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Nos persiguen las imágenes de los varios, de los miles de muertos, que son reportados todos los días del año por lo diferentes diarios que circulan por el país y en general por todos los medios de comunicación. El parte no puede ser más dramático: dos, tres, cuatro, la cifra no importa, lo cierto es que todos los días en esta ciudad de este Estado Zulia, en esta Venezuela, ubicada al norte de América del Sur, suceden los más abominables y repugnantes delitos fundamentalmente en contra de Mujeres y niños, y cuanto a los hombres, los taxistas o conductores de transporte público son las victimas preferidas, aunque no exclusivas de la delincuencia en esta latitud del planeta.
Cada delito guarda su singularidad y particularidad. Cada quien hace su juicio personal sobre cual ha sido o es el mas repugnante de los delitos cometidos o cual es el que ha generado mayores reacciones en la opinión pública.
La inseguridad se ha convertido en los últimos años en el tema de conversación numero uno entre las personas que viven en este país. Superando sin lugar a dudas, a los temas políticos o los de la farándula, que son la mayoría siguiente en la preferencia de los “devoradores de noticias” y del común de la gente en general. El tema además ha motivado novelas, libros y enciclopedias completas para tratar el tema de la violencia y de la delincuencia que azota a las ciudades. La Región Capital y la Región Zuliana son dos de las zonas, donde el índice es mayor. Y es que el hecho delictivo en esta nación no respeta clases sociales: le pasa al de escasos recursos económicos (el pobre o pata en el suelo como aquí le dicen) y también al pudiente o rico, de ingresos superiores, a pesar de pagar guarda espaldas y costosísimos dispositivos de seguridad. En Venezuela, se dice como en aquella vieja novela de la televisión mexicana “Los ricos también lloran…”. Yo le agregaría “Y como los hacen llorar…” Y es que, la industria del secuestro en sus varias modalidades, es el mejor negocio. No dudamos en afirmar que en esta materia no tenemos nada que envidiarle a los mexicanos ni a los colombianos. En este renglón no somos tercer mundistas ni mucho menos “subdesarrollados”.
Desde hace algunos años he venido estudiando el tema de las continuas muertes que se presentan en esta ciudad producto de la violencia, en sus más universales formas pero haciendo énfasis en las que el resultado de un hecho delictivo: Robo (término jurídico) o asalto a mano armada (término periodístico), hurto, secuestro, entre otras figuras delictivas. Y es que la riqueza del delito en Venezuela es abundante. Aunque muy probablemente en algunas modalidades nos superen países como Colombia o Brasil: Tal es el caso de la muerte por encargo o “sicariato”, el ajuste de cuentas entre pandillas, o la exterminación de depredadores sociales o Brigadas de la muerte, que por la noche salen a reducir el número de indigentes en las grandes ciudades.
La muerte de ROSINA hoy, joven talentosa hija de esta tierra o ayer de pedro o Juan, o la de un niño para proteger a su padre, o la de una madre para proteger a su hijo, causa en nosotros las más variadas formas de sentimientos. La sociedad como un todo, reclama justicia y señala culpables pero lo más grave de todo, y que se oculta como el más peligroso de los enemigos de la sociedad moderna es la costumbre, lo cotidiano del hecho que nos hace conformarnos y aceptar el resultado de las deformaciones de un desarrollo mal concebido y que para nosotros no hay solución real y efectiva a este problema. Incluso cada vez se hace más complicado el asunto y es que la delincuencia se esta haciendo parte con más frecuencia del comportamiento infantil y las sociedades modernas lejos de resolver o atender la causa o el fondo del problema, lo atacan atribuyéndole consecuencias jurídicas a algunos actos de la minoridad. En España, cuyo modo de vida, desde nuestro punto de vista, solo era perturbado por los actos terroristas de los seguidores de la autonomía vasca, hemos leído algunos reportes que hablan sobre la aparición de este fenómeno que es de vieja data en este joven continente. Por supuesto en Europa aun no lo observan como un hecho cotidiano o “normal” por así decirlo y es lógico que sea así, pues su estándar de vida es superior al nuestro en cuanto a inseguridad se refiere pero es evidente que el problema subyace en una sociedad, que por su longevidad, tiene muchas mas lacras sociales que la nuestra.
En Venezuela, y en especial en el Zulia, cuando una persona es victima de un hecho delictivo y sale con vida del asunto, la gente suele decir “tuvistes suerte” (versión coloquial de lo que debiera decirse como “Estas de suerte o tienes suerte”) a pesar de que hallas perdido una fortuna en bienes o en dinero en efectivo.
Sin embargo, y en virtud de lo expresado en esta primera parte, no dudo en afirmar que “LA MUERTE ES NUESTRA COMPAÑERA” y todos los días, cuando dormimos o cuando nos despertamos, cuando salimos al trabajo o cuando nos quedamos en casa, estamos participando en un sorteo diario que decidirá al final tu destino y que yo he bautizado LA RULETA DE LA MUERTE. Esta semana el número le toco a ROSINA, mañana tal vez a usted, o a mi, Dios quiera que no, igual da a veces porque vemos morir al vecino, al amigo, al desconocido como cuando vemos esas películas donde muere mucha gente, así de indiferente nos estamos volviendo, solo que esta es la vida real, aquí el héroe (usted o yo) puede fallecer al primer disparo pero de eso hablare en otra entrega de este blog.


