La hepatitis C de Montoro y Rajoy

Arguyen desde el Gobierno que no entienden por qué los españoles los abandonan, si han salvado a España del hundimiento. Es verdad, pero hay que añadir cómo se ha hecho y el precio pagado. Acaso algunos ejemplos sirvan a los arrolianos (casi arrianos, como los visigodos) para entender cuál ha sido la verdadera dimensión de sus propios actos y, sobre todo, cómo han sido percibidos por el gentío. Han tardado un año, por ejemplo, para ofrecer una salida a la incalificable dilación en el suministro de los nuevos fármacos para la hepatitis C.

Más allá de la obvia manipulación de la izquierda, ¿saben lo que es llevar la muerte encima? No es exactamente lo mismo que la muerte electoral, por mucho que a ellos les parezca un drama perder un Gobierno que han desperdiciado sin excusa. A nadie se le dio tanto poder para poner orden en España como a este Rajoy jeroglífico. Pero poner orden no era subirles casi un 20% las horas lectivas a los profesores de instituto (los únicos docentes a los que se ha machacado: en la Universidad de Murcia, por ejemplo, el rector de izquierdas acaba de volvérselas a bajar a los suyos entre quejas amargas por la falta de financiación), ni retirar medicamentos, ni consentir el cierre de centros de salud en Cataluña, ni soltar etarras, ni meter la enseñanza del Islam en los centros de enseñanza españoles. Poner orden no era esta mezcla de cobardía y encubrimiento que han marcado estos años tristes.

Poner orden era, entre otras cosas, un poco de justicia, acabar con los privilegios fiscales vascos o impedir que las Comunidades siguieran dedicando los fondos de todos a construirse Estados y no a atender a su gente. ¿Pero ustedes, visigodos nuestros, creen que se puede estar negando un medicamento vital mientras míster Mas se dedica a crear una Hacienda ´estatal´ catalana o a seguir aumentando las embajadas, según ley reciente?

Acaba de decir Montoro que el responsable de lo que pasa en España es el Gobierno. No cabe la menor duda. Es el mismo Montoro que dijo que el Fondo de Liquidez Autonómica serviría para controlar a las Comunidades. Y el mismo Montoro que alimenta la Generalitat y sus mariachis, para que rompan España, con el dinero que haría falta para medicamentos como el de la hepatitis C.

Ante el famoso dilema de Goethe («prefiero la injusticia al desorden»), siempre he creído que la injusticia es el mayor desorden. Y mucho más si es el propio Gobierno el que se muestra incapaz de que la ley sea igual para todos.

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