De Aristóteles Rivero al Estudio Estadio barcelonista

Ese Aristóteles de la locución deportiva que es Juan Carlos Rivero, el omnipresente, despachó la última pitada de los barça-catalanistas al himno español con la siguiente observación definitiva: “Ya están los unos pitando contra los otros, y los otros contra los unos”. Todos los demás lo único que escuchamos es que los “unos” pitaban, mientras los “otros” cantaban el himno de todos. Pero Rivero quiso ser neutral. Y con ello reveló con precisión la tragicomedia hispana: la creencia de que ser neutral, además de ir con el Barça, como hace TVE siempre, consiste en igualar a los que insultan con los insultados.

Rivero no parece un pensador luminoso, pero no menos que su empresa, ni que todos esos que, por ejemplo, nunca quisieron pronunciarse sobre nacionalistas y constitucionalistas. España cavó su fosa igualando durante los últimos treinta y cinco años a quienes defendían una patria de todos, sin exclusiones ni razas, sin orígenes ni sangres superiores, y aquellos que seleccionaban a los hombres por sus apellidos o su Rh. Y encima se nos hizo creer que tal ‘neutralidad’ miserable, sobre la que habría escupido también hoy Gabriel Celaya, era ‘progresista’.

La TVE de Rivero, además, les ha montado a los barça-catalanistas un Estudio Estadio desde Barcelona para que los ‘oprimidos’ puedan hablar en exclusiva de sus cuitas. Por ejemplo, de cómo Xavi y Bartra negaban la realidad al acabar el partido: el resultado era injusto, un “impostor”, como siempre que ellos pierden. Síntesis exacta del nacionalismo.

El programa aludido, sobre vergonzoso, resume la actuación del catalanismo en sus publicados, pero siempre presuntos, intentos históricos por catalanizar España, y de cuyos fracasos nutren el independentismo: no es sólo que nunca entendieron a los demás españoles, y su diversidad, que vieron siempre como un bloque compacto, acaso porque no se preocuparon mucho en viajar y conocernos, sino que su actitud nunca fue generosa, abierta, desinteresada. Nunca vieron España más que como un mercado. Por eso, los demás españoles nunca se fiaron, nunca creyeron que quisieran aportar su tradición industrial y burguesa para que todo alcanzáramos ese bienestar. No. Al contrario. Era prevalecer, no dar, lo que buscaban.

Fíjense. Se trata de un programa nacional, pero sólo hablan de sí mismos, sólo de sí mismos se ocupan, no hay otra cosa más que el Barcelona, salvo para hablar mal del Madrid, el enemigo, la metáfora de España. Todo lo demás no existe. Nunca tuvieron una visión amplia, ni aceptaron que para gobernar a los demás hay que mezclarse con ellos, dejar de estar obsesionados con la identidad, para crear una identidad nueva, superior, que supone dejar atrás lo que fuimos. Castilla desapareció (el catalanismo aún no se ha enterado), pero dejó un mundo como herencia. Ellos nunca pasaron del ‘país petit’ en el que aún siguen. Eso es en realidad todo.

Supongo que el Gobierno, en su inopia, ve ese ensimismado Estudio Estadio como una terapia de grupo, a ver si así, enfrascados en su ceguera, dejan de pedir la independencia. O acaso, alguna inteligencia insospechable en esa casa, les haya dado el juguete para que aparezcan como lo que son.

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