¡Viva Cartagena!

Mientras a España la devoran las pirañas nacionalistas, quienes habrían de defenderla se matan entre ellos. O llaman a las pirañas para que les ayuden. No podemos vivir sin una buena guerra civil. España rima con cizaña. Hay un poema de Alberti que estudié en mi lejanísima juventud y que repasaba las rimas de España. España, guadaña… Pero el que más sabía, y sabe, de la ‘ñ’ de cizaña es Zapatero, fue su arma fundamental para la gran revancha que movía, y mueve, su corazón reseco de piedra farisea. Sánchez, aunque se odien, ha aprendido de él y ha acogido, expresa y amorosamente, su proyecto de dispersión de España, un divide y vencerás en el que su poder personal flotará sobre la herrumbre.

Lo que persiguió Zapatero fue un reparto entre señores feudales: el socialismo se queda con la España amputada y cada conde o cacique con su feudo. El PNV, con Navarra, culminando así la ya construida nación vasca con el apoyo del PSOE; los separatistas catalanes, su Reich virtual, pero con todo el poder dentro, su Justicia, sus cárceles, sus pujoles, sus controles de pureza de apellidos y origen, a lo que ha contribuido siempre el tercerismo que inventó Maragall y hoy encarna Iceta; a Compromís, le dejamos que imponga el valenciano, sección catalana, a fuego lento, como el arroz, con el PSOE al frente; los catalanes de Mallorca, Més, se quedan con sus islas reconvertidas en finca de un nuevo Jaime II, que ahora se llama Armengol y dice que es socialista.

Y, en efecto, eso es hoy el socialismo: la España ‘esturreá’ y rodeada de republiquillas hostiles, que prohíben la lengua común, parasitan al Estado y cierran sus fronteras, mientras nos venden hasta la saliva, a la vez que hacen boicot a lo nuestro. ‘Zapasánchez’ ha vuelto. Y habría que pararlo.


Y la vía para hacerlo la ha abierto, curiosamente, una socialista, y por eso la han echado: la señora Ana Belén Castejón, alcaldesa de Cartagena, que se ha atrevido, por encima de la facción de Sánchez que domina en la Región, a pactar con otros dos herejes: la señora Noelia Arroyo, del PP, y el señor Padín, de Cs., que son quienes han hecho posible la que hace mucho tiempo que habría debido ser la solución para España, si aún quedara un gramo de patriotismo en las venas de nuestros mediocres partidos.

Patriotismo, digo, amor a tu patria, lo contrario del nacionalismo, que es el odio al otro. Patriotismo, sí, para combatir con las armas de la democracia las ideas racistas, xenófobas, supremacistas y reaccionarias que alientan en el nacionalismo y que son el enemigo principal de la nación de ciudadanos que sustenta la democracia. No hay democracia sin leyes iguales para todos, sin una lengua común que, sin menoscabo de las minoritarias, sirva para el ejercicio de las libertades y la libre circulación de las personas, las ideas, las mercancías, la justicia.

Arroyo, Castejón y Padín son quienes de verdad han demostrado amor por Cartagena, librándola de un energúmeno (el candidato de Movimiento por Cartagena, José López) cuyas formas desbaratan cualquier atisbo de razón que le cupiera. Y le cabe en cuanto a su denuncia de la ceguera murciana, cuya clase política fue siempre incapaz de mirar más allá de la Huerta y de entender la Región variopinta (y tan desconocida por todos los que me leen desde fuera de ella, y hasta desde dentro) que se les entregó para dirigir.

La demagogia de López se hace bien patente, sin embargo, cuando consideramos que ha sido Cartagena la gran beneficiaria de los gobiernos autonómicos, los cuales han transformado la ciudad desde la raíz y con dinero público, dejando lamentablemente olvidadas otras zonas de la Región. La de López es una estrategia catalana y peligrosa, porque puede prender.

Si Sánchez fuera Castejón, España aún tendría alguna opción. A él, y únicamente a él, le cabe la responsabilidad de ofrecer un gobierno de coalición a PP y Ciudadanos para sacar a España de la pila de pirañas que se la están comiendo. La duda es si Sánchez no aspira, como el viscoso Zapatero, a ser el rey de las pirañas.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído