Kremer de Seda

Carlos Pecker Pérez de Lama

El Triunfo de Josep I

Y llegó la temible noche de la reconquista. El general Josep I el Conquistador arengó a sus tropas en un discurso apoteósico donde recordó las tragedias sufridas por los anteriores ataques del toro desalmado, que dejó a familias enteras sin nada que llevarse a la boca.

Era justo la medianoche, la hora de devolver la moneda a un enemigo cruel que no tuvo compasión con los vencidos. A lo lejos brillan la cabellera blanca, la calva aniquiladora y el largo bigote de los tres mandamases de la media luna. Tienen el poder de las armas pero a nosotros nos sustenta la verdad y la libertad, lo que esos peligrosos guerreros intentaron acallar a base de miedo y terror.

Después de las palabras calientes y duras de nuestro general, apoyado siempre por su lugarteniente Irene, de la que dicen que es la mujer más fuerte y bella del reyno, atacaron los legionarios de Duro el Pintas de una manera feroz, sin descanso. La mirada asesina de Duro, que apostó por una malla con formas redondas, atravesó sin piedad la primera línea del toro desalmado, denominada los ceporros, por su sabida inutilidad.

Pero la caballería mora contraatacó a la poderosa tropa de Duro, a lo que respondieron los jinetes blancos, capitaneados por Roncero el Indomable y Sánchez Ojos Claros con sus seis batallones de soldados verdes.

Yusuf el Gusano contestó con el asalto de sus atroces bereberes, que salían como por debajo de la tierra para descabalgar a los centauros cristianos, por eso les llamábamos los topillos. Pero el apoyo de las tropas que bajaron desde Cataluña, comandadas por Carme la Culé, convirtieron a los bereberes en humo del pasado.

Muhammad Bigote Largo intentó utilizar sus tácticas Gürtel, aprendidas en tierras del Mediterráneo, basadas en ofrecer maravillosos regalos al enemigo para obtener su complacencia, y eso hizo con los mandos cristianos Damián el Buenas y el veterano Iñaki Cano, pero despreciaron los valiosos presentes para apoyar a su verdadero general Josep I y a sus briosos fieles.

Fue entonces cuando Abderramán Conejo Blanco, el más poderoso de los generales moros, envió al resto de sarracenos en una embestida brutal con su conocido ataque de tornnafluye, para envolver a los colosos guerreros de la cruz y acabar definitivamente con todos.

Cuando estaban los cristianos casi derrotados apareció por el fondo del campo rojo, teñido por la sangre derramada de 10.000 guerreros, Pipi el Impetuoso animando a los fieles con la cruz en alto, junto a sus más bravos soldados, como Borja Mazarro, Juanfe Camisa Negra, Nacho Peña y su impresionante Batallón 55, o Zarek el Bárbaro, amenazando con el acero de su espada a los cobardes toros desalmados que huyeron sin descanso.

Terminó la última gran batalla con el triunfo absoluto de las tropas de Josep I el Conquistador, que volvieron a adueñarse de la noche sagrada. Es hora de cobrar las deudas y encerrar a los farsantes en un laberinto sombrío, repleto de los cadáveres descolocados que aniquilaron en su monstruoso camino.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Carlos Pecker

Realizador, Periodista, Camarógrafo, Técnico de sonido, Iluminador, Editor, Profesor universitario y Escritor.

Lo más leído