El Barça, perseguido

El Barça está siendo perseguido, acosado por la conspiración centralista. Hacienda y la Justicia española, al servicio del malvado Real Madrid (sobre todo la justicia deportiva, ya lo acabamos de ver en el castigo a Cristiano por tocarse la cara, no por partírsela a otro), se han lanzado con “desmesura” contra la impoluta entidad nacionalista catalana, que inmediatamente se ha lanzado a gritar “in-de-pen-dèn-cia”. No importa que la denuncia la presentara un socio del propio Barcelona, separatista por demás. Esa desmesura es la que ha impugnado Miguel Cardenal, Secretario de Estado para el Deporte, en un artículo publicado esta semana en la páginas de ‘El País’ (no sé cómo se las apaña el diario independiente para ser siempre el periódico del Régimen, gobierne quien gobierne, mérito de Cebrián, sin duda), con la noble intención de resarcir al nacional-barcelonismo de la opresión española.

Lo curioso es que esa opresión, se supone, la ejercería el Gobierno al que pertenece Miguel Cardenal, lo que nos revela el sinvivir que azora a la derecha española, y hasta se dice que se trata de un movimiento táctico para contentar a Mas y sus esquerros, por un lado, y para nutrir de argumentos a los barcelonistas no separatistas, por el otro. Que alguno habrá.

Lo significativo, sin embargo, y más que el disparate en sí, es que se haya considerado que había que cometerlo. Es decir, que aplicarle la ley al catalanismo, en cualquiera de sus formas, es azuzar la hoguera separatista, y por eso, al menos, había que darles compensación sentimental. Pedir perdón por un juez extravagante. Esa excepcionalidad es exactamente lo que exigen: que el Estado, la Ley, la Hacienda, estén fuera de Catalunya. Que se acabó Cataluña. Y España. Que no ha de quedar más que el Mercado Común, nunca unido, que ellos controlan. Es decir, el Mercado Cautivo, la Liga Blaugrana, la Hacienda propia, la lengua propia, el botín propio.

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