con ellas. Quieren protegerlas dejándolas sin clientes. La mafia era más piadosa con sus tenderos. Hay una ola de demagogia mucho peor que la mía. La demagogia del nuevo puritanismo (contra el tabaco, las putas, los toros, el boxeo, la manteca de cerdo o las parejas de hecho, que siguen sin tener una ley…) donde coinciden la izquierda, que ya no sabe cómo llenar su vacío, y una buena parte de la derecha, la de siempre. España puede desaparecer, que les da igual. Lo grave son las putas. Ese es su único consenso, la demagogia ‘transversal’ sobre la cual quienes nos hundieron y estafaron vienen ahora a salvarnos. Limpian las calles de putas y así esconden los efectos del tifón que provocaron. Pero no todas las putas pueden ser de alto ‘standing’. A los pobres ya no les va a quedar ni el consuelo del fornicio. Quizás sólo se trate de recaudar más. El Estado proxeneta.

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