El Dulzainero de Guadalajara (Un cuento en el Maratón de los Cuentos de GU)

El Dulzainero de Guadalajara (Un cuento en el Maratón de los Cuentos de GU)

EL DULZAINERO MÁGICO DE GUADALAJARA

YA HE DICHO ALGUNA VEZ (incluso en libro: “Donde el Mundo se llama Guadalajara”) que si el de Guadalajara fuese “Maratón de los Cuentos”, pero además de los “Romances Tradicionales y de las Canciones Medievales” , ganaría mucho en relevancia, contenido y promoción tanto el certamen como la propia ciudad de Guadalajara.

Pero como el maratón es lo que es (de cuentos), he escrito un ramillete de ellos (en verso, claro, que es como me apetece escribir más estos últimos años), lo cuales ya iré publicando en libro o en medios de comunicación.

Estreno aquí el cuento en verso “El dulzainero mágico de Guadalajara”, y salga el sol por donde quiera.

Un cuento que no es un cuento, sino una fábula y una parábola, aunque he quitado las partes más críticas. –es decir, me he autocensurado aplicando el código de lo “políticamente correcto”, que es el nombre de la censura en nuestros días-… y ya parece un mero e infantil cuento.

¡Qué peligro tienen los cuentos cuando son para adultos o niños espabilados! Que lo disfruten, lectores.

EL DULZAINERO MÁGICO DE GUADALAJARA

I. La plaga de mures o ratones

Cuentan que, al final de la Edad Media, un suceso
entristecía el ánimo de la ciudad de Guadalajara.
¡Qué espesa luz de sombra se esparció por sus suelos!
¡Qué espacio invadido fueron sus calles, callejuelas y plazas!

Los mures de la ciudad se habían multiplicado tan por cientos
que toda la ciudad estaba invadida por sus diminutos y veloces cuerpos.
Los mures, los ratones de la Campiña, buscaban grano, fruta y queso
con que saciar las hambres de sus numerosos y hambrientos huesos.

Mucha fue la tristeza que embargó a las gentes que sufrían
esta aterradora invasión subterránea que semejaba pesadilla.
Ni ley se respetaba, ni propiedad se guardaba ni norma se cumplía,
pues la invasión ratonil allí donde llegaba todo lo roía.

Y en esto, ¿que pasó?,
¿sabéis que sucedió?
¿qué fue que aconteció?
¿aquello terminó?

II. El dulzainero mágico de Guadalajara

Un dulzainero mágico bajó de las montañas.
Hay que dice que no fue un dulzainero sino que soplaba una flauta.
Y otros en cambio llaman caramillo o gaita a lo que aquel hombre sonaba.
Pero se comprometió a llevarse por una recompensa a todas las ratas.

Aceptado le fue el trato,
económico y barato,
pues acabar con aquel hato
de ratas y hacerlo de inmediato
era un negocio muy sensato.

El dulzainero empezó a tocar las chirimías de su dulzaina.
Y allá que se iban agrupando a su alrededor todas las ratas.
Salín de sus escondrijos y de sus cubiles y se agrupaban en la plaza.
Dejaban de devorar frutas, frutos, quesos y panes y la música escuchaban.

Después del dulzainero se fue soplando y sonando hacia el Henares,
¡Ved cómo le siguen ratones, ratoncillos y ratas por las calles!
Materia de ratas va limpiando la ciudad en tan extraño viaje.
El dulzainero entrará con ellas bajo el río Henares, ¡pero ellas ya no salen…!

III. El Concejo se niega a pagar o afirma que pagará con su habitual y desesperante retraso

Cumplida su misión, volvió el dulzainero
para cobrar su trabajo en forma de dinero.
Pero era mal año y meditó el Concejo
que era mucho pagar para un toque tan ligero.

Además que, desratizada la ciudad, no parecía para tanto el esfuerzo.
Y las arcas estaban temblando
después de las mordidas que unos y otros iban dando.
Todo ello, naturalmente, ajustado a Derecho,
que ellos mismos iban promulgando.

IV. Disgusto del dulzainero, pero le lanzan más papeleo

Gran disgusto se llevó el honesto dulzainero.
Protestó y volvió a reclamar su haber y su dinero.
¡Nunca lo hubiera hecho! ¡Qué osado el dulzainero!
¡Querer cobrar un trabajo que ya estaba bien hecho!

Al contrario, ha decido el Concejo
que hay que averiguar si tenía los papeles de trabajo en regla,
¿qué hay de su inscripción en el empadronamiento?
¡Esta no es una anárquica tierra!
¡No se puede respirar ni andar por ella de cualquier manera!

Además, la dulzaina empleada…
¿tiene las dimensiones reglamentarias?
¿dónde fue comprada?
¿es producto de la ciudad o dulzaina importada?
¿pagó las correspondientes tasas?

¡De momento, la dulzaina de las ratas quedará incautada!

Y el dulzainero puede reclamar, naturalmente, según las normas aprobadas
por los mismos que las establecieron y que ahora las administran y resuelven ante quienes les reclaman.

¡Reclamar, reclamar, ante el propio administrador que multa e incauta…
tiene un fallo tan grande que no se yo cómo se pudo establecer semejante trampantojos y durar hasta esta misma mañana

Pero es lo cierto que el dulzainero se quedó sin su dulzaina.

(…)

¡Pobre y desvalido e indefenso,
dulzainero,
que había salvado con su arte suave a todo el pueblo!

De forma que, en un receso
en la sala de juicios, vio el dulzainero
que un estante habían depositado el cuerpo
musical de su agudo instrumento.

¡Y lo tomó, y salió corriendo del juzgado y del pueblo
el asustado dulzainero
y se perdió tocando la dulzaina entre los brazos de viento!

VI Retorno del Dulzainero

Unos días después, volvió a aparecer un son distinto
en la dulzaina que empuñaba el dulzainero mismo.
Sonaba, y sonaba de forma tan de hechizo
que a su son comenzaron a salir de la escuela, de los campos, de sus casas,
todos los hijos
y las hijas de los habitantes de Guadalajara. Y se pusieron en camino.

Seguían el son del dulzainero,
movían alegremente sus cuerpos,
mientras se los llevaba corriendo, corriendo,
el hábil músico que soplaba su instrumento de viento.

Primero cruzaron una llanura, luego un cerro,
luego un más alto otero,
luego escalaron una montaña de cielo negro,
y luego se perdieron.
Se perdieron para siempre, nunca volvieron.

Hay quien dice que el dulzainero que vino los llevó al Henares.
Otro que era un reclutador de quintas para las guerras de otros lugares,
Otros dicen que fueron llamados a alguna campaña militar en otras ciudades.

(…)

VII. CODA

¡Esta es la historia, señores, del dulzainero mágico
de Guadalajara, detrás de él llegaron todos los males,
que alguien pague sus servicios y pare el trágico
destino de Guadalajara durante los últimos cinco siglos infernales!

Es lo que aconsejo a todos los ciudadanos,
Y también a todos los políticos.
Y colorín colorado,
esta fábula del “Dulzainero mágico de Guadalajara”
se ha acabado.

Video sobre el autor:

https://www.youtube.com/watch?v=Om_pzj_HhB8

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Juan Pablo Mañueco

Nacido en Madrid en 1954. Licenciado en Filosofía y Letras, sección de Literatura Hispánica, por la Universidad Complutense de Madrid

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